Camy
Camelia Miranda
Imagíname amor,
aún cuando pasen lentas las horas,
concédete esta visión,
que sabes te pertenece
e intúyeme,
bordando la noche con hilos deliciosos en mis ojos,
mientras la espuma recorre mi desnudez;
preámbulo al rito de perfumar
cada senda de mi piel,
con notas de rosas
y ataviarla con encajes de estreno.
El tocado sencillo
en mi cuello
y mis pies descalzos
proclaman la espera tan querida…
Muy pronto llegarás
con tu piel cansada,
tus manos llenas de faena
y un sendero en los hombros
que sabes colgarás,
hasta el arribo de otra mañana.
Y es que todo lo mereces mi bello señor,
también lo saben las niñas del acuario
y las flores que te sienten
y te responden con su colorido.
Por ello siempre te queremos esperar,
te queremos recibir,
¡me gusta recibirte!
y ser la embajadora que aviste
tu mirada,
sembrando en ese primer instante,
la recompensa del regreso.
Y mi beso…
el pasadizo hacia la bienvenida,
que de inmediato
resguardes cuando te tenga tan cerca
y recibas en un abrazo largo,
la proximidad de la fragancia
que ronda todo mi cuerpo.
Una ofrenda mi cielo,
directa y amorosa desde mis manos,
en el rito hermoso que me seduce
e inspira para hacer y ser.
Todo cuanto esperas
al caer los rayos en el horizonte,
justo en ese segmento
que tu parlamento cuente
y a la vez se otorga el silencio,
sencillamente para recibirnos
y bendecirnos,
cuando al final del día
nos entreguemos…
aún cuando pasen lentas las horas,
concédete esta visión,
que sabes te pertenece
e intúyeme,
bordando la noche con hilos deliciosos en mis ojos,
mientras la espuma recorre mi desnudez;
preámbulo al rito de perfumar
cada senda de mi piel,
con notas de rosas
y ataviarla con encajes de estreno.
El tocado sencillo
en mi cuello
y mis pies descalzos
proclaman la espera tan querida…
Muy pronto llegarás
con tu piel cansada,
tus manos llenas de faena
y un sendero en los hombros
que sabes colgarás,
hasta el arribo de otra mañana.
Y es que todo lo mereces mi bello señor,
también lo saben las niñas del acuario
y las flores que te sienten
y te responden con su colorido.
Por ello siempre te queremos esperar,
te queremos recibir,
¡me gusta recibirte!
y ser la embajadora que aviste
tu mirada,
sembrando en ese primer instante,
la recompensa del regreso.
Y mi beso…
el pasadizo hacia la bienvenida,
que de inmediato
resguardes cuando te tenga tan cerca
y recibas en un abrazo largo,
la proximidad de la fragancia
que ronda todo mi cuerpo.
Una ofrenda mi cielo,
directa y amorosa desde mis manos,
en el rito hermoso que me seduce
e inspira para hacer y ser.
Todo cuanto esperas
al caer los rayos en el horizonte,
justo en ese segmento
que tu parlamento cuente
y a la vez se otorga el silencio,
sencillamente para recibirnos
y bendecirnos,
cuando al final del día
nos entreguemos…
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