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La Rana de Siete Colores (Relato para niñas y niños basado en la imagen Nº 4, de enero 2017))

César Guevar

Poeta que considera el portal su segunda casa
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En una ciudad moderna, de esas de las que todos los niños y niñas han escuchado hablar o conocen, vive una niña de siete años que tiene cabello ensortijado y corazón de verso. Sus compañeros del segundo grado se ríen de ella, allá en el colegio de monjas, porque siempre está un poquito solitaria y a veces parece que habla sola.

En realidad habla con su amiga Rania, una ranita mágica que se encontró el otro día en el huerto de la escuela y que posee la particularidad de tener siete colores: la cabeza, una patita y una rodilla de color fucsia, el cuerpo y la otra pata delantera en amarillo oro, la pata trasera derecha en verde esmeralda y verde oscuro (más la rodilla fucsia que ya dijimos), la otra pata trasera en azul, oro y púrpura… y la barriga la tiene blanca. ¡Siete colores! Sin contar los ojos, por supuesto, que los tiene de un marrón muy oscuro casi negro.

Fue un encuentro afortunado para ambas: Helena –que así se llama la niña- tenía muy pocos amigos y Rania estaba harta de ser perseguida por niños sin imaginación, o con imaginación retorcida, que solo trataban de usarla como pelota de béisbol. Helena era diferente: en lugar de agarrarla y halarle las patas para verle no sé qué, le habló. Y así obtuvo el privilegio de saber que Rania podía razonar y hablar como cualquier persona. Le dijo que estaba escondida y que no podía cazar porque enseguida la cazada era ella, por esos niños malévolos que cuando encuentran una rana solo pretenden lastimarla.

Helena le pidió permiso para llevarla a casa a fin de que le sirviera como mascota y confidente; y se comprometió a cazarle sabrosas moscas y otros animalitos apetecidos por Rania, quien estaba un poquito desnutrida y famélica. Así se inició una bonita amistad.

Todos los días Helena, luego de salir de la escuela, se detiene en el mercado al aire libre, cerca de la pescadería, y sigilosamente atrapa algunas moscas para Rania. A veces la suelta para que ella misma cace un poco y no pierda la agilidad. De más está decir que Helena se lleva a Rania para la escuela casi todos los días.

El papá de Helena es profesor. Trabaja en tres colegios porque todo el mundo sabe que a los profesores les pagan poquito y entonces él necesita varios trabajos para poder mantener a la familia. Debido a eso Rania ha encontrado una nueva forma de entretenerse durante las largas horas nocturnas: se mete a escondidas en el estudio del papá de Helena, y sin que él lo sospeche, se aprende las clases que el profesor prepara, o lo ve revisar los numerosos trabajos y deberes escolares que él lleva a casa a fin de corregirlos. Por eso se la puede ver (si uno no está trabajando todo el tiempo como el papá de Helena) por las paredes de la habitación, pensando en la mejor manera de resolver operaciones de multiplicación, o recitando poemas de endechas.

Así ha llegado a ser una rana intelectual muy sabia, que puede ayudar a Helena con sus tareas. También sabe jugar scrabble, monopolio y ajedrez. En realidad la pasan muy bien. El otro día vieron una vieja película juntas: Los Muppets, pero a Rania no le gustó; dice que René para nada se parece a una rana normal.

A veces discuten un poco, como lo suelen hacer casi todos los amigos entre sí. Sin embargo lo importante es que Helena ya no está triste ni sola pues tiene lo que nadie más: una amiga mágica de siete colores… sin contar el color de ojos que es marrón oscuro, casi negro.


Enero y siete colores, 2017. César Guevara​
 
Última edición:
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En una ciudad moderna, de esas que todos los niños y niñas conocen, vive una niña de siete años, cabello ensortijado y corazón de verso. Sus compañeros del segundo grado se ríen de ella, allá en el colegio de monjas, porque siempre está un poquito solitaria y a veces parece que habla sola.

En realidad habla con su amiga Rania, una ranita mágica que se encontró el otro día en el huerto de la escuela y que posee la particularidad de tener siete colores: la cabeza, una patita y una rodilla de color fucsia, el cuerpo y la otra pata delantera en amarillo oro, la pata trasera derecha en verde esmeralda y verde oscuro (más la rodilla fucsia que ya dijimos), la otra pata trasera en azul, oro y púrpura… y la barriga la tiene blanca. ¡Siete colores! Sin contar los ojos, por supuesto, que los tiene de un marrón muy oscuro casi negro.

Fue un encuentro afortunado para ambas: Helena –que así se llama la niña- tenía muy pocos amigos y Rania estaba harta de ser perseguida por niños sin imaginación, o con imaginación retorcida, que solo trataban de usarla como pelota de béisbol. Helena era diferente: en lugar de agarrarla y halarle las patas para verle no sé qué, le habló. Y así obtuvo el privilegio de saber que Rania podía razonar y hablar como cualquier persona. Le dijo que estaba escondida y que no podía cazar porque enseguida la cazada era ella, por los niños malévolos.

Helena le pidió permiso para llevarla a casa a fin de que le sirviera como mascota y confidente; y se comprometió a cazarle sabrosas moscas y otros animalitos apetecidos por Rania, quien estaba un poquito desnutrida y famélica. Así se inició una bonita amistad.

