Asomada a la ventana
y abrazándose a si misma,
ebria de fe lo aguardaba.
Asomada a la ventana.
Un recuerdo la llegaba
y al dejar caer sus párpados,
sentía vacía el alma.
Asomada a la ventana.
Unos mirlos susurraban
ocultos en ramas cual
si a un enfermo velaran.
El silencio estrangulaba
su arrogancia, en tanto la
pena se hacía montaña.
Asomada a la ventana.
El suspiro la pesaba
ya carente de sentido
al beso de la alborada.
¡Ay sus pupilas en llanto!
¡Ay que fría está su cama!
Luis
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