lomafresquita
Poeta que no puede vivir sin el portal
Quisiera escuchar el canto dulce de una voz de mujer
el deje de su garganta meciendo el aire de la madrugada,
ver su mirada alegre prendiendo las luces de la tarde,
ser acariciada por sus manos de terciopelo moreno.
Mas los hielos del tiempo cubrieron de escarcha su piel,
y un hilo invisible cosió una mantilla violácea
al azul de sus ojeras, dejando en sus sienes plateadas,
carmines y rosas con dormida fragancia.
Y acuden a mí, pajarillos y luciérnagas blancas,
ecos de antiguas primaveras,
verde oliva y espuma blanca.
Más el cielo se viste de color bronce,
de címbalos y simiente anacarada,
de una palabra que reverbera en mis sienes,
y que me parte el alma,... madre.
Madre... ¿dónde tu canto?, ¿dónde tu gracia?
el deje de su garganta meciendo el aire de la madrugada,
ver su mirada alegre prendiendo las luces de la tarde,
ser acariciada por sus manos de terciopelo moreno.
Mas los hielos del tiempo cubrieron de escarcha su piel,
y un hilo invisible cosió una mantilla violácea
al azul de sus ojeras, dejando en sus sienes plateadas,
carmines y rosas con dormida fragancia.
Y acuden a mí, pajarillos y luciérnagas blancas,
ecos de antiguas primaveras,
verde oliva y espuma blanca.
Más el cielo se viste de color bronce,
de címbalos y simiente anacarada,
de una palabra que reverbera en mis sienes,
y que me parte el alma,... madre.
Madre... ¿dónde tu canto?, ¿dónde tu gracia?
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