Todos los días Helena, luego de salir de la escuela, se detiene en el mercado al aire libre, cerca de la pescadería, y sigilosamente atrapa algunas moscas para Rania. A veces la suelta para que ella misma cace un poco y no pierda la agilidad. De más está decir que Helena se lleva a Rania para la escuela casi todos los días.

El papá de Helena es profesor. Trabaja en tres colegios porque todo el mundo sabe que a los profesores les pagan poquito y necesita varios trabajos para poder mantener a la familia. Debido a eso Rania ha encontrado una nueva forma de entretenerse durante las largas horas nocturnas: se mete a escondidas en el estudio del papá de Helena, y sin que él lo sospeche, se aprende las clases que el profesor prepara, o lo ve revisar los numerosos trabajos y deberes escolares que él lleva a casa a fin de corregirlos. Por eso se la puede ver (si uno no está trabajando todo el tiempo como el papá de Helena) por las paredes de la habitación, pensando en la mejor manera de resolver operaciones de multiplicación, o recitando poemas de endechas.

Así ha llegado a ser una rana intelectual muy sabia, que puede ayudar a Helena con sus tareas. También sabe jugar al scrabble, monopolio y ajedrez. En realidad la pasan muy bien. El otro día vieron una vieja película juntas: Los Muppets, pero a Rania no le gustó; dice que René para nada se parece a una rana normal.

A veces discuten un poco, como lo suelen hacer casi todos los amigos entre sí. Pero lo importante es que Helena ya no está triste ni sola pues tiene lo que nadie más: una amiga mágica de siete colores… sin contar el color de ojos que es marrón oscuro, casi negro.


Enero y siete colores, 2017. César Guevara​
Saludos César!
Excelente trama en este cuento infantil
muy bien llevado, tierno ejempla
para los niños, muy bien aprovechada
la imagen elegida,
me he deleitado con la lectura
encantada, precioso,
gracias por traerlo al foro, un millónnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn...



ligiA
 
Estimado César....
que gran imaginación tienes para crear un cuento sobre la imagen elegida, mi niña interior ha sonreído a medida que iba leyendo este hermoso cuento e imaginaba y veía a través de tu excelente relato, a esas dos tiernas protagonistas a través de tus letras, sinceramente me he divertido leyéndote.
Es un enorme placer haber llegado hasta tu rincón poético, estimado Poeta.
Un cordial saludo.
 
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En una ciudad moderna, de esas que todos los niños y niñas conocen, vive una niña de siete años, cabello ensortijado y corazón de verso. Sus compañeros del segundo grado se ríen de ella, allá en el colegio de monjas, porque siempre está un poquito solitaria y a veces parece que habla sola.

En realidad habla con su amiga Rania, una ranita mágica que se encontró el otro día en el huerto de la escuela y que posee la particularidad de tener siete colores: la cabeza, una patita y una rodilla de color fucsia, el cuerpo y la otra pata delantera en amarillo oro, la pata trasera derecha en verde esmeralda y verde oscuro (más la rodilla fucsia que ya dijimos), la otra pata trasera en azul, oro y púrpura… y la barriga la tiene blanca. ¡Siete colores! Sin contar los ojos, por supuesto, que los tiene de un marrón muy oscuro casi negro.

Fue un encuentro afortunado para ambas: Helena –que así se llama la niña- tenía muy pocos amigos y Rania estaba harta de ser perseguida por niños sin imaginación, o con imaginación retorcida, que solo trataban de usarla como pelota de béisbol. Helena era diferente: en lugar de agarrarla y halarle las patas para verle no sé qué, le habló. Y así obtuvo el privilegio de saber que Rania podía razonar y hablar como cualquier persona. Le dijo que estaba escondida y que no podía cazar porque enseguida la cazada era ella, por los niños malévolos.

Helena le pidió permiso para llevarla a casa a fin de que le sirviera como mascota y confidente; y se comprometió a cazarle sabrosas moscas y otros animalitos apetecidos por Rania, quien estaba un poquito desnutrida y famélica. Así se inició una bonita amistad.

Todos los días Helena, luego de salir de la escuela, se detiene en el mercado al aire libre, cerca de la pescadería, y sigilosamente atrapa algunas moscas para Rania. A veces la suelta para que ella misma cace un poco y no pierda la agilidad. De más está decir que Helena se lleva a Rania para la escuela casi todos los días.

El papá de Helena es profesor. Trabaja en tres colegios porque todo el mundo sabe que a los profesores les pagan poquito y necesita varios trabajos para poder mantener a la familia. Debido a eso Rania ha encontrado una nueva forma de entretenerse durante las largas horas nocturnas: se mete a escondidas en el estudio del papá de Helena, y sin que él lo sospeche, se aprende las clases que el profesor prepara, o lo ve revisar los numerosos trabajos y deberes escolares que él lleva a casa a fin de corregirlos. Por eso se la puede ver (si uno no está trabajando todo el tiempo como el papá de Helena) por las paredes de la habitación, pensando en la mejor manera de resolver operaciones de multiplicación, o recitando poemas de endechas.

