Camy
Camelia Miranda
Zafas calinas en caminos redoblados;
parece una enmienda de salivaciones,
sepultando oraciones al caer el día,
que si bien se distraen, dejan su jugo.
Y es como brizna que seduce y pule;
serpentea y ahuyenta el entrecejo,
detiene el parpadeo de una lágrima
y sucumbe en una calle que sonríe.
Entonces recurro al sol que aún brilla,
me dejo acariciar por el menú de la brisa
y comulgo con la lluvia que no llega.
Y por más que me seduzca esta tarde;
de árboles que escuchan mis sandeces,
es el norte, mi brújula apuntando sin parar.
parece una enmienda de salivaciones,
sepultando oraciones al caer el día,
que si bien se distraen, dejan su jugo.
Y es como brizna que seduce y pule;
serpentea y ahuyenta el entrecejo,
detiene el parpadeo de una lágrima
y sucumbe en una calle que sonríe.
Entonces recurro al sol que aún brilla,
me dejo acariciar por el menú de la brisa
y comulgo con la lluvia que no llega.
Y por más que me seduzca esta tarde;
de árboles que escuchan mis sandeces,
es el norte, mi brújula apuntando sin parar.
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