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Romance de Manuela y el mar

Bello y triste, pero con los momentos hermosos del amor.
Los dioses siempre fueron crueles y envidiosos, no dejan disfrutar a los mortales.

Sé que casi es delito pero... has elegido una primera imagen preciosa que describe a la perfección a la niña persiguiendo gaviotas.
jajaja Niña "persiguiendo" gaviotas? ... esa es una imagen que he puesto recientemente en el romance, la inicial es la de abajo, la de la escultura. Lo que yo veo, el la imagen de una niña saltado para alcanzar a las gaviotas, es para mí idílica; si ma cambiara el avatar, si dejara de ser libélula, podría ser esa niña. ya la he puesto en algún otro poema; para mi mas que perseguir es como si quisiera ser una de ellas. Creo que una niña que pasa su infancia rodeada de mar y la playa es como el parque en que juega,y las gaviotas sus compañeras de juego, a la fuerza su salto termina siendo como un vuelo.
En cuanto a la envidia de los dioses con los grandes amores...al arrebatar a uno de los amantes la vida, no consiguen acabar con el amor, sino que lo perpetua. y el resto de la vida es como una búsqueda de alguien que llene su sombra.
Gracias, Oncina, siempre es una suerte para mi, contar con tu mirada de lector, de Poeta.
Un abrazo
Isabel
 
Última edición:
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Las gaviotas en la playa
sobrevuelan a Manuela,
desde que amanece el día
ellas son sus compañeras.

Ya de niña le gustaba
ir con su padre de pesca,
los peces que iba cogiendo
al mar mandaba de vuelta;

un pez cofre, cual joyero,
le guardaba una diadema,
que hecha de lirios marinos
le regaló en primavera;

un pescador muy valiente
loquito de amor por ella,
bajó a las profundidades,
de allí le trajo una perla.

Llegó el día de su boda,
descalza iba por la arena,
de rizada y blanca espuma,
llevaba cola Manuela;

un collar de caracolas,
en sus rizos una estrella;
y Neptuno los casó
y cantaron las sirenas.

Los días que Juan salía
en su barquita de pesca,
sentadita entre gaviotas
solita quedaba ella.

Se cubrió el cielo de nubes,
de malditas nubes negras;
Neptuno de Juan celoso,
se lo entregó a la tormenta;

regresaron las gaviota
venían gritando de pena;
se le paró el corazón
de tanto aguardar su espera.

Las gaviotas en la playa
se posan sobre Manuela,
desde que amanece el día

ellas son sus compañeras.



Ver el archivos adjunto 45524
Realmente maravilloso! Un placer pasar.
Saludos.
 
Tristísimo romance pero de una belleza incuestionable. He visto que ta han apuntado desajustes en los tiempos pero ese aparente desarreglo queda meridianamente justificado en ese inesperado y conmovedor remate donde distingues la persona que fue, de su efigie eterna.
Hablando de estatuas y aunque tenga escasa relación con el hilo argumental de tu soberbio poema estoy con Angel Gonzalez en que ni siquiera estas escapan de la desaparición:


MENSAJE A LAS ESTATUAS


Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga,
músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no cenizas,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido.


Lo dicho, un gran poema. Mi abrazo.


Ah, gracias Vicente, me encanta este poema; yo también creo que las esculturas tienen alma, al menos muchas de ellas, creo que el escultor les da vida, lo notas en la perfección de sus rasgos, de sus músculos, sin duda muchas esculturas tienen vida, porque el buen arte tiene el poder de dar vida.
Gracias, por tu huella, por este regalo de comentario,
Un abrazo
Isabel
 
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Las gaviotas en la playa
sobrevuelan a Manuela,
desde que amanece el día
ellas son sus compañeras.

Ya de niña le gustaba
ir con su padre de pesca,
los peces que iba cogiendo
al mar mandaba de vuelta;

un pez cofre, cual joyero,
le guardaba una diadema,
que hecha de lirios marinos
le regaló en primavera;

un pescador muy valiente
loquito de amor por ella,
bajó a las profundidades,
de allí le trajo una perla.

Llegó el día de su boda,
descalza iba por la arena,
de rizada y blanca espuma,
llevaba cola Manuela;

un collar de caracolas,
en sus rizos una estrella;
y Neptuno los casó
y cantaron las sirenas.

Los días que Juan salía
en su barquita de pesca,
sentadita entre gaviotas
solita quedaba ella.

Se cubrió el cielo de nubes,
de malditas nubes negras;
Neptuno de Juan celoso,
se lo entregó a la tormenta;

regresaron las gaviota
venían gritando de pena;
se le paró el corazón
de tanto aguardar su espera.

Las gaviotas en la playa
se posan sobre Manuela,
desde que amanece el día

ellas son sus compañeras.



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Bello y muy triste.

Un abrazo.
 

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