Sueño De Apostador

joblam

Poeta que considera el portal su segunda casa
Las noches eran demasiado largas. Gutiérrez contaba los segundos al ritmo de la respiración forzada. Durmiendo, muchas veces sentado, a la intemperie en un mesón techado del viejo mercado hacía que la espera del amanecer fuera angustiante. Los frascos de alcohol y los pomos de mentol eran ineficaces para dar rápido alivio a la obstinada tos y la sibilante opresión pectoral; mientras tanto, con exagerada paciencia afincaba ambas manos a la superficie metálica buscando facilitar, en poca medida, la inhalación.

La ausencia de recursos adecuados y de algún familiar cercano no le permitía solventar con facilidad la precaria situación económica y esto le dificultaba tener asistencia médica adecuada y acceso a los medicamentos requeridos. Apenas los pocos recursos obtenidos le permitían subsanar los gastos alimenticios. Una dieta escasa basada en pan y jugos pasteurizados. Una vez más que otra, una sopa caliente insuflaba ánimos para continuar el sendero de cada día.

En los amaneceres alisaba con parsimonia los cabellos y acomodaba la camisa color caqui combinada con un pantalón del mismo color y ambas prendas atenuaban el color del sucio acumulado por la falta de higiene diaria. Un viejo maletín de cuero marrón y los zapatos negros de goma eran los compañeros ideales para cabalgar las pocas pertenencias y junto a ellas, un lote caduco de billetes de loterías.


Un lento caminar lo caracterizaba y así iniciaba los pasos hacia la agencia de loterías. Ahí, tomaba café y recibía los tiquetes nuevos para la venta del día. Iniciaba el proceso de ofrecer a los distintos caminantes y clientes fijos voceando con voz ronca los seriales favoritos. En algunos de los sueños entrecortados, aparecían números y los tomaba como una cábala. En muchas ocasiones, separaba para él, una mínima fracción del billete para tener opción de atinar y lograr un dinero extra que le permitiera paliar la difícil situación. Algunos ganadores benévolos le daban bonificaciones por el dinero obtenido en un logro sugerido.


Después de pasar tantos años en la rutinaria actividad, los logros de Gutiérrez habían sido aciertos en aproximaciones de dos dígitos. El sueño dorado de todo apostador era adivinar los cinco dígitos de un billete. Para él era muy difícil porque la situación económica no era permisiva.


En una de tantas noches tranquilas, el ambiente fue favorable. La luna llena lo acompañó junto a una suave brisa veraniega. Adosados a los ronquidos y al sueño profundo tuvo revelaciones maravillosas, que aún estando dormido pudo descifrar con precisión un acertijo. Al amanecer siguió la rutina pero un poco más acelerado al caminar llevando un solo objetivo en mente. Al llegar a la agencia, seleccionó los distintos billetes y con sorpresa encontró la combinación de los sueños. Ese día trabajó con afán y al final de la jornada el boleto descansaba en el maletín. Con la liquidación de la venta en la tarde pudo cubrir el costo del tiquete y sólo faltaba esperar la hora del sorteo.


La noche llegó apacible y Gutiérrez sentado en el mesón llevó los pensamientos al futuro y decenas de imágenes refrescantes hicieron ebullición junto al esbozo de una sonrisa que le otorgó una dosis de tranquilidad después de largos suspiros.


Haciendo eco a la noche, la aurora trajo los grises colores junto a los primeros reflejos del sol. El billetero despertó sobresaltado y poniendo pie en tierra, dio inicio al rito matutino. Con pasos más agitados entró a la sucursal y buscó con denuedo el listado con los resultados del día anterior. Los ojos desmesurados volcaron con insistencia la atención. Ahí estaban los cinco números del billete adquirido. Un gesto de tristeza y frustración lo abordó. Había acertado todos los dígitos pero en forma contraria. Salió de la oficina, sin atender ningún llamado de la propietaria, con pasos más lentos junto a la cabeza cabizbaja. La imagen logró desdibujarse entre los caminantes mañaneros.


Pasaron varios días; algunos pobladores extrañados por la ausencia y conociendo de antemano el sitio de pernocta, fueron hasta allá. Ahí encontraron el viejo maletín con las pocas pertenencias, el mazo de fracciones de billetes caducos y el ejemplar de lotería con el número permutado. No se supo más de él y con el paso del tiempo tan sólo fueron quedando los recuerdos.
 
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Las noches eran demasiado largas. Gutiérrez contaba los segundos al ritmo de la respiración forzada. Durmiendo, muchas veces sentado, a la intemperie en un mesón techado del viejo mercado hacía que la espera del amanecer fuera angustiante. Los frascos de alcohol y los pomos de mentol eran ineficaces para dar rápido alivio a la obstinada tos y la sibilante opresión pectoral; mientras tanto, con exagerada paciencia afincaba ambas manos a la superficie metálica buscando facilitar, en poca medida, la inhalación.

La ausencia de recursos adecuados y de algún familiar cercano no le permitía solventar con facilidad la precaria situación económica y esto le dificultaba tener asistencia médica adecuada y acceso a los medicamentos requeridos. Apenas los pocos recursos obtenidos le permitían subsanar los gastos alimenticios. Una dieta escasa basada en pan y jugos pasteurizados. Una vez más que otra, una sopa caliente insuflaba ánimos para continuar el sendero de cada día.

En los amaneceres alisaba con parsimonia los cabellos y acomodaba la camisa color caqui combinada con un pantalón del mismo color y ambas prendas atenuaban el color del sucio acumulado por la falta de higiene diaria. Un viejo maletín de cuero marrón y los zapatos negros de goma eran los compañeros ideales para cabalgar las pocas pertenencias y junto a ellas, un lote caduco de billetes de loterías.


Un lento caminar lo caracterizaba y así iniciaba los pasos hacia la agencia de loterías. Ahí, tomaba café y recibía los tiquetes nuevos para la venta del día. Iniciaba el proceso de ofrecer a los distintos caminantes y clientes fijos voceando con voz ronca los seriales favoritos. En algunos de los sueños entrecortados, aparecían números y los tomaba como una cábala. En muchas ocasiones, separaba para él, una mínima fracción del billete para tener opción de atinar y lograr un dinero extra que le permitiera paliar la difícil situación. Algunos ganadores benévolos le daban bonificaciones por el dinero obtenido en un logro sugerido.


Después de pasar tantos años en la rutinaria actividad, los logros de Gutiérrez habían sido aciertos en aproximaciones de dos dígitos. El sueño dorado de todo apostador era adivinar los cinco dígitos de un billete. Para él era muy difícil porque la situación económica no era permisiva.


En una de tantas noches tranquilas, el ambiente fue favorable. La luna llena lo acompañó junto a una suave brisa veraniega. Adosados a los ronquidos y al sueño profundo tuvo revelaciones maravillosas, que aún estando dormido pudo descifrar con precisión un acertijo. Al amanecer siguió la rutina pero un poco más acelerado al caminar llevando un solo objetivo en mente. Al llegar a la agencia, seleccionó los distintos billetes y con sorpresa encontró la combinación de los sueños. Ese día trabajó con afán y al final de la jornada el boleto descansaba en el maletín. Con la liquidación de la venta en la tarde pudo cubrir el costo del tiquete y sólo faltaba esperar la hora del sorteo.


La noche llegó apacible y Gutiérrez sentado en el mesón llevó los pensamientos al futuro y decenas de imágenes refrescantes hicieron ebullición junto al esbozo de una sonrisa que le otorgó una dosis de tranquilidad después de largos suspiros.


