Desde el Norte de Castilla
cargaste en el equipaje:
una alforja con lenguaje,
de la Academia, una silla.
Te elevaste a tal altura
-como perdiz revolada-
que tu palabra azogada
era espejo de escritura.
Un lenguaje culto asoma,
bañado en luz, estandarte,
un castellano de arte
-elegancia en el idioma-
Siempre las mejores citas
retornan a la memoria
frases que hicieron historia,
como milanas bonitas.
Describes pulcro Castilla,
solitaria, triste, huraña
como una segunda España
que bosteza, y que no brilla.
Tus viajes, como Machado,
en un vagón de tercera,
tu maleta de madera
y el corazón desbocado.
De piedra los caseríos
bajo un monte de negrura,
cigüeñas a baja altura,
los campanarios sombríos.
Las encinas, los quejigos,
el bosque de matorrales,
son escasos los bancales,
y de huertas, son mendigos.
Esos pueblos salpicados
por el lodo del camino,
su silencio peregrino
sus muros desvencijados.
Es la nimba de tu prosa
de hábitos nazarenos,
y mis versos tan serenos
con redondillas la glosa.
Y de buen caldo, otra taza.
No fuiste Miguel Delibes
sobrio cazador que escribes
si no un escritor que caza.
Fúlgido de la escritura;
en Valladolid se añora
tu pluma conmovedora,
su fineza, su cultura.
Grandes novelas dejaste
legadas de testamento.
Fuente serán y alimento
esas obras que alumbraste.
En su sed alimentabas
los temas, los personajes,
la cultura y los paisajes
de la Castilla que amabas.
Una España sin presentes
en tus novelas relatas,
basta con leer Las ratas
o Los Santos Inocentes.
En Diario de un emigrante
historia de sueños rotos,
un viaje, algunas fotos,
dulce recuerdo sangrante.
Ausencias en los andenes
crecen junto a la estación.
¡Que triste generación
que perdió todos los trenes!.
Trenes de desilusión
-algarabía y chiquillos-
Eran tiempos de caudillos
de rosario, de oración.
Volarán blancas palomas
hacia el cielo. El homenaje
a tus obras, su mensaje.
Y en los libros, tus aromas.
PepeSori
SafeCreative
Marzo2018
cargaste en el equipaje:
una alforja con lenguaje,
de la Academia, una silla.
Te elevaste a tal altura
-como perdiz revolada-
que tu palabra azogada
era espejo de escritura.
Un lenguaje culto asoma,
bañado en luz, estandarte,
un castellano de arte
-elegancia en el idioma-
Siempre las mejores citas
retornan a la memoria
frases que hicieron historia,
como milanas bonitas.
Describes pulcro Castilla,
solitaria, triste, huraña
como una segunda España
que bosteza, y que no brilla.
Tus viajes, como Machado,
en un vagón de tercera,
tu maleta de madera
y el corazón desbocado.
De piedra los caseríos
bajo un monte de negrura,
cigüeñas a baja altura,
los campanarios sombríos.
Las encinas, los quejigos,
el bosque de matorrales,
son escasos los bancales,
y de huertas, son mendigos.
Esos pueblos salpicados
por el lodo del camino,
su silencio peregrino
sus muros desvencijados.
Es la nimba de tu prosa
de hábitos nazarenos,
y mis versos tan serenos
con redondillas la glosa.
Y de buen caldo, otra taza.
No fuiste Miguel Delibes
sobrio cazador que escribes
si no un escritor que caza.
Fúlgido de la escritura;
en Valladolid se añora
tu pluma conmovedora,
su fineza, su cultura.
Grandes novelas dejaste
legadas de testamento.
Fuente serán y alimento
esas obras que alumbraste.
En su sed alimentabas
los temas, los personajes,
la cultura y los paisajes
de la Castilla que amabas.
Una España sin presentes
en tus novelas relatas,
basta con leer Las ratas
o Los Santos Inocentes.
En Diario de un emigrante
historia de sueños rotos,
un viaje, algunas fotos,
dulce recuerdo sangrante.
Ausencias en los andenes
crecen junto a la estación.
¡Que triste generación
que perdió todos los trenes!.
Trenes de desilusión
-algarabía y chiquillos-
Eran tiempos de caudillos
de rosario, de oración.
Volarán blancas palomas
hacia el cielo. El homenaje
a tus obras, su mensaje.
Y en los libros, tus aromas.
PepeSori
SafeCreative
Marzo2018
Última edición: