Una vez conocí a un hombre

Kwisatz

Poeta asiduo al portal
UNA VEZ CONOCÍ A UN HOMBRE

Una vez conocí a un hombre. Era un buen hombre, aunque no estaba exento de defectos. A veces tenía mal genio y sus críticas podían tan hirientes como flechas certeras apuntadas al corazón. No obstante, todo aquel que lo acababa conociendo aprendía a quererlo. Porque nadie se sacrificaba más que él por los suyos y amaba siempre desde la sinceridad.

Un día le pregunté de forma casual por su cena de ayer y no supo contestar. Yo no le di importancia y continué con mi vida.

Otro día, al encontrarnos, le costó recordar mi nombre. Me pareció algo extraño, pero pensé que era un lapsus del cansancio. Hasta que llegó el día que lo olvidó completamente.

El hombre que conocí estaba perdido en una maraña de recuerdos. Vivía en un presente confundido con su pasado, en constante estupor. El tiempo había dejado de tener significado para él.

Y yo sin embargo, al mirar esos ojos que parecían no reconocerme, quería creer que en el fondo, en lo más hondo de su ser, seguía viendo a su hijo.

Día a día veo como se extingue esa cruel parodia que una vez fue mi padre.
 
UNA VEZ CONOCÍ A UN HOMBRE

Una vez conocí a un hombre. Era un buen hombre, aunque no estaba exento de defectos. A veces tenía mal genio y sus críticas podían tan hirientes como flechas certeras apuntadas al corazón. No obstante, todo aquel que lo acababa conociendo aprendía a quererlo. Porque nadie se sacrificaba más que él por los suyos y amaba siempre desde la sinceridad.

Un día le pregunté de forma casual por su cena de ayer y no supo contestar. Yo no le di importancia y continué con mi vida.

Otro día, al encontrarnos, le costó recordar mi nombre. Me pareció algo extraño, pero pensé que era un lapsus del cansancio. Hasta que llegó el día que lo olvidó completamente.

El hombre que conocí estaba perdido en una maraña de recuerdos. Vivía en un presente confundido con su pasado, en constante estupor. El tiempo había dejado de tener significado para él.

Y yo sin embargo, al mirar esos ojos que parecían no reconocerme, quería creer que en el fondo, en lo más hondo de su ser, seguía viendo a su hijo.

Día a día veo como se extingue esa cruel parodia que una vez fue mi padre.


He compartido esa misma experiencia con mi madre y fue como si una bola de metal pesado se expandiera dentro de mí desbordando toda la pena que mi cuerpo pudiera sentir.
Con el tiempo, lo traduje en amor e invertí los papeles hasta que se fue..., pero cuando recuerdo el momento también siento esa cruel parodia.

Un abrazo con cariño

Palmira
 
Muchas gracias a los dos Joblam y Palmira por vuestros comentarios.

Desgraciadamente este relato forma parte de la realidad cotidiana de mucha gente. Ir perdiendo fragmentos de la persona a la que amas más que a nada en la vida, como te la va arrebatando una cruel enfermedad, no saber cuánto queda de ella va quedando en ese cuerpo, no saber si aún te reconoce, si aun todavía recuerda lo vivido juntos... Me sacude hasta lo más hondo y me produce una pena infinita.

Todo mi cariño y apoyo Palmira. Estoy seguro de que si algo pudo mitigar el sufrimiento de tu madre fue tu amor incondicional.
 

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