Haciendo eco a la noche, la aurora trajo los grises colores junto a los primeros reflejos del sol. El billetero despertó sobresaltado y poniendo pie en tierra, dio inicio al rito matutino. Con pasos más agitados entró a la sucursal y buscó con denuedo el listado con los resultados del día anterior. Los ojos desmesurados volcaron con insistencia la atención. Ahí estaban los cinco números del billete adquirido. Un gesto de tristeza y frustración lo abordó. Había acertado todos los dígitos pero en forma contraria. Salió de la oficina, sin atender ningún llamado de la propietaria, con pasos más lentos junto a la cabeza cabizbaja. La imagen logró desdibujarse entre los caminantes mañaneros.


Pasaron varios días; algunos pobladores extrañados por la ausencia y conociendo de antemano el sitio de pernocta, fueron hasta allá. Ahí encontraron el viejo maletín con las pocas pertenencias, el mazo de fracciones de billetes caducos y el ejemplar de lotería con el número permutado. No se supo más de él y con el paso del tiempo tan sólo fueron quedando los recuerdos.
Es un lindo relato y muy triste a la vez.
Un cariñoso saludo.
Siempreviva.
 
Las noches eran demasiado largas. Gutiérrez contaba los segundos al ritmo de la respiración forzada. Durmiendo, muchas veces sentado, a la intemperie en un mesón techado del viejo mercado hacía que la espera del amanecer fuera angustiante. Los frascos de alcohol y los pomos de mentol eran ineficaces para dar rápido alivio a la obstinada tos y la sibilante opresión pectoral; mientras tanto, con exagerada paciencia afincaba ambas manos a la superficie metálica buscando facilitar, en poca medida, la inhalación.

La ausencia de recursos adecuados y de algún familiar cercano no le permitía solventar con facilidad la precaria situación económica y esto le dificultaba tener asistencia médica adecuada y acceso a los medicamentos requeridos. Apenas los pocos recursos obtenidos le permitían subsanar los gastos alimenticios. Una dieta escasa basada en pan y jugos pasteurizados. Una vez más que otra, una sopa caliente insuflaba ánimos para continuar el sendero de cada día.

En los amaneceres alisaba con parsimonia los cabellos y acomodaba la camisa color caqui combinada con un pantalón del mismo color y ambas prendas atenuaban el color del sucio acumulado por la falta de higiene diaria. Un viejo maletín de cuero marrón y los zapatos negros de goma eran los compañeros ideales para cabalgar las pocas pertenencias y junto a ellas, un lote caduco de billetes de loterías.


Un lento caminar lo caracterizaba y así iniciaba los pasos hacia la agencia de loterías. Ahí, tomaba café y recibía los tiquetes nuevos para la venta del día. Iniciaba el proceso de ofrecer a los distintos caminantes y clientes fijos voceando con voz ronca los seriales favoritos. En algunos de los sueños entrecortados, aparecían números y los tomaba como una cábala. En muchas ocasiones, separaba para él, una mínima fracción del billete para tener opción de atinar y lograr un dinero extra que le permitiera paliar la difícil situación. Algunos ganadores benévolos le daban bonificaciones por el dinero obtenido en un logro sugerido.


Después de pasar tantos años en la rutinaria actividad, los logros de Gutiérrez habían sido aciertos en aproximaciones de dos dígitos. El sueño dorado de todo apostador era adivinar los cinco dígitos de un billete. Para él era muy difícil porque la situación económica no era permisiva.


En una de tantas noches tranquilas, el ambiente fue favorable. La luna llena lo acompañó junto a una suave brisa veraniega. Adosados a los ronquidos y al sueño profundo tuvo revelaciones maravillosas, que aún estando dormido pudo descifrar con precisión un acertijo. Al amanecer siguió la rutina pero un poco más acelerado al caminar llevando un solo objetivo en mente. Al llegar a la agencia, seleccionó los distintos billetes y con sorpresa encontró la combinación de los sueños. Ese día trabajó con afán y al final de la jornada el boleto descansaba en el maletín. Con la liquidación de la venta en la tarde pudo cubrir el costo del tiquete y sólo faltaba esperar la hora del sorteo.


La noche llegó apacible y Gutiérrez sentado en el mesón llevó los pensamientos al futuro y decenas de imágenes refrescantes hicieron ebullición junto al esbozo de una sonrisa que le otorgó una dosis de tranquilidad después de largos suspiros.