Así ha llegado a ser una rana intelectual muy sabia, que puede ayudar a Helena con sus tareas. También sabe jugar al scrabble, monopolio y ajedrez. En realidad la pasan muy bien. El otro día vieron una vieja película juntas: Los Muppets, pero a Rania no le gustó; dice que René para nada se parece a una rana normal.

A veces discuten un poco, como lo suelen hacer casi todos los amigos entre sí. Pero lo importante es que Helena ya no está triste ni sola pues tiene lo que nadie más: una amiga mágica de siete colores… sin contar el color de ojos que es marrón oscuro, casi negro.


Enero y siete colores, 2017. César Guevara​
Bella e imaginativa narracion, buen planteamiento en
ese deleite de acontecimientos para esas protagonistas.
trama perfecta y bien encajada para la vision y pensamiento
infantil. Me gusto mucho el final con esa apreciacion
de los colores. saludos siempre de luzyabsenta
 
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En una ciudad moderna, de esas que todos los niños y niñas conocen, vive una niña de siete años, cabello ensortijado y corazón de verso. Sus compañeros del segundo grado se ríen de ella, allá en el colegio de monjas, porque siempre está un poquito solitaria y a veces parece que habla sola.

En realidad habla con su amiga Rania, una ranita mágica que se encontró el otro día en el huerto de la escuela y que posee la particularidad de tener siete colores: la cabeza, una patita y una rodilla de color fucsia, el cuerpo y la otra pata delantera en amarillo oro, la pata trasera derecha en verde esmeralda y verde oscuro (más la rodilla fucsia que ya dijimos), la otra pata trasera en azul, oro y púrpura… y la barriga la tiene blanca. ¡Siete colores! Sin contar los ojos, por supuesto, que los tiene de un marrón muy oscuro casi negro.

Fue un encuentro afortunado para ambas: Helena –que así se llama la niña- tenía muy pocos amigos y Rania estaba harta de ser perseguida por niños sin imaginación, o con imaginación retorcida, que solo trataban de usarla como pelota de béisbol. Helena era diferente: en lugar de agarrarla y halarle las patas para verle no sé qué, le habló. Y así obtuvo el privilegio de saber que Rania podía razonar y hablar como cualquier persona. Le dijo que estaba escondida y que no podía cazar porque enseguida la cazada era ella, por los niños malévolos.

Helena le pidió permiso para llevarla a casa a fin de que le sirviera como mascota y confidente; y se comprometió a cazarle sabrosas moscas y otros animalitos apetecidos por Rania, quien estaba un poquito desnutrida y famélica. Así se inició una bonita amistad.

Todos los días Helena, luego de salir de la escuela, se detiene en el mercado al aire libre, cerca de la pescadería, y sigilosamente atrapa algunas moscas para Rania. A veces la suelta para que ella misma cace un poco y no pierda la agilidad. De más está decir que Helena se lleva a Rania para la escuela casi todos los días.

El papá de Helena es profesor. Trabaja en tres colegios porque todo el mundo sabe que a los profesores les pagan poquito y necesita varios trabajos para poder mantener a la familia. Debido a eso Rania ha encontrado una nueva forma de entretenerse durante las largas horas nocturnas: se mete a escondidas en el estudio del papá de Helena, y sin que él lo sospeche, se aprende las clases que el profesor prepara, o lo ve revisar los numerosos trabajos y deberes escolares que él lleva a casa a fin de corregirlos. Por eso se la puede ver (si uno no está trabajando todo el tiempo como el papá de Helena) por las paredes de la habitación, pensando en la mejor manera de resolver operaciones de multiplicación, o recitando poemas de endechas.

Así ha llegado a ser una rana intelectual muy sabia, que puede ayudar a Helena con sus tareas. También sabe jugar al scrabble, monopolio y ajedrez. En realidad la pasan muy bien. El otro día vieron una vieja película juntas: Los Muppets, pero a Rania no le gustó; dice que René para nada se parece a una rana normal.

A veces discuten un poco, como lo suelen hacer casi todos los amigos entre sí. Pero lo importante es que Helena ya no está triste ni sola pues tiene lo que nadie más: una amiga mágica de siete colores… sin contar el color de ojos que es marrón oscuro, casi negro.


Enero y siete colores, 2017. César Guevara​
Sin duda un poético relato, estimado César,
apropiado para los niños, lleno de candor y amor por el saber;
si bien la relación con la imagen es algo tangencial, se relaciona con parte del texto;

rana-de-colores-1.jpg
gracias por contribuir con tu creatividad al éxito del foro,
un saludo cordial,
Eduardo
 

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Saludos César!
Excelente trama en este cuento infantil
muy bien llevado, tierno ejempla
para los niños, muy bien aprovechada
la imagen elegida,
me he deleitado con la lectura
encantada, precioso,
gracias por traerlo al foro, un millónnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn...



ligiA

Es solo un relato plano, sin trama... sin grandes acciones. Una estampa cotidiana salpicada de (¿tonta?) fantasía. De alguna manera es la antítesis de Harry Potter, jajajaja. Solían encantarme relatos de ese tipo cuando era niño, aunque no eran fáciles de conseguir; la acción intrépida casi siempre se lleva la preferencia de lxs escritorxs, las palmas, el favoritismo de lxs lectorxs y el dinero.

