El columpio del abuelo.

Hamacábamos al tiempo
para que sobrara en risas.
Aquél patio rojo
resguardaba sueños
en la tosca silla.

En eterno vaivén
quedó mi abuelo vasco,
protegido de los males
que el futuro anunciaba
con sabor amargo.

Siempre vuelvo
a tirar de esas sogas.
Porque la vida
a veces me empuja
según se le antoja.
Un gusto.
Saludos
 

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