Gracias por el enlace al artículo de los endecasílabos, que ya hojeé hace tiempo pero que aún no he podido estudiar. Me queda pendiente. (Por cierto, cuando es un documento digital, ¿se dice "hojear" u "ojear"?).
Efectivamente: no todos lo hacen, solamente los mejores ;-)
Recupero este asunto de las asonancias (no me resisto) porque he encontrado un ejemplo que puede ser muy ilustrativo de lo que yo quería decir antes cuando hablaba de valorar y sopesar este tipo de "efectos secundarios" de la inspiración (no sólo la asonancias).
Repasando una vez más el Polifemo he reparado en el verso con que se inicia, en la estrofa 13, la presentación y descripción de Galatea:
Ninfa, de Doris hija, la más bella
Es obvio que en este verso encontramos una asonancia entre "ninfa" e "hija". Lo que intentaré justificar es que dicha asonancia, inevitable por las palabras que entran en juego, está valorada y aprovechada muy hábilmente por el poeta.
En este verso (que concluye en el siguiente: "adora, que vio el reino de la espuma") Góngora quiere decir tres cosas sobre Galatea:
- que es una ninfa
- que es hija de Doris
- y que es la más bella (de todo el reino marino)
Los vocablos imprescindibles son, naturalmente: ninfa, hija, Doris, bella. De estas cuatro palabras hay tres ("ninfa", "Doris", "hija") que muy difícilmente pueden ir a final de verso, pues condicionarían en la octava rimas imposibles ("Doris"; "ninfa" rima sólo con "linfa") o muy difíciles e inapropiadas ("hija" rima con subjutivos como "dirija" y con términos que no son demasiado adecuados). Por eso, la palabra para rimar es "bella", que ocupa el final del verso (lugar eminente de la estrofa) y que, además, recoge lo más excepcional y valioso en Galatea, que es su belleza. Así, la expresión podría quedar de la siguiente manera:
[A]
Ninfa, hija de Doris, la más bella...
Pero ahora notamos que hay dos palabras consecutivas que riman en asonante y ocupan, además, dos acentos seguidos: "ninfa" e "hija". Un pequeño intercambio, empleando el hipérbaton, obtiene el resultado final:
Ninfa, de Doris hija, la más bella...
Esta opción, donde obviamente se conserva la asonancia, tiene varias ventajas sobre la precedente (que también era posible):
1) Las cuatro palabras fundamentales recaen en acentos importantes bien distribuidos por todo el verso: 1-4-6-10, un sáfico corto pleno con "síncopa" intensificadora, además, en 9ª (adverbio "más"); la versión anterior [A] era un 1-3-6-10, donde Doris (que no es la protagonista) ocupaba, por cierto, el lugar eminente de la 6ª sílaba.
2) La opción aligera el "peso" de la asonancia en el inicio del verso y lo reparte, con una estructura simétrica IA-OI-IA, a lo largo de la primera parte del verso, logrando un equilibrio mucho mayor, que conviene muy bien a la belleza que se está describiendo, mediante esa disposición circular en que "ninfa" e "hija" rodean a "Doris".
Podemos preguntarnos cuál fue el mecanismo mental del poeta para diseñar este verso, o para escoger esta opción entre todas las ordenaciones posibles (que son veinticuatro, aunque no todas válidas) de las cuatro palabras importantes ("ninfa", "hija", "Doris", "bella"). Quizá Góngora contempló algunas de ellas antes de decantarse por la que eligió. Esto es posible, pero no me parece lo más probable. Yo me inclino a pensar que, obedeciendo a su poderoso oído poético (más que a la bucólica Talía), halló la disposición más perfecta y eficaz de todas las posibles, la reconoció, le dio el "visto bueno" y la escribió; disposición que presenta todas las virtudes mencionadas (equilibrio distribución de acentos, situación de las palabras principales en lugares destacados, gestión de la inevitable asonancia). Todas estas etapas sucesivas que aquí he descrito bien pudieron ser un solo instante en la mente del poeta, o bien costarle un buen rato de trabajo. En todo caso, dio con la solución óptima.
Pero sin duda el ejemplo más espectacular de gestión de las asonancias, y de su puesta al servicio de la expresión, es el muy famoso de la estrofa quinta, con su ritmo vocálico "AE-UA-UA-AE":
infame turba de nocturnas aves
Merece la pena reproducir tal cual el comentario de Dámaso Alonso:
La sensación de oscuridad tiene un prodigioso realce fonético en el verso 7ª:
infame turba de nocturnas aves.
Con insuperable genialidad Góngora repite en ese verso la sílaba tur (con su oscura vocal u): lo asombroso es que sobre esas sílabas tur han ido a caer los acentos rítmicos de 4ª. y 8ª. sílaba. El acento rítmico intensifica las sensaciones coloristas de las palabras. Cuando en Garcilaso leemos un colorista endecasílabo:
cestillos blancos de purpúreas rosas
vemos cómo los acentos de 4ª. y 8ª. sílaba, al caer sobre las sílabas tónicas de blancos y purpúreas, parece que especialmente iluminan o realzan estas palabras. Lo mismo ocurre en el verso de Góngora:
infame turba de nocturnas aves
salvo que lo que se intensifica es la densa lobreguez. Que los dos acentos operen sobre dos sílabas tur parece o inmensa casualidad feliz o insuperable virtuosismo del poeta. (D. Alonso, Góngora y "El Polifemo", Madrid 1994, p. 449).
"Inmensa casualidad feliz o insuperable virtuosismo del poeta", se pregunta Alonso. Y yo me pregunto: ¿no es demasiada casualidad que a algunos, como Góngora, les "suene la flauta" tantas veces? Yo lo tengo claro.