Muchas gracias por valorarlo en forma tan generosa. Un abrazo cordial.
 
Estimado César....
que gran imaginación tienes para crear un cuento sobre la imagen elegida, mi niña interior ha sonreído a medida que iba leyendo este hermoso cuento e imaginaba y veía a través de tu excelente relato, a esas dos tiernas protagonistas a través de tus letras, sinceramente me he divertido leyéndote.
Es un enorme placer haber llegado hasta tu rincón poético, estimado Poeta.
Un cordial saludo.

Gracias por permitirte evocar a tu niña interior y sonreir. Eso no tiene precio. No digo más. Un abrazo fuerte.
 
Bella e imaginativa narracion, buen planteamiento en
ese deleite de acontecimientos para esas protagonistas.
trama perfecta y bien encajada para la vision y pensamiento
infantil. Me gusto mucho el final con esa apreciacion
de los colores. saludos siempre de luzyabsenta

Los colores son pura imaginación, magia, poesía cotidiana. Vivimos suspendidos sobre convenciones imaginativas: tiempo, colores, palabras... lástima que nos creamos tanto nuestros propios cuentos en lugar de saber disfrutarlos. Lástima que menospreciemos tanto el poder de la mágica imaginación infantil.

Un fuerte apretón de manos, compañero. Muchas gracias por venir a acompañar este relato.
 
Sin duda un poético relato, estimado César,
apropiado para los niños, lleno de candor y amor por el saber;
si bien la relación con la imagen es algo tangencial, se relaciona con parte del texto;
gracias por contribuir con tu creatividad al éxito del foro,
un saludo cordial,
Eduardo

Las líneas son para crear con ellas: tangentes, paralelas, curvas que se entrecruzan y se superponen (y hacen ovillos, nudos), secantes, mojantes (estas últimas las acabo de inventar, ya sé...). No sé, fue lo que me inspiró esa bellísima rana llena de magia en la pared de ese hombre de mediana edad, aparentemente atiborrado de trabajo, con muchos más libros y papeles que los que nunca podrá leer y por lo tanto sumergido en otra clase de magia, la de la i----realidad que se nos presenta tan real, tan verdadera; a veces tan tonta. ¿Y qué tal si tenía una hija pequeña con la que casi no hablaba por estar trabajando todo el tiempo? ¿Y qué tal si se trataba de una Helena, o una Alicia, o una María de esas que habitan casi de incógnito en las casas, las escuelas, calles, porque casi nadie -o nadie- se detiene a pensar en ellas, a tomarlas en cuenta? ¿Qué tal si era una niña retraída, poco conversadora, pero con un mundo interior gigantesco y maravilloso? Yo, de niño, convertía en poderosos camiones de carga a humildes latitas (rectangulares) vacías, de sardinas. ¿Qué tal si "Rania" era tan solo una común y minúscula ranita parda convertida por la imaginación de Helena en la rana de los siete colores, más el color de los ojos, por supuesto?

Agradezco muchísmo sus palabras de estímulo, compañero. Un cordial saludo desde esta Venezuela que está entrando en período de verano. Es un final de enero verdaderamente hermoso, brillante, todo luz.
 
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Los colores son pura imaginación, magia, poesía cotidiana. Vivimos suspendidos sobre convenciones imaginativas: tiempo, colores, palabras... lástima que nos creamos tanto nuestros propios cuentos en lugar de saber disfrutarlos. Lástima que menospreciemos tanto el poder de la mágica imaginación infantil.

Un fuerte apretón de manos, compañero. Muchas gracias por venir a acompañar este relato.
Me gusto tanto que vuevo a leerlo, pues tu extendida respuesta
permite apreciar otros elementos y sacarle mas consistencia
a la lectura. saludos siempre de luzyabsenta
 
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En una ciudad moderna, de esas de las que todos los niños y niñas han escuchado hablar o conocen, vive una niña de siete años que tiene cabello ensortijado y corazón de verso. Sus compañeros del segundo grado se ríen de ella, allá en el colegio de monjas, porque siempre está un poquito solitaria y a veces parece que habla sola.

En realidad habla con su amiga Rania, una ranita mágica que se encontró el otro día en el huerto de la escuela y que posee la particularidad de tener siete colores: la cabeza, una patita y una rodilla de color fucsia, el cuerpo y la otra pata delantera en amarillo oro, la pata trasera derecha en verde esmeralda y verde oscuro (más la rodilla fucsia que ya dijimos), la otra pata trasera en azul, oro y púrpura… y la barriga la tiene blanca. ¡Siete colores! Sin contar los ojos, por supuesto, que los tiene de un marrón muy oscuro casi negro.

Fue un encuentro afortunado para ambas: Helena –que así se llama la niña- tenía muy pocos amigos y Rania estaba harta de ser perseguida por niños sin imaginación, o con imaginación retorcida, que solo trataban de usarla como pelota de béisbol. Helena era diferente: en lugar de agarrarla y halarle las patas para verle no sé qué, le habló. Y así obtuvo el privilegio de saber que Rania podía razonar y hablar como cualquier persona. Le dijo que estaba escondida y que no podía cazar porque enseguida la cazada era ella, por esos niños malévolos que cuando encuentran una rana solo pretenden lastimarla.