Haciendo eco a la noche, la aurora trajo los grises colores junto a los primeros reflejos del sol. El billetero despertó sobresaltado y poniendo pie en tierra, dio inicio al rito matutino. Con pasos más agitados entró a la sucursal y buscó con denuedo el listado con los resultados del día anterior. Los ojos desmesurados volcaron con insistencia la atención. Ahí estaban los cinco números del billete adquirido. Un gesto de tristeza y frustración lo abordó. Había acertado todos los dígitos pero en forma contraria. Salió de la oficina, sin atender ningún llamado de la propietaria, con pasos más lentos junto a la cabeza cabizbaja. La imagen logró desdibujarse entre los caminantes mañaneros.


Pasaron varios días; algunos pobladores extrañados por la ausencia y conociendo de antemano el sitio de pernocta, fueron hasta allá. Ahí encontraron el viejo maletín con las pocas pertenencias, el mazo de fracciones de billetes caducos y el ejemplar de lotería con el número permutado. No se supo más de él y con el paso del tiempo tan sólo fueron quedando los recuerdos.
Interesantes letras nos dejas en este relato Joblan donde su
lectura envuelve al lector de principio a fin para disfrutar de
tu inspiración que entre esa nostalgia realza su belleza.
Ha sido un placer poder pasar por tus letras.
Besos y un abrazo. Tere
 
Interesantes letras nos dejas en este relato Joblan donde su
lectura envuelve al lector de principio a fin para disfrutar de
tu inspiración que entre esa nostalgia realza su belleza.
Ha sido un placer poder pasar por tus letras.
Besos y un abrazo. Tere
Un comentario lleno de amabilidad y muy gratificante. Es un incentivo para mantener la búsqueda del difícil camino de la excelencia. Gracias por dejar tu huella. Un cálido abrazo venezolano.
 
Las noches eran demasiado largas. Gutiérrez contaba los segundos al ritmo de la respiración forzada. Durmiendo, muchas veces sentado, a la intemperie en un mesón techado del viejo mercado hacía que la espera del amanecer fuera angustiante. Los frascos de alcohol y los pomos de mentol eran ineficaces para dar rápido alivio a la obstinada tos y la sibilante opresión pectoral; mientras tanto, con exagerada paciencia afincaba ambas manos a la superficie metálica buscando facilitar, en poca medida, la inhalación.

La ausencia de recursos adecuados y de algún familiar cercano no le permitía solventar con facilidad la precaria situación económica y esto le dificultaba tener asistencia médica adecuada y acceso a los medicamentos requeridos. Apenas los pocos recursos obtenidos le permitían subsanar los gastos alimenticios. Una dieta escasa basada en pan y jugos pasteurizados. Una vez más que otra, una sopa caliente insuflaba ánimos para continuar el sendero de cada día.

En los amaneceres alisaba con parsimonia los cabellos y acomodaba la camisa color caqui combinada con un pantalón del mismo color y ambas prendas atenuaban el color del sucio acumulado por la falta de higiene diaria. Un viejo maletín de cuero marrón y los zapatos negros de goma eran los compañeros ideales para cabalgar las pocas pertenencias y junto a ellas, un lote caduco de billetes de loterías.


Un lento caminar lo caracterizaba y así iniciaba los pasos hacia la agencia de loterías. Ahí, tomaba café y recibía los tiquetes nuevos para la venta del día. Iniciaba el proceso de ofrecer a los distintos caminantes y clientes fijos voceando con voz ronca los seriales favoritos. En algunos de los sueños entrecortados, aparecían números y los tomaba como una cábala. En muchas ocasiones, separaba para él, una mínima fracción del billete para tener opción de atinar y lograr un dinero extra que le permitiera paliar la difícil situación. Algunos ganadores benévolos le daban bonificaciones por el dinero obtenido en un logro sugerido.


Después de pasar tantos años en la rutinaria actividad, los logros de Gutiérrez habían sido aciertos en aproximaciones de dos dígitos. El sueño dorado de todo apostador era adivinar los cinco dígitos de un billete. Para él era muy difícil porque la situación económica no era permisiva.


En una de tantas noches tranquilas, el ambiente fue favorable. La luna llena lo acompañó junto a una suave brisa veraniega. Adosados a los ronquidos y al sueño profundo tuvo revelaciones maravillosas, que aún estando dormido pudo descifrar con precisión un acertijo. Al amanecer siguió la rutina pero un poco más acelerado al caminar llevando un solo objetivo en mente. Al llegar a la agencia, seleccionó los distintos billetes y con sorpresa encontró la combinación de los sueños. Ese día trabajó con afán y al final de la jornada el boleto descansaba en el maletín. Con la liquidación de la venta en la tarde pudo cubrir el costo del tiquete y sólo faltaba esperar la hora del sorteo.


La noche llegó apacible y Gutiérrez sentado en el mesón llevó los pensamientos al futuro y decenas de imágenes refrescantes hicieron ebullición junto al esbozo de una sonrisa que le otorgó una dosis de tranquilidad después de largos suspiros.


Haciendo eco a la noche, la aurora trajo los grises colores junto a los primeros reflejos del sol. El billetero despertó sobresaltado y poniendo pie en tierra, dio inicio al rito matutino. Con pasos más agitados entró a la sucursal y buscó con denuedo el listado con los resultados del día anterior. Los ojos desmesurados volcaron con insistencia la atención. Ahí estaban los cinco números del billete adquirido. Un gesto de tristeza y frustración lo abordó. Había acertado todos los dígitos pero en forma contraria. Salió de la oficina, sin atender ningún llamado de la propietaria, con pasos más lentos junto a la cabeza cabizbaja. La imagen logró desdibujarse entre los caminantes mañaneros.


Pasaron varios días; algunos pobladores extrañados por la ausencia y conociendo de antemano el sitio de pernocta, fueron hasta allá. Ahí encontraron el viejo maletín con las pocas pertenencias, el mazo de fracciones de billetes caducos y el ejemplar de lotería con el número permutado. No se supo más de él y con el paso del tiempo tan sólo fueron quedando los recuerdos.
Pobre Gutiérrez, sus circunstancias difíciles le empujaron a apostar por la suerte antes que por una vida digna, pero también se vive de los sueños cuando no hay otra cosa mejor. Me ha encantado leer este prosa subyugante y reflexiva. Besazos con cariño y admiración.
 
Pobre Gutiérrez, sus circunstancias difíciles le empujaron a apostar por la suerte antes que por una vida digna, pero también se vive de los sueños cuando no hay otra cosa mejor. Me ha encantado leer este prosa subyugante y reflexiva. Besazos con cariño y admiración.
El personaje principal del relato es fiel reflejo de muchos protagonistas de la vida real. Planteas una gran verdad en tus palabras y coincido en ello. Agradezco tu presencia y te envío un cálido abrazo venezolano.
 
Las noches eran demasiado largas. Gutiérrez contaba los segundos al ritmo de la respiración forzada. Durmiendo, muchas veces sentado, a la intemperie en un mesón techado del viejo mercado hacía que la espera del amanecer fuera angustiante. Los frascos de alcohol y los pomos de mentol eran ineficaces para dar rápido alivio a la obstinada tos y la sibilante opresión pectoral; mientras tanto, con exagerada paciencia afincaba ambas manos a la superficie metálica buscando facilitar, en poca medida, la inhalación.

Los designios del sueño son difíciles de descifrar. A veces, la esperanza de sacarse la lotería es bálsamo para algunos, pero cuando el tiempo pasa se va resquebrajando esa esperanza hasta hacerla añicos y el alma se despide del cuerpo.

Melancólicas y esperanzadoras tus letras.

Saludos.
 
Los designios del sueño son difíciles de descifrar. A veces, la esperanza de sacarse la lotería es bálsamo para algunos, pero cuando el tiempo pasa se va resquebrajando esa esperanza hasta hacerla añicos y el alma se despide del cuerpo.

Melancólicas y esperanzadoras tus letras.

Saludos.
Los sueños, sueños son. Son realidad cuando soñamos en pasado. El problema empieza cuando soñamos en futuro y anhelamos hacerlos realidad. Un placer recibirte en mi prosa. Recibe un saludo venezolano agradeciendo tu presencia.
 
Magnífico relato joblam. Narrado con mucha serenidad y respeto hacia el personaje, al que sólo le queda como salida para mejorar su penuria la de apostar cada día con la ayuda de los sueños, pero a pesar de ellos el azar no está de su parte, aniquila todas sus ilusiones después de haber estado tan cerca, quizás ese fue su peor descubrimiento.
Me ha encantado esta prosa porque no me ha parecido un relato aislado. Creo hay muchos Gutiérrez acechando la realidad y casi todos los que apuestan acarrean la misma suerte, la suerte del perdedor.
Un Abrazo y Feliz domingo
 
Valen_Tina: He quedado complacido por la calidad interpretativa con que analizas mi prosa. Reflejas el conocimiento de los personajes de nuestra vida cotidiana, a los cuales dedicamos parte de nuestra inspiración. Celebro que mi trabajo sea de tu agrado y agradezco tu enaltecedora presencia. Un abrazo cálido desde Venezuela.
 
Las noches eran demasiado largas. Gutiérrez contaba los segundos al ritmo de la respiración forzada. Durmiendo, muchas veces sentado, a la intemperie en un mesón techado del viejo mercado hacía que la espera del amanecer fuera angustiante. Los frascos de alcohol y los pomos de mentol eran ineficaces para dar rápido alivio a la obstinada tos y la sibilante opresión pectoral; mientras tanto, con exagerada paciencia afincaba ambas manos a la superficie metálica buscando facilitar, en poca medida, la inhalación.

La ausencia de recursos adecuados y de algún familiar cercano no le permitía solventar con facilidad la precaria situación económica y esto le dificultaba tener asistencia médica adecuada y acceso a los medicamentos requeridos. Apenas los pocos recursos obtenidos le permitían subsanar los gastos alimenticios. Una dieta escasa basada en pan y jugos pasteurizados. Una vez más que otra, una sopa caliente insuflaba ánimos para continuar el sendero de cada día.

En los amaneceres alisaba con parsimonia los cabellos y acomodaba la camisa color caqui combinada con un pantalón del mismo color y ambas prendas atenuaban el color del sucio acumulado por la falta de higiene diaria. Un viejo maletín de cuero marrón y los zapatos negros de goma eran los compañeros ideales para cabalgar las pocas pertenencias y junto a ellas, un lote caduco de billetes de loterías.


Un lento caminar lo caracterizaba y así iniciaba los pasos hacia la agencia de loterías. Ahí, tomaba café y recibía los tiquetes nuevos para la venta del día. Iniciaba el proceso de ofrecer a los distintos caminantes y clientes fijos voceando con voz ronca los seriales favoritos. En algunos de los sueños entrecortados, aparecían números y los tomaba como una cábala. En muchas ocasiones, separaba para él, una mínima fracción del billete para tener opción de atinar y lograr un dinero extra que le permitiera paliar la difícil situación. Algunos ganadores benévolos le daban bonificaciones por el dinero obtenido en un logro sugerido.


Después de pasar tantos años en la rutinaria actividad, los logros de Gutiérrez habían sido aciertos en aproximaciones de dos dígitos. El sueño dorado de todo apostador era adivinar los cinco dígitos de un billete. Para él era muy difícil porque la situación económica no era permisiva.


