Se agitan los misterios

lomafresquita

Poeta que no puede vivir sin el portal
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Díme qué sierpes enrojecen el vino,

un óvalo, una arista, una acritud;

muele el silencio las uvas y el desaliento,

y el carmín oscuro diluído

en el halo triste, amargo,

y taciturno de la savia

perdida... perdida en el sarmiento.



Hoy, atrapada en tus pestañas

de azabache y yunque,

se agitan los misterios.



No hay nada en mí

que orillen mis horas,

que encaucen mi río,

mi río... sin sal,

mi río... sin mar.​
 
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Díme qué sierpes enrojecen el vino,

un óvalo, una arista, una acritud;

muele el silencio las uvas y el desaliento,

y el carmín oscuro diluído

en el halo triste, amargo,

y taciturno de la savia

perdida... perdida en el sarmiento.



Hoy, atrapada en tus pestañas

de azabache y yunque,

se agitan los misterios.



No hay nada en mí

que orillen mis horas,

que encaucen mi río,

mi río... sin sal,

mi río... sin mar.​
Soberbias imágenes en este canto poético de anhelantes sentires.
Un afectuoso abrazo, Isabel.
 
Una bella ensoñación que se complace en interrogantes existenciales moviendo imágenes del subconsciente mezclada con el vino y el sarmiento donde se agitan los misterios, .... una bellísima obra de misterio y mágico encanto, ... la lei tres veces para mojar los pies en tu rio sin sal, de tu rio sin mar ...
 
Última edición:
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Díme qué sierpes enrojecen el vino,

un óvalo, una arista, una acritud;

muele el silencio las uvas y el desaliento,

y el carmín oscuro diluído

en el halo triste, amargo,

y taciturno de la savia

perdida... perdida en el sarmiento.



Hoy, atrapada en tus pestañas

de azabache y yunque,

se agitan los misterios.



No hay nada en mí

que orillen mis horas,

que encaucen mi río,

mi río... sin sal,

mi río... sin mar.​
Jooooo me quedo emocionado y pleno de admiración, que cosa más bonita, que bello poema, los dos versos finales son de concurso, melancolía pura y hermosa. Te mando un gran abrazote rendido a tus versos y a tu humanidad contagiosa querida Isabelica. MMUUAAKKSS. Paco.
 
Es muy bello, sereno, con cierta anestesia de la melancolía.
Geniales imagenes...
 
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Díme qué sierpes enrojecen el vino,

un óvalo, una arista, una acritud;

muele el silencio las uvas y el desaliento,

y el carmín oscuro diluído

en el halo triste, amargo,

y taciturno de la savia

perdida... perdida en el sarmiento.



Hoy, atrapada en tus pestañas

de azabache y yunque,

se agitan los misterios.



No hay nada en mí

que orillen mis horas,

que encaucen mi río,

mi río... sin sal,

mi río... sin mar.​
Esto es poesía, queridísima Isabel. Acarician tus versos, aun en su matiz melancólico. Cada imagen es una sorprendente hermosura. Te felicito y me felicito por tener acceso a esta brillantez.
Te envío mis abrazos y mi cariño, querida amiga. ¿Donde está ese otro que escuché ayer?
Salva.
 
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Díme qué sierpes enrojecen el vino,

un óvalo, una arista, una acritud;

muele el silencio las uvas y el desaliento,

y el carmín oscuro diluído

en el halo triste, amargo,

y taciturno de la savia

perdida... perdida en el sarmiento.



Hoy, atrapada en tus pestañas

de azabache y yunque,

se agitan los misterios.



No hay nada en mí

que orillen mis horas,

que encaucen mi río,

mi río... sin sal,

mi río... sin mar.​
Brillantez melancolia para encauzar esas formas oprimidas.
quedan esos ensueños abiertos en un aliento fresco que
espacia mayolicas sensaciones en el alma.excelente.
saludos de luzyabsenta
 
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Díme qué sierpes enrojecen el vino,

un óvalo, una arista, una acritud;

muele el silencio las uvas y el desaliento,

y el carmín oscuro diluído

en el halo triste, amargo,

y taciturno de la savia

perdida... perdida en el sarmiento.



Hoy, atrapada en tus pestañas

de azabache y yunque,

se agitan los misterios.



No hay nada en mí

que orillen mis horas,

que encaucen mi río,

mi río... sin sal,

mi río... sin mar.​



Un don que merece aplausos mi querida Isabel, sí, traes tu gracia poética para compartirla.
Versos melancólicos y divinos, mis afectos para ti.
 
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Díme qué sierpes enrojecen el vino,

un óvalo, una arista, una acritud;

muele el silencio las uvas y el desaliento,

y el carmín oscuro diluído

en el halo triste, amargo,

y taciturno de la savia

perdida... perdida en el sarmiento.



Hoy, atrapada en tus pestañas

de azabache y yunque,

se agitan los misterios.



No hay nada en mí

que orillen mis horas,

que encaucen mi río,

mi río... sin sal,

mi río... sin mar.​

Bellos versos amiga Loma.
Aunque eso de los sarmientos mm e viene como anillo al dedo, acabo de llegar de la viña, precisamente de eso, de podar y recoger las varas de las cepas, y la verdad es que vengo molido, todo es muy idílico cuando se escribe sobre ello, pero nadie se imagina lo duro que es.
Bueno no te suelto has el rollo.
Enhorabuena por tu poema y un abrazo de halcon.
 

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