joblam
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las noches eran demasiado largas. Gutiérrez contaba los segundos al ritmo de la respiración forzada. Durmiendo, muchas veces sentado, a la intemperie en un mesón techado del viejo mercado hacía que la espera del amanecer fuera angustiante. Los frascos de alcohol y los pomos de mentol eran ineficaces para dar rápido alivio a la obstinada tos y la sibilante opresión pectoral; mientras tanto, con exagerada paciencia afincaba ambas manos a la superficie metálica buscando facilitar, en poca medida, la inhalación.
La ausencia de recursos adecuados y de algún familiar cercano no le permitía solventar con facilidad la precaria situación económica y esto le dificultaba tener asistencia médica adecuada y acceso a los medicamentos requeridos. Apenas los pocos recursos obtenidos le permitían subsanar los gastos alimenticios. Una dieta escasa basada en pan y jugos pasteurizados. Una vez más que otra, una sopa caliente insuflaba ánimos para continuar el sendero de cada día.
En los amaneceres alisaba con parsimonia los cabellos y acomodaba la camisa color caqui combinada con un pantalón del mismo color y ambas prendas atenuaban el color del sucio acumulado por la falta de higiene diaria. Un viejo maletín de cuero marrón y los zapatos negros de goma eran los compañeros ideales para cabalgar las pocas pertenencias y junto a ellas, un lote caduco de billetes de loterías.
Un lento caminar lo caracterizaba y así iniciaba los pasos hacia la agencia de loterías. Ahí, tomaba café y recibía los tiquetes nuevos para la venta del día. Iniciaba el proceso de ofrecer a los distintos caminantes y clientes fijos voceando con voz ronca los seriales favoritos. En algunos de los sueños entrecortados, aparecían números y los tomaba como una cábala. En muchas ocasiones, separaba para él, una mínima fracción del billete para tener opción de atinar y lograr un dinero extra que le permitiera paliar la difícil situación. Algunos ganadores benévolos le daban bonificaciones por el dinero obtenido en un logro sugerido.
Después de pasar tantos años en la rutinaria actividad, los logros de Gutiérrez habían sido aciertos en aproximaciones de dos dígitos. El sueño dorado de todo apostador era adivinar los cinco dígitos de un billete. Para él era muy difícil porque la situación económica no era permisiva.
En una de tantas noches tranquilas, el ambiente fue favorable. La luna llena lo acompañó junto a una suave brisa veraniega. Adosados a los ronquidos y al sueño profundo tuvo revelaciones maravillosas, que aún estando dormido pudo descifrar con precisión un acertijo. Al amanecer siguió la rutina pero un poco más acelerado al caminar llevando un solo objetivo en mente. Al llegar a la agencia, seleccionó los distintos billetes y con sorpresa encontró la combinación de los sueños. Ese día trabajó con afán y al final de la jornada el boleto descansaba en el maletín. Con la liquidación de la venta en la tarde pudo cubrir el costo del tiquete y sólo faltaba esperar la hora del sorteo.
La noche llegó apacible y Gutiérrez sentado en el mesón llevó los pensamientos al futuro y decenas de imágenes refrescantes hicieron ebullición junto al esbozo de una sonrisa que le otorgó una dosis de tranquilidad después de largos suspiros.
Haciendo eco a la noche, la aurora trajo los grises colores junto a los primeros reflejos del sol. El billetero despertó sobresaltado y poniendo pie en tierra, dio inicio al rito matutino. Con pasos más agitados entró a la sucursal y buscó con denuedo el listado con los resultados del día anterior. Los ojos desmesurados volcaron con insistencia la atención. Ahí estaban los cinco números del billete adquirido. Un gesto de tristeza y frustración lo abordó. Había acertado todos los dígitos pero en forma contraria. Salió de la oficina, sin atender ningún llamado de la propietaria, con pasos más lentos junto a la cabeza cabizbaja. La imagen logró desdibujarse entre los caminantes mañaneros.
