Mujer Morena
Poeta asiduo al portal
De vez en cuando
mis ojos amanecen secos
ajenos a las lunas diurnas
como sí les hubieran extirpado el resplandor.
A lo lejos me llega un murmullo
como nido de cascada
en vigilia permanente
que se distrae
con los pájaros que emigran sin despedirse.
La fuerza de gravedad
se niega a abandonar su puesto
sin importar que las aves huyan
o que las cascadas no paren de suspirar.
Y yo que solo pasaba por aquí
por llamado del ocaso
que siempre insiste en contarme
mil y un secretos
y al final se guarda todo
bajo la negrura de su falda.
Mis latidos ya envejecidos
se han cansado de correr tras las quimeras
de los primeros años
porque el caduco cascaron que las guarda
renunció a ser el vigía.
Ahí viene de nuevo la sequía
que se lo traga todo
hasta los versos trágicos
que se esconden
en mis alas negras.
mis ojos amanecen secos
ajenos a las lunas diurnas
como sí les hubieran extirpado el resplandor.
A lo lejos me llega un murmullo
como nido de cascada
en vigilia permanente
que se distrae
con los pájaros que emigran sin despedirse.
La fuerza de gravedad
se niega a abandonar su puesto
sin importar que las aves huyan
o que las cascadas no paren de suspirar.
Y yo que solo pasaba por aquí
por llamado del ocaso
que siempre insiste en contarme
mil y un secretos
y al final se guarda todo
bajo la negrura de su falda.
Mis latidos ya envejecidos
se han cansado de correr tras las quimeras
de los primeros años
porque el caduco cascaron que las guarda
renunció a ser el vigía.
Ahí viene de nuevo la sequía
que se lo traga todo
hasta los versos trágicos
que se esconden
en mis alas negras.
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