Sobre los viejos tejados
cae la tarde callada,
de amarillo y malva y sola,
tan profunda y tan romántica.
Los ruiseñores del parque
enmudecen sus cantatas,
la luna sale del monte
con un blancor de biznagas.
Por las callejas del pueblo
las viejas farolas hablan,
solo en la plaza se escucha
el llanto de la fontana.
El río ahoga la espina
pero queda la del alma,
y el crepúsculo y la luna
traen a mi su fragancia.
El cielo llama a mis sueños,
que se han hecho viva entraña
de la infinita melodía
que la noche airea y canta.
¡Soledad de Soledades,
pensativa y sin palabra,
siempre firme y melancólica,
siempre fría y solitaria,
silencio que pones triste
al aire con voz amarga!
¿Por qué me separas de
todo lo vivo que pasa?
Voy llorando por la calle
con la tristeza cuajada,
y veo morir las rosas
al contacto de mis lágrimas.
Bajo el aire conmovido,
la noche oscura resbala
con una voz que no es de
cuna, ni dulzura mansa.
Los árboles del jardín
se han escondido en sus ramas
y dos mirlos ponen, tiernas
canciones con sus gargantas.
Una estrella me recuerda
su cara suave y rosada
pero la razón y el tiempo,
sentires de fuentes claras,
cuando pronuncio su nombre
en la umbría madrugada,
hacen que sufran mis venas
por una promesa vaga.
Mi eterna Soledad, tu
pena negra se hace plata
con el paso de los años
y me colma de distancias.
En ti dejo esta ilusión
vencida y pisoteada
por amor, amor de nunca,
oculto tras una máscara.
Soledad de mis pesares,
que llegas muda y con ansia
y abrazas a quien deambula
hacia el reino de la nada;
¡Qué haré yo por estas calles
rodeado de miradas
ocultas mientras la noche
oscura extiende su sábana!
*
He llegado al meridiano
con un ramo de nostalgia,
donde reside el olvido
y te doblan las campanas,
donde el cielo es todo verde
y los pinos son estatuas
en el monte solitario
velando la inmensa calma.
*
Sobre los viejos tejados
cayó la tarde callada,
y el crepúsculo y la luna
me dejaron su fragancia.
Luis
cae la tarde callada,
de amarillo y malva y sola,
tan profunda y tan romántica.
Los ruiseñores del parque
enmudecen sus cantatas,
la luna sale del monte
con un blancor de biznagas.
Por las callejas del pueblo
las viejas farolas hablan,
solo en la plaza se escucha
el llanto de la fontana.
El río ahoga la espina
pero queda la del alma,
y el crepúsculo y la luna
traen a mi su fragancia.
El cielo llama a mis sueños,
que se han hecho viva entraña
de la infinita melodía
que la noche airea y canta.
¡Soledad de Soledades,
pensativa y sin palabra,
siempre firme y melancólica,
siempre fría y solitaria,
silencio que pones triste
al aire con voz amarga!
¿Por qué me separas de
todo lo vivo que pasa?
Voy llorando por la calle
con la tristeza cuajada,
y veo morir las rosas
al contacto de mis lágrimas.
Bajo el aire conmovido,
la noche oscura resbala
con una voz que no es de
cuna, ni dulzura mansa.
Los árboles del jardín
se han escondido en sus ramas
y dos mirlos ponen, tiernas
canciones con sus gargantas.
Una estrella me recuerda
su cara suave y rosada
pero la razón y el tiempo,
sentires de fuentes claras,
cuando pronuncio su nombre
en la umbría madrugada,
hacen que sufran mis venas
por una promesa vaga.
Mi eterna Soledad, tu
pena negra se hace plata
con el paso de los años
y me colma de distancias.
En ti dejo esta ilusión
vencida y pisoteada
por amor, amor de nunca,
oculto tras una máscara.
Soledad de mis pesares,
que llegas muda y con ansia
y abrazas a quien deambula
hacia el reino de la nada;
¡Qué haré yo por estas calles
rodeado de miradas
ocultas mientras la noche
oscura extiende su sábana!
*
He llegado al meridiano
con un ramo de nostalgia,
donde reside el olvido
y te doblan las campanas,
donde el cielo es todo verde
y los pinos son estatuas
en el monte solitario
velando la inmensa calma.
*
Sobre los viejos tejados
cayó la tarde callada,
y el crepúsculo y la luna
me dejaron su fragancia.
Luis