Despertaré al son de la campana
Es de noche, el eterno está encapotado, se vislumbra un tenue reflejo blanquecino tras las cortinas del cielo, voy caminando por sombrías calles solitarias donde la maldad se esconde en cada esquina escuchando al silencio romperse por el crujir de las hojas de otoño bajo mis pasos, entretanto en la ciudad reina un aroma a tierra mojada, un mirlo de otoño con su elegancia perenne me acompaña con su canto mientras mi alma se va embriagando del perfume de la soledad agreste del solitario parque donde la paz se halla, donde despierta la nostálgia y las horas de oscuras agonías, en donde apoyado sobre la verdinosa piedra de la fuente, vierto mis lágrimas en su tosca taza al recordar aquellos años en que caminábamos asidos de la mano, riéndonos, bésándonos, amándonos con la mirada y que hoy tu caminas por un lado y yo voy sorteando los charcos de la tristeza que esta vida sin dejarme pensar sigue poniéndome a cada paso que intento llevar un pie hacia lo claro.
¡Ya ves! aquéllas flores que juntos veíamos, también están tristes porque nadie les canta, los bancos que cobijaron nuestros besos, hoy están vacíos como vacío y sin dueño camina este corazón que aún no entiende por qué no viniste cuando te lo pedí, cuando te dije lo que te necesitaba, cuando mis ojos te hablaban, tuviste la oportunidad de escucharme pero no me di cuenta, hacía tiempo que tú, ya no estabas.
No, ya no quiero respuestas, sigue tu camino emprendido que yo iré por el mío, tarde o temprano querrás hablarme, cuando tu mirada busque donde descansar y tus manos guarecerse del frío, cuando las voces que hoy te hablan, callen, entonces buscarás mi abrigo, querrás hablarme pero será tarde pues cuando la flor se marchita, por mucho que la riegues no vuelve a florecer.
Ha empezado a llover con fuerza, el agua va y viene siendo azotada por el viento, resbala sobre mi cara acompañando mis lágrimas que siguen cayendo, en donde sigo apoyado sin inmutarme, de repente un aroma perfumado me rodea y me abraza, ya no caen lágrimas y busco y giro en mi mismo tratando de hallar la procedencia de ese perfume pero no veo a nadie, tan solo veo caer las doradas hojas de los árboles al golpeo de la lluvia incesante. Paso la mano por mi cara, por mi frente apenada mientras pienso si estará lloviendo también por tu ventana, pienso pero ya no me importa, o sí, no lo sé, solo sé que cuando pienso en nuestros momentos, llueve en mis ojos y se ahoga el alma y se me va la vida cuando mi cabeza imagina un día en el que se crucen nuestros caminos, que tú agaches la cabeza por no mirarme y yo al mirarte piense...¡ahí va un amor que un día fue mío!, es probable que vayas agarrada a otro que no soy yo pero que debiera ser yo mas porque la vida quiso no lo soy.
Amaina la lluvia en la umbría noche, tengo una sensación extraña que me recorre y me abraza, tampoco llueve en mis ojos, quizás la pena se esté ahogando en la verdinosa taza, ya no pienso ni siento por tu ausencia al levantar la mirada y darme cuenta en que después de la lluvia llegan nuevas fragancias.
Regreso a casa dejando atrás la nostálgia abandonada en el parque, aquél amor de otros días, en donde paseábamos de la mano mientras el cantar de los pájaros nos mecía, ocasos inigualables de aquellas tardes de estío donde nuestra mirada soñaba y reía, sí, marcho vacío pero lleno mientras me acompaña de nuevo el canto del mirlo, olvidando tu sonrisa, tus besos, el eco de tu voz... aquellos paseos entre rosas y lirios llenas de lujuriosas fragancias y te irás borrando de mi recuerdo cual arco iris desaparece bajo el azul del cielo aunque mi corazón se empeñe en que no te olvide. Aquí yace aquella ilusión que un día brotó, aquí queda mi embriaguez y lo que sentía ayer, aquí quedan mis labios lejos de tus labios, desde hoy somos dos extraños caminando cada uno por su sendero y mañana o pasado mañana, despertaré al son de la campana de la vieja ermita como cada día, sabiendo que mi agonía... murió al tiempo que tu recuerdo.
