Jorge andaba despacio, marcando pequeños pasos rítmicos que rayaban en lentitud; como quien tiene los pies sobre la tierra y los pensamientos en otra dimensión; moviendo con desgano, y apenas algo de coordinación, sus brazos a ambos lados del cuerpo. Y a no ser por el aluvión de lágrimas escapadas de sus ojos, que enrojecidos y rasgados penetraban el suelo, parecería tan solo un hombre distraído.
Él no supo cómo ni cuando sus manos palparon un banco, o más bien, una grata cobija donde mitigar el cansancio del alma. Sentado allí, acomodó el rostro entre sus manos, mientras los sollozos le ahogaban su cordura.
---¡Dios quiero morir!---Decía una y otra vez entrecortando las palabras---¡Me pesa demasiado la vida!
Por un momento recordó cuántas veces había planeado su muerte sin hallar el valor para lograrlo
---¡Soy un cobarde!¡Debí morir con ellas!---Pensaba al tiempo que desfilaban por su mente los rostros
vívidos de su esposa e hija de diez años, desfigurados por el fuego después del accidente. No podía
escapar de sus gritos de pánico y desesperación, ni de los brazos de su hijita extendidos hacia él como
la última súplica de un condenado a muerte entre las rejas metálicas del auto en llamas. Aquellos
recuerdos arañaban tanto el corazón que sangraba pensamientos.
---¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a ellas? ¿Por qué me quedé paralizado sin poder hacer nada?...
El chillido de un ave interrumpió el silencio, obligándole a clavar su vista en el paisaje, como si un raro magnetismo lo atrajera. ¡Estaba sentado justo ante un paraíso! Un apacible lago se extendía ante él como
un manto de belleza inigualable. Jacarandas, Magnolios y Almendros parecían custodiar las orillas de
tanta paz líquida, mientras sus flores, perfumando el lugar, caían sobre el pasto verde ofreciendo un
mágico espectáculo multicolor, a la vez que decenas de aves se movían inquietas, totalmente absortas en
buscar su alimento. ¡Hasta las tortugas disfrutaban con placer de un baño de sol!
---¡Cuánta vida ajena a mi dolor!---Pensó Jorge---¡No es justo que algunos la pierdan mientras otros la
disfrutan de modo tan placentero!
De repente una voz femenina le cortó sus pensamientos:
---Con su permiso, ¿Puedo sentarme a su lado?
Jorge, que había vuelto a poner su cabeza entre sus manos, simplemente se encogió de hombros sin
mirar, dando a entender que no le importaba.
---¿Ha notado cuánta belleza alberga este lugar?---Dijo la voz visiblemente emocionada---Vengo aquí a menudo porque me renueva el espíritu y me hace ver lo hermosa y valiosa que es la vida. !La vida es un milagro digno de apreciar!---pausó un momento recordando las lágrimas de aquel hombre que había seguido hasta allí y luego terminó la frase---A pesar del dolor...
Esas últimas palabras hicieron que Jorge levantara su cabeza y le dirigiera una mirada que, en un principio llevaba algo de indiferencia e indignación, pero que instantáneamente se transformó en sorpresa cuando vió su rostro. El asombroso parecido de aquella mujer con su esposa lo dejó pasmado por unos segundos. Aún así le dijo:
---?Y qué sabe usted de dolor?
La mujer sonrió compasivamente y empezó a hablar:
---Sabe, nací y me crié en un país donde las mujeres no tenemos ningún valor, de hecho, podemos ser humilladas y maltratadas sin que a nadie le importe. Allí viví hasta que nació mi hija. Pero mi pequeña niña no sufriría las mismas cosas que yo, así que, enfrentando muchos peligros, escapé a este país, hace alrededor de veinte años.
Jorge aprovechó unos segundos de silencio para opinar:
---No creo que eso cause dolor, al contrario, debería estar feliz de tener una vida mejor.
La mujer volvió a sonreír y prosiguió:
---Le dí la mejor educación que pude. !Era una niña adorable y buena!---Su voz se sintió conmovida---Le enseñé a ser una triunfadora y la guié hasta el éxito. Tal fue así que a los quince años ya era una modelo famosa que pasaba casi todo el tiempo viajando. Sin embargo, eso no impidió que estuviéramos juntas.
Ella no viajaba sin mí; decía que yo era su confianza, su guía, su amuleto de la buena suerte, por lo que los secretos no existían entre nosotras.