Helena le pidió permiso para llevarla a casa a fin de que le sirviera como mascota y confidente; y se comprometió a cazarle sabrosas moscas y otros animalitos apetecidos por Rania, quien estaba un poquito desnutrida y famélica. Así se inició una bonita amistad.

Todos los días Helena, luego de salir de la escuela, se detiene en el mercado al aire libre, cerca de la pescadería, y sigilosamente atrapa algunas moscas para Rania. A veces la suelta para que ella misma cace un poco y no pierda la agilidad. De más está decir que Helena se lleva a Rania para la escuela casi todos los días.

El papá de Helena es profesor. Trabaja en tres colegios porque todo el mundo sabe que a los profesores les pagan poquito y entonces él necesita varios trabajos para poder mantener a la familia. Debido a eso Rania ha encontrado una nueva forma de entretenerse durante las largas horas nocturnas: se mete a escondidas en el estudio del papá de Helena, y sin que él lo sospeche, se aprende las clases que el profesor prepara, o lo ve revisar los numerosos trabajos y deberes escolares que él lleva a casa a fin de corregirlos. Por eso se la puede ver (si uno no está trabajando todo el tiempo como el papá de Helena) por las paredes de la habitación, pensando en la mejor manera de resolver operaciones de multiplicación, o recitando poemas de endechas.

Así ha llegado a ser una rana intelectual muy sabia, que puede ayudar a Helena con sus tareas. También sabe jugar scrabble, monopolio y ajedrez. En realidad la pasan muy bien. El otro día vieron una vieja película juntas: Los Muppets, pero a Rania no le gustó; dice que René para nada se parece a una rana normal.

A veces discuten un poco, como lo suelen hacer casi todos los amigos entre sí. Sin embargo lo importante es que Helena ya no está triste ni sola pues tiene lo que nadie más: una amiga mágica de siete colores… sin contar el color de ojos que es marrón oscuro, casi negro.


Enero y siete colores, 2017. César Guevara​
Fascinante la lectura. Adoro los cuentos y este me encantó, César, porque además de imaginativo contiene una gran moraleja en su interior. Cuando crecemos nos preocupamos tanto por las cosas inútiles de la vida que no nos llevan a ninguna parte, que olvidamos las cosas realmente importantes: El calor de un abrazo, el sabor de un beso cada mañana, un cuento antes de dormir. Es tan reconfortante! Nuestros niños merecen toda nuestra atención y cuidados. No solo somos proveedores de alimento, somos su abrigo, su ejemplo, su fortaleza, su paño de lágrimas, su ángel guardián y la verdad, no imagino,:eek: cómo podemos creernos tan responsables si lo más importante no podemos cuidarlo!
La imaginación es un arma poderosa sin duda! Es frecuente ver cómo muchos niños solitarios adoptan amigos imaginarios o mascotas como su refugio, pues en su casa no son escuchados. Qué triste! :(Sonará ruda mi opinión y quizás incorrecta, pero seríamos padres que no alcanzamos ni al valor de una mascota y podría seguir y seguir pero ya:rolleyes: jejeje o me vas a sacar con la escoba.

Disfruté grandemente la lectura y además me hizo sentir niña de nuevo:p:p:p o será que nunca crecí? jajaja creo que la segunda es la más acertada:D:D:D

Puuuuurraaa Viiidaaa! César y que tu día sea hermoso. Gracias por este regalo tan bello. Un abracito.
 
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En una ciudad moderna, de esas de las que todos los niños y niñas han escuchado hablar o conocen, vive una niña de siete años que tiene cabello ensortijado y corazón de verso. Sus compañeros del segundo grado se ríen de ella, allá en el colegio de monjas, porque siempre está un poquito solitaria y a veces parece que habla sola.

En realidad habla con su amiga Rania, una ranita mágica que se encontró el otro día en el huerto de la escuela y que posee la particularidad de tener siete colores: la cabeza, una patita y una rodilla de color fucsia, el cuerpo y la otra pata delantera en amarillo oro, la pata trasera derecha en verde esmeralda y verde oscuro (más la rodilla fucsia que ya dijimos), la otra pata trasera en azul, oro y púrpura… y la barriga la tiene blanca. ¡Siete colores! Sin contar los ojos, por supuesto, que los tiene de un marrón muy oscuro casi negro.

Fue un encuentro afortunado para ambas: Helena –que así se llama la niña- tenía muy pocos amigos y Rania estaba harta de ser perseguida por niños sin imaginación, o con imaginación retorcida, que solo trataban de usarla como pelota de béisbol. Helena era diferente: en lugar de agarrarla y halarle las patas para verle no sé qué, le habló. Y así obtuvo el privilegio de saber que Rania podía razonar y hablar como cualquier persona. Le dijo que estaba escondida y que no podía cazar porque enseguida la cazada era ella, por esos niños malévolos que cuando encuentran una rana solo pretenden lastimarla.

Helena le pidió permiso para llevarla a casa a fin de que le sirviera como mascota y confidente; y se comprometió a cazarle sabrosas moscas y otros animalitos apetecidos por Rania, quien estaba un poquito desnutrida y famélica. Así se inició una bonita amistad.