Luis
Derechos reservados
Es de noche, el eterno está encapotado, se vislumbra un tenue reflejo blanquecino tras las cortinas del cielo, voy caminando por sombrías calles solitarias donde la maldad se esconde en cada esquina escuchando al silencio romperse por el crujir de las hojas de otoño bajo mis pasos, entretanto en la ciudad reina un aroma a tierra mojada, un mirlo de otoño con su elegancia perenne me acompaña con su canto mientras mi alma se va embriagando del perfume de la soledad agreste del solitario parque donde la paz se halla, donde despierta la nostálgia y las horas de oscuras agonías, en donde apoyado sobre la verdinosa piedra de la fuente, vierto mis lágrimas en su tosca taza al recordar aquellos años en que caminábamos asidos de la mano, riéndonos, bésándonos, amándonos con la mirada y que hoy tu caminas por un lado y yo voy sorteando los charcos de la tristeza que esta vida sin dejarme pensar sigue poniéndome a cada paso que intento llevar un pie hacia lo claro.
¡Ya ves! aquéllas flores que juntos veíamos, también están tristes porque nadie les canta, los bancos que cobijaron nuestros besos, hoy están vacíos como vacío y sin dueño camina este corazón que aún no entiende por qué no viniste cuando te lo pedí, cuando te dije lo que te necesitaba, cuando mis ojos te hablaban, tuviste la oportunidad de escucharme pero no me di cuenta, hacía tiempo que tú, ya no estabas.
No, ya no quiero respuestas, sigue tu camino emprendido que yo iré por el mío, tarde o temprano querrás hablarme, cuando tu mirada busque donde descansar y tus manos guarecerse del frío, cuando las voces que hoy te hablan, callen, entonces buscarás mi abrigo, querrás hablarme pero será tarde pues cuando la flor se marchita, por mucho que la riegues no vuelve a florecer.
Ha empezado a llover con fuerza, el agua va y viene siendo azotada por el viento, resbala sobre mi cara acompañando mis lágrimas que siguen cayendo, en donde sigo apoyado sin inmutarme, de repente un aroma perfumado me rodea y me abraza, ya no caen lágrimas y busco y giro en mi mismo tratando de hallar la procedencia de ese perfume pero no veo a nadie, tan solo veo caer las doradas hojas de los árboles al golpeo de la lluvia incesante. Paso la mano por mi cara, por mi frente apenada mientras pienso si estará lloviendo también por tu ventana, pienso pero ya no me importa, o sí, no lo sé, solo sé que cuando pienso en nuestros momentos, llueve en mis ojos y se ahoga el alma y se me va la vida cuando mi cabeza imagina un día en el que se crucen nuestros caminos, que tú agaches la cabeza por no mirarme y yo al mirarte piense...¡ahí va un amor que un día fue mío!, es probable que vayas agarrada a otro que no soy yo pero que debiera ser yo mas porque la vida quiso no lo soy.
Amaina la lluvia en la umbría noche, tengo una sensación extraña que me recorre y me abraza, tampoco llueve en mis ojos, quizás la pena se esté ahogando en la verdinosa taza, ya no pienso ni siento por tu ausencia al levantar la mirada y darme cuenta en que después de la lluvia llegan nuevas fragancias.
Regreso a casa dejando atrás la nostálgia abandonada en el parque, aquél amor de otros días, en donde paseábamos de la mano mientras el cantar de los pájaros nos mecía, ocasos inigualables de aquellas tardes de estío donde nuestra mirada soñaba y reía, sí, marcho vacío pero lleno mientras me acompaña de nuevo el canto del mirlo, olvidando tu sonrisa, tus besos, el eco de tu voz... aquellos paseos entre rosas y lirios llenas de lujuriosas fragancias y te irás borrando de mi recuerdo cual arco iris desaparece bajo el azul del cielo aunque mi corazón se empeñe en que no te olvide. Aquí yace aquella ilusión que un día brotó, aquí queda mi embriaguez y lo que sentía ayer, aquí quedan mis labios lejos de tus labios, desde hoy somos dos extraños caminando cada uno por su sendero y mañana o pasado mañana, despertaré al son de la campana de la vieja ermita como cada día, sabiendo que mi agonía... murió al tiempo que tu recuerdo.
Luis
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