Pasaron varios días; algunos pobladores extrañados por la ausencia y conociendo de antemano el sitio de pernocta, fueron hasta allá. Ahí encontraron el viejo maletín con las pocas pertenencias, el mazo de fracciones de billetes caducos y el ejemplar de lotería con el número permutado. No se supo más de él y con el paso del tiempo tan sólo fueron quedando los recuerdos.
La ausencia de recursos adecuados y de algún familiar cercano no le permitía solventar con facilidad la precaria situación económica y esto le dificultaba tener asistencia médica adecuada y acceso a los medicamentos requeridos. Apenas los pocos recursos obtenidos le permitían subsanar los gastos alimenticios. Una dieta escasa basada en pan y jugos pasteurizados. Una vez más que otra, una sopa caliente insuflaba ánimos para continuar el sendero de cada día.
En los amaneceres alisaba con parsimonia los cabellos y acomodaba la camisa color caqui combinada con un pantalón del mismo color y ambas prendas atenuaban el color del sucio acumulado por la falta de higiene diaria. Un viejo maletín de cuero marrón y los zapatos negros de goma eran los compañeros ideales para cabalgar las pocas pertenencias y junto a ellas, un lote caduco de billetes de loterías.
Un lento caminar lo caracterizaba y así iniciaba los pasos hacia la agencia de loterías. Ahí, tomaba café y recibía los tiquetes nuevos para la venta del día. Iniciaba el proceso de ofrecer a los distintos caminantes y clientes fijos voceando con voz ronca los seriales favoritos. En algunos de los sueños entrecortados, aparecían números y los tomaba como una cábala. En muchas ocasiones, separaba para él, una mínima fracción del billete para tener opción de atinar y lograr un dinero extra que le permitiera paliar la difícil situación. Algunos ganadores benévolos le daban bonificaciones por el dinero obtenido en un logro sugerido.
Después de pasar tantos años en la rutinaria actividad, los logros de Gutiérrez habían sido aciertos en aproximaciones de dos dígitos. El sueño dorado de todo apostador era adivinar los cinco dígitos de un billete. Para él era muy difícil porque la situación económica no era permisiva.
En una de tantas noches tranquilas, el ambiente fue favorable. La luna llena lo acompañó junto a una suave brisa veraniega. Adosados a los ronquidos y al sueño profundo tuvo revelaciones maravillosas, que aún estando dormido pudo descifrar con precisión un acertijo. Al amanecer siguió la rutina pero un poco más acelerado al caminar llevando un solo objetivo en mente. Al llegar a la agencia, seleccionó los distintos billetes y con sorpresa encontró la combinación de los sueños. Ese día trabajó con afán y al final de la jornada el boleto descansaba en el maletín. Con la liquidación de la venta en la tarde pudo cubrir el costo del tiquete y sólo faltaba esperar la hora del sorteo.
La noche llegó apacible y Gutiérrez sentado en el mesón llevó los pensamientos al futuro y decenas de imágenes refrescantes hicieron ebullición junto al esbozo de una sonrisa que le otorgó una dosis de tranquilidad después de largos suspiros.
Haciendo eco a la noche, la aurora trajo los grises colores junto a los primeros reflejos del sol. El billetero despertó sobresaltado y poniendo pie en tierra, dio inicio al rito matutino. Con pasos más agitados entró a la sucursal y buscó con denuedo el listado con los resultados del día anterior. Los ojos desmesurados volcaron con insistencia la atención. Ahí estaban los cinco números del billete adquirido. Un gesto de tristeza y frustración lo abordó. Había acertado todos los dígitos pero en forma contraria. Salió de la oficina, sin atender ningún llamado de la propietaria, con pasos más lentos junto a la cabeza cabizbaja. La imagen logró desdibujarse entre los caminantes mañaneros.
Pasaron varios días; algunos pobladores extrañados por la ausencia y conociendo de antemano el sitio de pernocta, fueron hasta allá. Ahí encontraron el viejo maletín con las pocas pertenencias, el mazo de fracciones de billetes caducos y el ejemplar de lotería con el número permutado. No se supo más de él y con el paso del tiempo tan sólo fueron quedando los recuerdos.
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