Farsa macabra

esthergranados

Poeta adicto al portal
Y así, tontamente, acabé pegándome un tiro. Tenía tan a mano la pistola de papá...
Cada tarde veía como la sacaba del cajón donde la guardaba bajo llave, la ponía sobre la mesa, acariciaba la tela aterciopelada que la cubría, la desenvolvía con mimo, la miraba con admiración, y la limpiaba despacio, cuidadosamente, con esmero, disfrutando con deleite de ese extraño ritual.
A veces me decía que me acercara y me apuntaba con el revólver. En un gesto de fingida crueldad, pegaba el cañón a mi frente e imitaba el sonido de un disparo. Yo me dejaba caer al suelo inmediatamente representando una escena macabra que, sin embargo, a mi me parecía divertida.
Así que el día que mi padre olvidó el arma sobre la mesa de su despacho, corrí hacia ella, la empuñé temblando de emoción y pegué la pistola a mi sien.
Me gustaba sentir el frío del metal sobre la piel.
Noté una fuerte sacudida cuando apreté el gatillo. Papá abrió la puerta de una patada y solo alcancé a ver su cara de desesperación cuando se agachó sobre mi cuerpo.
 
Y así, tontamente, acabé pegándome un tiro. Tenía tan a mano la pistola de papá...
Cada tarde veía como la sacaba del cajón donde la guardaba bajo llave, la ponía sobre la mesa, acariciaba la tela aterciopelada que la cubría, la desenvolvía con mimo, la miraba con admiración, y la limpiaba despacio, cuidadosamente, con esmero, disfrutando con deleite de ese extraño ritual.
A veces me decía que me acercara y me apuntaba con el revólver. En un gesto de fingida crueldad, pegaba el cañón a mi frente e imitaba el sonido de un disparo. Yo me dejaba caer al suelo inmediatamente representando una escena macabra que, sin embargo, a mi me parecía divertida.
Así que el día que mi padre olvidó el arma sobre la mesa de su despacho, corrí hacia ella, la empuñé temblando de emoción y pegué la pistola a mi sien.
Me gustaba sentir el frío del metal sobre la piel.
Noté una fuerte sacudida cuando apreté el gatillo. Papá abrió la puerta de una patada y solo alcancé a ver su cara de desesperación cuando se agachó sobre mi cuerpo.

Bien Esther, soy el primero ja. Bueno es un relato corto,que mantiene muy bien el suspenso o algo así, desde el principio al final, son imágenes fuertes, el hecho del revolver ya lo veo peligroso ajaj. Bueno yo de prosa, muy poco ya te conté, asique vengo a saludarte.
que sigas bien.
Enzo.
 
Bien Esther, soy el primero ja. Bueno es un relato corto,que mantiene muy bien el suspenso o algo así, desde el principio al final, son imágenes fuertes, el hecho del revolver ya lo veo peligroso ajaj. Bueno yo de prosa, muy poco ya te conté, asique vengo a saludarte.
que sigas bien.
Enzo.
Hola Enzo, pues si que has estado rápido, me alegra que mi relato te haya mantenido en suspense, a pesar de el tema que he escogido, a mi no me gustan las armas, quizas por eso ha tenido ese final. Gracias por ser tan encantador siempre, un abrazo, Enzo
 
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Como un juego de niños, macabro y descerebrado.
La liga del rifle, la pasión por el acero de doble filo que mata hasta a distancia, la falsa seguridad, la real inconsciencia.
Magnifico relato, que expone el antecedente, el desarrollo y un final acorde y magistral a la vez que aleccionador. Quien juega con fuego se quema, o peor aún, como en este caso.
En prosa o en verso... un lujo leerte.

Abrazote desde la Tierra que compartimos, besos.
 
Ciertamente es un relato con suspenso. Hay dos lecturas en el relato de carácter psicológico de los personajes: el morbo constante del padre por imaginar una escena que tal vez no quiera pero que inconscientemente desee con desesperación, algo asi como una predisposicón hacia la destrucción; y luego la predisposición siempre lúdica de la niña que no tiene conciencia de la realidad. Felicitaciones.
 
Como un juego de niños, macabro y descerebrado.
La liga del rifle, la pasión por el acero de doble filo que mata hasta a distancia, la falsa seguridad, la real inconsciencia.
Magnifico relato, que expone el antecedente, el desarrollo y un final acorde y magistral a la vez que aleccionador. Quien juega con fuego se quema, o peor aún, como en este caso.
En prosa o en verso... un lujo leerte.

Abrazote desde la Tierra que compartimos, besos.
Hola Alonso, perdona la tardanza en contestarte, es que he tenido una gripe demoledora que me ha machacado literalmente. Me alegra comprobar que piensas igual que yo de las armas, a mí me parece aberrante e incomprensible la pasión que despiertan en tanta gente. Un abrazo libre de virus ya jajaja
 
Ciertamente es un relato con suspenso. Hay dos lecturas en el relato de carácter psicológico de los personajes: el morbo constante del padre por imaginar una escena que tal vez no quiera pero que inconscientemente desee con desesperación, algo asi como una predisposicón hacia la destrucción; y luego la predisposición siempre lúdica de la niña que no tiene conciencia de la realidad. Felicitaciones.
Es esa la esencia del relato, me alegra que la hayas captado tan bien. Muchas gracias por leerme y comentar, un abrazo.
 
