El álamo se viste de oro
de mieles
y en la Alameda, un manantial
envuelve
con su canto, el loco azul de
noviembre.
¡Ay, qué envidia, viejo y aún
se yergue
ufano... mientras tizno en gris
mis sienes!
Dichoso tú, árbol de vida
que sientes
que antes que tú, verás llegar
mi muerte
en tanto al cielo, cada estío
floreces.
La vida pasa por los ojos
del puente
como el río que llega y pasa y
no vuelve...
y aqui me hallo, con mi nostalgia
inerte
donde el sollozo, por el aire
se pierde
y por los arbustos, se inclina
la frente.
Pero aún guardo razón en
mi mente
y yo quisiera versar al
celeste
un verso libre, virgen de
quereres,
un versar henchido de nuevas
simientes
mimetizándose con el
ambiente
antes de que descanse al fin
por siempre.
Luis