Ana tiene su mirada distante, como si estuviera aquí y, a la vez, en otra parte. En su ser, creo, lleva lo místico de ser de ciudad grande y la naturalidad de haber crecido en el campo. Lo sé porque es amigable y cariñosa, como su sonrisa. Aunque también, muy analítica porque me hace muchas preguntas que, con gustos tolero, pero siempre y cuando pueda recibir de ella respuestas sobre de su misteriosa vida que tanto me intriga.
Yo sé que luego de tres cervezas mis palabras nomas ruedan de mi lengua, así, como el agua de una llave rota. Y así fue, antes de la cuarta cerveza me di cuenta que yo era quien hacía toda la conversación y ella nomas me escuchaba, como si su proyecto fuera que yo le revelara todas las pendejadas que hacia ya once meses y días había dejado de hacer.
De alguna manera, el tanto hablar había hecho sentirme agotado, pero para mí era buena señal porque de algún modo había limpiado mi mente y me sentía renovado, sin el peso de tantas cosas que, sin darme cuenta por tiempos llevaba acarreando.
Sí, bromeé mucho con ella, quizás, para conocerla mejor o para saber más sobre de su otra misteriosa vida. Pero lo que descubrí jamás me lo hubiera esperado. Resulta que Ana es "consejera" una psicóloga muy abrazadora. Después de haberme dicho su profesión, me preguntó si me sentía bien y yo le dije; -aquí es donde precisamente quiero estar-.
Bueno, creo que las amistades funcionan mejor cuando se derrumban barreras de profesión o economicas y se comparten, además de sentimientos, penas o alegrías, esas cosas de la vida que nos dan el bien y extraño sentir de decir que uno ama a la vida, y más cuando las orillas de los atardeceres se van hacia las mañanas que no sabemos si conoceremos.
Es raro tener a una amiga así que quiere oir mi historia, sin beneficios otros más que sus oídos.
Quién pudiera decir que mañana amo a Ana.
Ay que cruz!
Fidel Guerra.
United States
April, 2017.
Yo sé que luego de tres cervezas mis palabras nomas ruedan de mi lengua, así, como el agua de una llave rota. Y así fue, antes de la cuarta cerveza me di cuenta que yo era quien hacía toda la conversación y ella nomas me escuchaba, como si su proyecto fuera que yo le revelara todas las pendejadas que hacia ya once meses y días había dejado de hacer.
De alguna manera, el tanto hablar había hecho sentirme agotado, pero para mí era buena señal porque de algún modo había limpiado mi mente y me sentía renovado, sin el peso de tantas cosas que, sin darme cuenta por tiempos llevaba acarreando.
Sí, bromeé mucho con ella, quizás, para conocerla mejor o para saber más sobre de su otra misteriosa vida. Pero lo que descubrí jamás me lo hubiera esperado. Resulta que Ana es "consejera" una psicóloga muy abrazadora. Después de haberme dicho su profesión, me preguntó si me sentía bien y yo le dije; -aquí es donde precisamente quiero estar-.
Bueno, creo que las amistades funcionan mejor cuando se derrumban barreras de profesión o economicas y se comparten, además de sentimientos, penas o alegrías, esas cosas de la vida que nos dan el bien y extraño sentir de decir que uno ama a la vida, y más cuando las orillas de los atardeceres se van hacia las mañanas que no sabemos si conoceremos.
Es raro tener a una amiga así que quiere oir mi historia, sin beneficios otros más que sus oídos.
Quién pudiera decir que mañana amo a Ana.
Ay que cruz!
Fidel Guerra.
United States
April, 2017.
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