Hola Lourdes, cómo me alegra que te haya gustado, a mí tampoco me gustan las armas, y tenerlas en casa y más si hay menores, me parece un disparate y una temeridad. Gracias por ser siempre tan amable conmigo, un beso.
 
Y así, tontamente, acabé pegándome un tiro. Tenía tan a mano la pistola de papá...
Cada tarde veía como la sacaba del cajón donde la guardaba bajo llave, la ponía sobre la mesa, acariciaba la tela aterciopelada que la cubría, la desenvolvía con mimo, la miraba con admiración, y la limpiaba despacio, cuidadosamente, con esmero, disfrutando con deleite de ese extraño ritual.
A veces me decía que me acercara y me apuntaba con el revólver. En un gesto de fingida crueldad, pegaba el cañón a mi frente e imitaba el sonido de un disparo. Yo me dejaba caer al suelo inmediatamente representando una escena macabra que, sin embargo, a mi me parecía divertida.
Así que el día que mi padre olvidó el arma sobre la mesa de su despacho, corrí hacia ella, la empuñé temblando de emoción y pegué la pistola a mi sien.
Me gustaba sentir el frío del metal sobre la piel.
Noté una fuerte sacudida cuando apreté el gatillo. Papá abrió la puerta de una patada y solo alcancé a ver su cara de desesperación cuando se agachó sobre mi cuerpo.

La asociación de armas norteamericana en Texas, acotó que no es el arma quien mata, si no las personas, mmm, ehhh, es un poco difícil de aceptar eso, es decir, no es nada fácil matar a alguien con solo decirle "bang, pum, pum, bang! ", como dice Eddie Izard, habría que tener un corazón muy débil.
See you in hell.
 
Última edición:
Y la mente más debil todavía, yo ssoy totalmente contraria a la tenencia de armas, me parece tan peligroso, tan horible...ya sé que habrá quien hable de protección, de seguridad, de defensa, yo solo veo peligro y muerte. Muchas gracias por leerme y comentar tan amablemente, Valerie, un beso.
 
Y así, tontamente, acabé pegándome un tiro. Tenía tan a mano la pistola de papá...
Cada tarde veía como la sacaba del cajón donde la guardaba bajo llave, la ponía sobre la mesa, acariciaba la tela aterciopelada que la cubría, la desenvolvía con mimo, la miraba con admiración, y la limpiaba despacio, cuidadosamente, con esmero, disfrutando con deleite de ese extraño ritual.
A veces me decía que me acercara y me apuntaba con el revólver. En un gesto de fingida crueldad, pegaba el cañón a mi frente e imitaba el sonido de un disparo. Yo me dejaba caer al suelo inmediatamente representando una escena macabra que, sin embargo, a mi me parecía divertida.
Así que el día que mi padre olvidó el arma sobre la mesa de su despacho, corrí hacia ella, la empuñé temblando de emoción y pegué la pistola a mi sien.
Me gustaba sentir el frío del metal sobre la piel.
Noté una fuerte sacudida cuando apreté el gatillo. Papá abrió la puerta de una patada y solo alcancé a ver su cara de desesperación cuando se agachó sobre mi cuerpo.

Impactante relato, Esther. Me ha gustado mucho cómo lo has escrito. Como dice el dicho: "Las armas de fuego las carga el diablo". Saludos.
 
Muy buen relato sobre el culto a las armas y sus consecuencias Esther, igual de nefastas para los niños que para los adultos.Se cumple fielmente la teoría de que donde hay armas acaban utilizándose y que crean mas problemas sin resolver ninguno. Me ha encantado la fluidez de la trama y el cruel desenlace que ya se anuncia desde el principio aunque consigue mantenerte en vilo.
Abrazos hasta esa meseta en la que te encuentras y que bascula hacia el Atlántico
:)
 
Y así, tontamente, acabé pegándome un tiro. Tenía tan a mano la pistola de papá...
Cada tarde veía como la sacaba del cajón donde la guardaba bajo llave, la ponía sobre la mesa, acariciaba la tela aterciopelada que la cubría, la desenvolvía con mimo, la miraba con admiración, y la limpiaba despacio, cuidadosamente, con esmero, disfrutando con deleite de ese extraño ritual.
A veces me decía que me acercara y me apuntaba con el revólver. En un gesto de fingida crueldad, pegaba el cañón a mi frente e imitaba el sonido de un disparo. Yo me dejaba caer al suelo inmediatamente representando una escena macabra que, sin embargo, a mi me parecía divertida.
Así que el día que mi padre olvidó el arma sobre la mesa de su despacho, corrí hacia ella, la empuñé temblando de emoción y pegué la pistola a mi sien.
Me gustaba sentir el frío del metal sobre la piel.
Noté una fuerte sacudida cuando apreté el gatillo. Papá abrió la puerta de una patada y solo alcancé a ver su cara de desesperación cuando se agachó sobre mi cuerpo.
¡¿ Cuántas películas presentan la violencia como un juego?! Me sorprende el final, aunque sea el más esperado.

Salud y ventura.
 

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