En una de tantas noches tranquilas, el ambiente fue favorable. La luna llena lo acompañó junto a una suave brisa veraniega. Adosados a los ronquidos y al sueño profundo tuvo revelaciones maravillosas, que aún estando dormido pudo descifrar con precisión un acertijo. Al amanecer siguió la rutina pero un poco más acelerado al caminar llevando un solo objetivo en mente. Al llegar a la agencia, seleccionó los distintos billetes y con sorpresa encontró la combinación de los sueños. Ese día trabajó con afán y al final de la jornada el boleto descansaba en el maletín. Con la liquidación de la venta en la tarde pudo cubrir el costo del tiquete y sólo faltaba esperar la hora del sorteo.


La noche llegó apacible y Gutiérrez sentado en el mesón llevó los pensamientos al futuro y decenas de imágenes refrescantes hicieron ebullición junto al esbozo de una sonrisa que le otorgó una dosis de tranquilidad después de largos suspiros.


Haciendo eco a la noche, la aurora trajo los grises colores junto a los primeros reflejos del sol. El billetero despertó sobresaltado y poniendo pie en tierra, dio inicio al rito matutino. Con pasos más agitados entró a la sucursal y buscó con denuedo el listado con los resultados del día anterior. Los ojos desmesurados volcaron con insistencia la atención. Ahí estaban los cinco números del billete adquirido. Un gesto de tristeza y frustración lo abordó. Había acertado todos los dígitos pero en forma contraria. Salió de la oficina, sin atender ningún llamado de la propietaria, con pasos más lentos junto a la cabeza cabizbaja. La imagen logró desdibujarse entre los caminantes mañaneros.


Pasaron varios días; algunos pobladores extrañados por la ausencia y conociendo de antemano el sitio de pernocta, fueron hasta allá. Ahí encontraron el viejo maletín con las pocas pertenencias, el mazo de fracciones de billetes caducos y el ejemplar de lotería con el número permutado. No se supo más de él y con el paso del tiempo tan sólo fueron quedando los recuerdos.

Magnifico estimado JOBLAN, que gusto encontrarme con estas lineas, una micro historia que atrapa al lector desde el principio, felicitaciones hermano, no se porque pense en algo que dijo Einstein alguna vez, fue : No podemos pretender que Dios juega a los dados con el universo, la loteria esta pensada de tal forma que es mas facil que te parta un rayo a que ganes con un numero, te dejo un saludo fraterno.
 
Magnifico estimado JOBLAN, que gusto encontrarme con estas lineas, una micro historia que atrapa al lector desde el principio, felicitaciones hermano, no se porque pense en algo que dijo Einstein alguna vez, fue : No podemos pretender que Dios juega a los dados con el universo, la loteria esta pensada de tal forma que es mas facil que te parta un rayo a que ganes con un numero, te dejo un saludo fraterno.
Celebro que mi trabajo sea de tu agrado y agradezco el gentil comentario. Saludos desde Venezuela.
 
Cuántos Gutiérrez deben haber por la vida...
Me resulta muy agradable y amena tu forma de escribir, joblam! Felicidades! Espero llegar a expresarme así de bello alguna vez :)
 
TRISTE HISTORIA DE LO DESCONOCIDO QUE GRACIAS A TU PLUMA DEJÓ DE SERLO.
PLACER INMENSO LEERLO, GRACIAS FERRA, EL TALENTO QUE REGALAS. SALUDOS

Las noches eran demasiado largas. Gutiérrez contaba los segundos al ritmo de la respiración forzada. Durmiendo, muchas veces sentado, a la intemperie en un mesón techado del viejo mercado hacía que la espera del amanecer fuera angustiante. Los frascos de alcohol y los pomos de mentol eran ineficaces para dar rápido alivio a la obstinada tos y la sibilante opresión pectoral; mientras tanto, con exagerada paciencia afincaba ambas manos a la superficie metálica buscando facilitar, en poca medida, la inhalación.

La ausencia de recursos adecuados y de algún familiar cercano no le permitía solventar con facilidad la precaria situación económica y esto le dificultaba tener asistencia médica adecuada y acceso a los medicamentos requeridos. Apenas los pocos recursos obtenidos le permitían subsanar los gastos alimenticios. Una dieta escasa basada en pan y jugos pasteurizados. Una vez más que otra, una sopa caliente insuflaba ánimos para continuar el sendero de cada día.

En los amaneceres alisaba con parsimonia los cabellos y acomodaba la camisa color caqui combinada con un pantalón del mismo color y ambas prendas atenuaban el color del sucio acumulado por la falta de higiene diaria. Un viejo maletín de cuero marrón y los zapatos negros de goma eran los compañeros ideales para cabalgar las pocas pertenencias y junto a ellas, un lote caduco de billetes de loterías.


Un lento caminar lo caracterizaba y así iniciaba los pasos hacia la agencia de loterías. Ahí, tomaba café y recibía los tiquetes nuevos para la venta del día. Iniciaba el proceso de ofrecer a los distintos caminantes y clientes fijos voceando con voz ronca los seriales favoritos. En algunos de los sueños entrecortados, aparecían números y los tomaba como una cábala. En muchas ocasiones, separaba para él, una mínima fracción del billete para tener opción de atinar y lograr un dinero extra que le permitiera paliar la difícil situación. Algunos ganadores benévolos le daban bonificaciones por el dinero obtenido en un logro sugerido.


Después de pasar tantos años en la rutinaria actividad, los logros de Gutiérrez habían sido aciertos en aproximaciones de dos dígitos. El sueño dorado de todo apostador era adivinar los cinco dígitos de un billete. Para él era muy difícil porque la situación económica no era permisiva.


En una de tantas noches tranquilas, el ambiente fue favorable. La luna llena lo acompañó junto a una suave brisa veraniega. Adosados a los ronquidos y al sueño profundo tuvo revelaciones maravillosas, que aún estando dormido pudo descifrar con precisión un acertijo. Al amanecer siguió la rutina pero un poco más acelerado al caminar llevando un solo objetivo en mente. Al llegar a la agencia, seleccionó los distintos billetes y con sorpresa encontró la combinación de los sueños. Ese día trabajó con afán y al final de la jornada el boleto descansaba en el maletín. Con la liquidación de la venta en la tarde pudo cubrir el costo del tiquete y sólo faltaba esperar la hora del sorteo.


La noche llegó apacible y Gutiérrez sentado en el mesón llevó los pensamientos al futuro y decenas de imágenes refrescantes hicieron ebullición junto al esbozo de una sonrisa que le otorgó una dosis de tranquilidad después de largos suspiros.


Haciendo eco a la noche, la aurora trajo los grises colores junto a los primeros reflejos del sol. El billetero despertó sobresaltado y poniendo pie en tierra, dio inicio al rito matutino. Con pasos más agitados entró a la sucursal y buscó con denuedo el listado con los resultados del día anterior. Los ojos desmesurados volcaron con insistencia la atención. Ahí estaban los cinco números del billete adquirido. Un gesto de tristeza y frustración lo abordó. Había acertado todos los dígitos pero en forma contraria. Salió de la oficina, sin atender ningún llamado de la propietaria, con pasos más lentos junto a la cabeza cabizbaja. La imagen logró desdibujarse entre los caminantes mañaneros.


Pasaron varios días; algunos pobladores extrañados por la ausencia y conociendo de antemano el sitio de pernocta, fueron hasta allá. Ahí encontraron el viejo maletín con las pocas pertenencias, el mazo de fracciones de billetes caducos y el ejemplar de lotería con el número permutado. No se supo más de él y con el paso del tiempo tan sólo fueron quedando los recuerdos.
 
Cuántos Gutiérrez deben haber por la vida...
Me resulta muy agradable y amena tu forma de escribir, joblam! Felicidades! Espero llegar a expresarme así de bello alguna vez :)
La lectura de otros autores permite, a través del tiempo, definir un estilo. También es importante el estudio exhaustivo del idioma para lograr narrativas coherentes. Espero que pronto puedas lograr el objetivo y superar con creces tus expectativas. Gracias por tus felicidades y el grato comentario. Un abrazo.
 

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