Aunque la expresión de Jorge aún era un tanto indiferente, continuó escuchando pues, hasta cierto grado, lo sacaba un poco de sus pensamientos.
---Pero un día---Dijo la mujer ensombreciendo la sonrisa---Justo al cumplir los 18, debíamos hacer un corto viaje. Solo sería volar hasta otro estado, hacer una breve presentación y regresar otra vez, por lo que la convencí de que fuera acompañada del grupo, sin mí. Ella no quería, pero insistí para resolver ciertos asuntos que me urgían...
Se detuvo para estabilizar su voz mientras Jorge la observaba atentamente, interesado en el final de la historia que no auguraba un buen desenlace. Cuando pudo lograrlo, continuó:
---Nunca voy a perdonarme haberlo hecho...su avión tuvo una falla mecánica y se precipitó a tierra sin dejar sobrevivientes. !Cuánto deseé estar junto a ella en sus últimos momentos de vida!
Después de unos minutos de silencio que parecieron horas, Jorge atinó a decir:
---Perdón por mi imprudencia, no sabía que su historia era tan triste como la mía---La mujer volvió a sonreír---Pero todavía no entiendo cómo puede vivir con esa sonrisa, como si estuviera feliz.
---Al principio me sentía culpable de estar viva pues, pensaba que no lo merecía, que debía haber muerto en lugar de ella o con ella. Culpable de no haber sabido cuidarla bien y de muchas cosas más. Y quise morir, desesperadamente morir---Ahora se acercó a Jorge y puso su mano en el hombro---Pero estaba equivocada. A muchos, la vida nos depara sorpresas por las que no podemos culparnos. Simplemente ocurren porque el suceso imprevisto, o sea, la casualidad nos afecta sin que podamos hacer nada al respecto. En otras palabras, ni tú ni yo las provocamos y si hubiésemos podido evitarlas, lo habríamos hecho aún a costa de nuestro propio aliento, ?No crees?
---Es cierto---Respondió Jorge---Pero a pesar de eso, no siento deseos de vivir. Después de la muerte de mi esposa y mi hija, todo ha perdido el sentido.
La mujer, en un gesto maternal, abrazó su cabeza y la apretó suavemente contra su pecho, motivada por el inmenso sufrimiento que reflejaba. Luego, con voz dulce y delicada, casi como en un susurro, le dijo:
---Pero ahora es cuando más hay que vivir. !Piensa! ?Dónde viven nuestros seres queridos que han muerto? ?No es en el pensamiento? Por lo tanto, si morimos , los condenamos al olvido para siempre y ellos no merecen eso.
Jorge se separó de sus brazos, la miró fijamente y sorprendido balbuceó:
---Nunca había pensado en eso.
---En vez de condenarlos, !Hay que revivirlos! !Hacer que sean tan presentes y visibles como este paisaje que nos rodea!---Dijo ella emocionada y acto seguido, sacó una agenda de su cartera---?Ves esto? Estoy escribiendo la historia de mi hija. Voy a publicarla cuando termine. El mundo sabrá de ella y su ejemplo servirá de guía e inspiración a muchos, incluso a los hijos que deseo tener en el futuro. Estoy convencida de que de este modo, su muerte no habrá sido en vano.
Jorge quedó tan impresionado con esta percepción diferente de la vida que no notó el brillo renaciendo en sus ojos ni el optimista palpitar del corazón que vislumbraba un punto luminoso en medio de su oscuro dolor.
La mujer, percibiendo su reacción, dejó que sus palabras continuaran fluyendo:
---El amor es acción, hechos palpables. No se manifiesta huyendo, escondiéndose o dejándose vencer. Entonces, ?Qué mejor muestra de amor que perpetuar su recuerdo?
Dicho esto, se puso de pie y le ofreció su mano.
---?Cómo te llamas?---Preguntó
---Jorge---Respondió él dejando escapar la sonrisa que casi había olvidado. Enseguida se puso de pie y estrechó su mano.
---Nadya es mi nombre---Dijo ella devolviéndole la sonrisa. Después continuó---Necesitarás valor, pero vamos, te ayudaré a recuperarlo.
Uno junto al otro recorrieron el paraíso, acariciandose el alma con risas y palabras sabias, uniéndose inevitablemente en un mismo destino y por una misma causa.
Y la tarde fue testigo, entre brisas, aves y flores, de cómo dos corazones desgarrados y agonizantes, convertían la derrota en victoria, la frustración en optimismo y la tristeza en alegría. Todo un logro del valor y la inteligencia humana.