Todos los días Helena, luego de salir de la escuela, se detiene en el mercado al aire libre, cerca de la pescadería, y sigilosamente atrapa algunas moscas para Rania. A veces la suelta para que ella misma cace un poco y no pierda la agilidad. De más está decir que Helena se lleva a Rania para la escuela casi todos los días.

El papá de Helena es profesor. Trabaja en tres colegios porque todo el mundo sabe que a los profesores les pagan poquito y entonces él necesita varios trabajos para poder mantener a la familia. Debido a eso Rania ha encontrado una nueva forma de entretenerse durante las largas horas nocturnas: se mete a escondidas en el estudio del papá de Helena, y sin que él lo sospeche, se aprende las clases que el profesor prepara, o lo ve revisar los numerosos trabajos y deberes escolares que él lleva a casa a fin de corregirlos. Por eso se la puede ver (si uno no está trabajando todo el tiempo como el papá de Helena) por las paredes de la habitación, pensando en la mejor manera de resolver operaciones de multiplicación, o recitando poemas de endechas.

Así ha llegado a ser una rana intelectual muy sabia, que puede ayudar a Helena con sus tareas. También sabe jugar scrabble, monopolio y ajedrez. En realidad la pasan muy bien. El otro día vieron una vieja película juntas: Los Muppets, pero a Rania no le gustó; dice que René para nada se parece a una rana normal.

A veces discuten un poco, como lo suelen hacer casi todos los amigos entre sí. Sin embargo lo importante es que Helena ya no está triste ni sola pues tiene lo que nadie más: una amiga mágica de siete colores… sin contar el color de ojos que es marrón oscuro, casi negro.


Enero y siete colores, 2017. César Guevara​

Muy bueno este relato hermanaso, muy versatil pues podrÍa calar en otros foros, es casi un triple play jajajaja ¡¡ Que te pareció lo de las Águilas ? nuestra amiga Spring debe estar brincando en una pata jajajaja. Gracias por este momento querido amigo un saludo sincero hasta Mariches.
 
Me gusto tanto que vuevo a leerlo, pues tu extendida respuesta
permite apreciar otros elementos y sacarle mas consistencia
a la lectura. saludos siempre de luzyabsenta

Muchas gracias otra vez. Es un placer escribir cuestiones que gusten a un poeta de su talla, compañero. Saludos desde esta joven noche que me abraza.
 
Fascinante la lectura. Adoro los cuentos y este me encantó, César, porque además de imaginativo contiene una gran moraleja en su interior. Cuando crecemos nos preocupamos tanto por las cosas inútiles de la vida que no nos llevan a ninguna parte, que olvidamos las cosas realmente importantes: El calor de un abrazo, el sabor de un beso cada mañana, un cuento antes de dormir. Es tan reconfortante! Nuestros niños merecen toda nuestra atención y cuidados. No solo somos proveedores de alimento, somos su abrigo, su ejemplo, su fortaleza, su paño de lágrimas, su ángel guardián y la verdad, no imagino,:eek: cómo podemos creernos tan responsables si lo más importante no podemos cuidarlo!
La imaginación es un arma poderosa sin duda! Es frecuente ver cómo muchos niños solitarios adoptan amigos imaginarios o mascotas como su refugio, pues en su casa no son escuchados. Qué triste! :(Sonará ruda mi opinión y quizás incorrecta, pero seríamos padres que no alcanzamos ni al valor de una mascota y podría seguir y seguir pero ya:rolleyes: jejeje o me vas a sacar con la escoba.

Disfruté grandemente la lectura y además me hizo sentir niña de nuevo:p:p:p o será que nunca crecí? jajaja creo que la segunda es la más acertada:D:D:D

Puuuuurraaa Viiidaaa! César y que tu día sea hermoso. Gracias por este regalo tan bello. Un abracito.

¿Cuánto mides de estatura, Rosa de Costa Rica, pura, purita vida? Es para decirte si creciste o no, jajajaja. Y de ninguna manera te voy a sacar a escobazos (midas cuanto midas, jajaja) así escribas un libro entero aquí o donde quieras. Estás diciendo cosas completamente pertinentes, incluido lo de no alcanzar ni el valor de una mascota. En descargo de las madres y los padres, te diré que es un rol sumamente complejo, difícil. Lo ejerces prácticamente sin ayuda social y sí con muchas cuestiones en contra (modas, banalidades, trampas, peligros...). La economía muchas veces no depende de ti sino del entorno donde te encuentras y este a veces te obliga a redoblarte de trabajo para, apenas, medio proveer al hogar. Soy maestro ¿sabes? Y no tienes idea de la cantidad de muchachas y muchachos que he visto con potenciales enormes para diferentes profesiones: artes, ingeniería, medicina... ¡qué sé yo! y se quedan en el camino porque la familia, aun queriendo, no puede ayudarlxs lo suficiente. O porque el entorno social se los traga. No, no la tienen fácil los padres y las madres. Un día de estos escribiré también un cuento para ellxs... ¿me ayudarías, te atrae ese proyecto? Podría tener prosa y verso; a la hora de escribir, para mí, todo vale en tanto nos exprese lo mejor que queramos.

Te agradezco infinitamente la frescura que has traído a este poema en forma de relato, compañera. Se te aprecia. Beso tu mano, Rosa de Costa Rica.
 
Muy bueno este relato hermanaso, muy versatil pues podrÍa calar en otros foros, es casi un triple play jajajaja ¡¡ Que te pareció lo de las Águilas ? nuestra amiga Spring debe estar brincando en una pata jajajaja. Gracias por este momento querido amigo un saludo sincero hasta Mariches.

¿Spring es maracucha? ¡Ya voy a ir a echarle vaina con lo de la Serie del Caribe y las Águilas del Magallanes, jajajaja!. Ganaron brillantemente; todo el mundo pensaba que Lara iba a arrasar (se veían grandes en el papel) y mira.

Muchas gracias por lo que dices del relato, mi pana y por estar aquí. Un abrazo hasta tu costa llena de rumores del Caribe Mar.
 
¿Cuánto mides de estatura, Rosa de Costa Rica, pura, purita vida? Es para decirte si creciste o no, jajajaja. Y de ninguna manera te voy a sacar a escobazos (midas cuanto midas, jajaja) así escribas un libro entero aquí o donde quieras. Estás diciendo cosas completamente pertinentes, incluido lo de no alcanzar ni el valor de una mascota. En descargo de las madres y los padres, te diré que es un rol sumamente complejo, difícil. Lo ejerces prácticamente sin ayuda social y sí con muchas cuestiones en contra (modas, banalidades, trampas, peligros...). La economía muchas veces no depende de ti sino del entorno donde te encuentras y este a veces te obliga a redoblarte de trabajo para, apenas, medio proveer al hogar. Soy maestro ¿sabes? Y no tienes idea de la cantidad de muchachas y muchachos que he visto con potenciales enormes para diferentes profesiones: artes, ingeniería, medicina... ¡qué sé yo! y se quedan en el camino porque la familia, aun queriendo, no puede ayudarlxs lo suficiente. O porque el entorno social se los traga. No, no la tienen fácil los padres y las madres. Un día de estos escribiré también un cuento para ellxs... ¿me ayudarías, te atrae ese proyecto? Podría tener prosa y verso; a la hora de escribir, para mí, todo vale en tanto nos exprese lo mejor que queramos.

Te agradezco infinitamente la frescura que has traído a este poema en forma de relato, compañera. Se te aprecia. Beso tu mano, Rosa de Costa Rica.
Wow! Una invitación pública? Mil gracias, amigo mío.
Cómo podría rechazarla mi estimado César! No creo que mis letras estén a tu altura pero lo intentaré y en todo caso, es un alivio saber que eres maestro para que me corrijas lo suficiente jejeje pero no tires de mis orejas ehhh :D:D:D. Me explicas en privado el plan de trabajo y me tienes muuuchaaa paciencia :pporque a veces no tengo mucho acceso al computador.
Tienes toda la razón en cuánto dices. He estado en todos esos zapatos y sé bien lo difícil que puede ser y lo que significa muchas veces tener que hacer elecciones bajo presión e incluso quedarte sin tus sueños para que tus niños vivan por tí.

En respuesta a la pregunta, mido 1.64 cm así que ni tan baja, ni tan alta:p pero con un corazón que tendrías que medirlo en hectáreas eso sí:p:p:p

Abracito para ti, cargado de cariño.;) y gracias de nuevo.
 
Wow! Una invitación pública? Mil gracias, amigo mío.
Cómo podría rechazarla mi estimado César! No creo que mis letras estén a tu altura pero lo intentaré y en todo caso, es un alivio saber que eres maestro para que me corrijas lo suficiente jejeje pero no tires de mis orejas ehhh :D:D:D. Me explicas en privado el plan de trabajo y me tienes muuuchaaa paciencia :pporque a veces no tengo mucho acceso al computador.
Tienes toda la razón en cuánto dices. He estado en todos esos zapatos y sé bien lo difícil que puede ser y lo que significa muchas veces tener que hacer elecciones bajo presión e incluso quedarte sin tus sueños para que tus niños vivan por tí.

En respuesta a la pregunta, mido 1.64 cm así que ni tan baja, ni tan alta:p pero con un corazón que tendrías que medirlo en hectáreas eso sí:p:p:p

Abracito para ti, cargado de cariño.;) y gracias de nuevo.

No te hagas. Tus letras tienen una hermosa estatura que se acomoda a cualquier otra. Por otra parte, ¿quién osaría halarte las orejas?, jajajaja. Tal vez preferiría apartar tu cabello para ¡verlas mejoooorr! como en el cuento aquel, sí. Y dedicarme a pasear por todas las hectáreas de ese corazón enorme y pura vida del que hablas. Yo, 1,79, así que ni tan bajo ni tan alto. El tamaño de mi corazón si es verdad que no lo conozco. A veces me parece grande otras veces demasiado pequeño para mi gusto... pero uno es como es; hace rato que no lo interrogo al respecto.

Muchas gracias por aceptar la invitación. No te preocupes por lo del acceso a la computadora. Estoy en la misma situación que tú. A lo mejor es a ti a quien le va a tocar tener paciencia. Un abrazo cordial, agradable... para ti, Poeta.
 
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En una ciudad moderna, de esas de las que todos los niños y niñas han escuchado hablar o conocen, vive una niña de siete años que tiene cabello ensortijado y corazón de verso. Sus compañeros del segundo grado se ríen de ella, allá en el colegio de monjas, porque siempre está un poquito solitaria y a veces parece que habla sola.

En realidad habla con su amiga Rania, una ranita mágica que se encontró el otro día en el huerto de la escuela y que posee la particularidad de tener siete colores: la cabeza, una patita y una rodilla de color fucsia, el cuerpo y la otra pata delantera en amarillo oro, la pata trasera derecha en verde esmeralda y verde oscuro (más la rodilla fucsia que ya dijimos), la otra pata trasera en azul, oro y púrpura… y la barriga la tiene blanca. ¡Siete colores! Sin contar los ojos, por supuesto, que los tiene de un marrón muy oscuro casi negro.

Fue un encuentro afortunado para ambas: Helena –que así se llama la niña- tenía muy pocos amigos y Rania estaba harta de ser perseguida por niños sin imaginación, o con imaginación retorcida, que solo trataban de usarla como pelota de béisbol. Helena era diferente: en lugar de agarrarla y halarle las patas para verle no sé qué, le habló. Y así obtuvo el privilegio de saber que Rania podía razonar y hablar como cualquier persona. Le dijo que estaba escondida y que no podía cazar porque enseguida la cazada era ella, por esos niños malévolos que cuando encuentran una rana solo pretenden lastimarla.

Helena le pidió permiso para llevarla a casa a fin de que le sirviera como mascota y confidente; y se comprometió a cazarle sabrosas moscas y otros animalitos apetecidos por Rania, quien estaba un poquito desnutrida y famélica. Así se inició una bonita amistad.

Todos los días Helena, luego de salir de la escuela, se detiene en el mercado al aire libre, cerca de la pescadería, y sigilosamente atrapa algunas moscas para Rania. A veces la suelta para que ella misma cace un poco y no pierda la agilidad. De más está decir que Helena se lleva a Rania para la escuela casi todos los días.

El papá de Helena es profesor. Trabaja en tres colegios porque todo el mundo sabe que a los profesores les pagan poquito y entonces él necesita varios trabajos para poder mantener a la familia. Debido a eso Rania ha encontrado una nueva forma de entretenerse durante las largas horas nocturnas: se mete a escondidas en el estudio del papá de Helena, y sin que él lo sospeche, se aprende las clases que el profesor prepara, o lo ve revisar los numerosos trabajos y deberes escolares que él lleva a casa a fin de corregirlos. Por eso se la puede ver (si uno no está trabajando todo el tiempo como el papá de Helena) por las paredes de la habitación, pensando en la mejor manera de resolver operaciones de multiplicación, o recitando poemas de endechas.

Así ha llegado a ser una rana intelectual muy sabia, que puede ayudar a Helena con sus tareas. También sabe jugar scrabble, monopolio y ajedrez. En realidad la pasan muy bien. El otro día vieron una vieja película juntas: Los Muppets, pero a Rania no le gustó; dice que René para nada se parece a una rana normal.

A veces discuten un poco, como lo suelen hacer casi todos los amigos entre sí. Sin embargo lo importante es que Helena ya no está triste ni sola pues tiene lo que nadie más: una amiga mágica de siete colores… sin contar el color de ojos que es marrón oscuro, casi negro.


Enero y siete colores, 2017. César Guevara​


Que interesante relato César, parece mentira que una imagen logre derramar tanta imaginación.
La descripción de la ranita es todo un desafió, excelente ejercicio mental.
Gusto leerte en prosa.
Te abrazo...te abrazo
 
Que interesante relato César, parece mentira que una imagen logre derramar tanta imaginación.
La descripción de la ranita es todo un desafió, excelente ejercicio mental.
Gusto leerte en prosa.
Te abrazo...te abrazo
Gracias por leerme en prosa, por abrazarme, por abrazarme... y por hacer que me acordara de que había escrito este cuento que hasta a mí me gusta. Un besote para ti. Un besote para ti.
 
Gracias por leerme en prosa, por abrazarme, por abrazarme... y por hacer que me acordara de que había escrito este cuento que hasta a mí me gusta. Un besote para ti. Un besote para ti.

Gracias a ti César, por compartirnos tu original talento, suelo leer los temas y muchas veces los comentarios y hasta hoy que vine a responderte leo que estaban hablando de mi jajaja ¡Qué será de la vida de Selens...?

¡¡ Que te pareció lo de las Águilas ? nuestra amiga Spring debe estar brincando en una pata jajajaja.

¿Spring es maracucha? ¡Ya voy a ir a echarle vaina con lo de la Serie del Caribe y las Águilas del Magallanes, jajajaja!. Ganaron brillantemente;

 
Disfruté leer este bello cuento lleno de magia y color. Creo que estoy de acuerdo con Rania. La rana René no es una rana normal como todas las demás ranas. Pero es simpática y divertida. Me da gusto que Helena finalmente tenga una amiga con la cual compartir sus sueños e ideas. Y pueda dejar volar su imaginación y crear un mundo donde ya no esta sola. Un placer leerle poeta.
 

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