El perdón

penabad57

Poeta veterano en el portal
Eras tú, madre, mi piedad.

Vi tu lejanía, tu voz de diosa,
tu luz ausente.

A un niño hay que colmarlo de días
como si fuera
un ángel de albura.

Regálale un suéter hecho por ti,
una palabra o una mentira que lo calmen,
dale la orgullosa complacencia
de ser rama de tu vientre,
un sol que nacerá fértil.

Mira a tu alrededor,
el vacío se torna negro,
las preguntas lloraron
porque un alud de incomprensibles signos
violó la verdad de una pisada.

Yo te nombro en la melancolía de mis años
cuando un jardín quiere ser tu arbitrio,
tu sed y mi desdicha.

Hay marcas que duelen,
otras se han vuelto cicatriz,
suave tul o ceniza
de un pasado que ignora.

Si pudieras ser
lenta caricia de un oasis yacente,
si en el halo de un recuerdo
se volviera gris la llama de la voluntad
y una mirada,
caleidoscópica, lúcida,
me mostrara tu deseo de salvarme
como si al fin
-por fin-
tú fueras yo.

Entonces, perdonaría tu silencio.
 
En primer lugar, si ella tiene voz de diosa, ¿ Por qué guarda silencio ?
Y en segundo lugar, ¿ Cómo suena el silencio ?
¿ Es bastante poderoso ?
Porque como reza el proverbio árabe:


<< Quien no entiende una mirada, tampoco entenderá una larga explicación. >>




Aquí tienes un ejemplo de canción, que suena.
Supongo que es más bella que el silencio.
Y si no, condénala.
Ya sabes: " Os excomulgo, como obispo que soy, hijo de mi diosa madre. "
 
Última edición:
Eras tú, madre, mi piedad.

Vi tu lejanía, tu voz de diosa,
tu luz ausente.

A un niño hay que colmarlo de días
como si fuera
un ángel de albura.

Regálale un suéter hecho por ti,
una palabra o una mentira que lo calmen,
dale la orgullosa complacencia
de ser rama de tu vientre,
un sol que nacerá fértil.

Mira a tu alrededor,
el vacío se torna negro,
las preguntas lloraron
porque un alud de incomprensibles signos
violó la verdad de una pisada.

Yo te nombro en la melancolía de mis años
cuando un jardín quiere ser tu arbitrio,
tu sed y mi desdicha.

Hay marcas que duelen,
otras se han vuelto cicatriz,
suave tul o ceniza
de un pasado que ignora.

Si pudieras ser
lenta caricia de un oasis yacente,
si en el halo de un recuerdo
se volviera gris la llama de la voluntad
y una mirada,
caleidoscópica, lúcida,
me mostrara tu deseo de salvarme
como si al fin
-por fin-
tú fueras yo.

Entonces, perdonaría tu silencio.



Intimo y personal sentimiento que arranca desde las vísceras del alma...
"perdonar es divino"

Un placer es volver a leerte,amigo.
Excelente trabajo...mi respeto,Poeta.
Un abrazo.
Eban
 
Versos que transmiten bellas y melancólica imágenes, excelente creación, bello poema, como siempre amigo penabad me sorprende la calidad de la obra,siempre puntos altos,felicitaciones un placer leerte.
Un abrazo fraterno poeta.
 
Poema lleno de resentimiento por no tener la madre que uno desearía; pero a veces, lamentablemente, algunas madres no están a la altura, y eso duele.
Humanos sentimientos que conmueven.
Un saludo poético para ti.
 
Eras tú, madre, mi piedad.

Vi tu lejanía, tu voz de diosa,
tu luz ausente.

A un niño hay que colmarlo de días
como si fuera
un ángel de albura.

Regálale un suéter hecho por ti,
una palabra o una mentira que lo calmen,
dale la orgullosa complacencia
de ser rama de tu vientre,
un sol que nacerá fértil.

Mira a tu alrededor,
el vacío se torna negro,
las preguntas lloraron
porque un alud de incomprensibles signos
violó la verdad de una pisada.

Yo te nombro en la melancolía de mis años
cuando un jardín quiere ser tu arbitrio,
tu sed y mi desdicha.

Hay marcas que duelen,
otras se han vuelto cicatriz,
suave tul o ceniza
de un pasado que ignora.

Si pudieras ser
lenta caricia de un oasis yacente,
si en el halo de un recuerdo
se volviera gris la llama de la voluntad
y una mirada,
caleidoscópica, lúcida,
me mostrara tu deseo de salvarme
como si al fin
-por fin-
tú fueras yo.

Entonces, perdonaría tu silencio.
Muy bonito poema, con algo de misericordia. Un gusto pasar, saludos.
Azalea.
 
Eras tú, madre, mi piedad.

Vi tu lejanía, tu voz de diosa,
tu luz ausente.

A un niño hay que colmarlo de días
como si fuera
un ángel de albura.

Regálale un suéter hecho por ti,
una palabra o una mentira que lo calmen,
dale la orgullosa complacencia
de ser rama de tu vientre,
un sol que nacerá fértil.

Mira a tu alrededor,
el vacío se torna negro,
las preguntas lloraron
porque un alud de incomprensibles signos
violó la verdad de una pisada.

Yo te nombro en la melancolía de mis años
cuando un jardín quiere ser tu arbitrio,
tu sed y mi desdicha.

Hay marcas que duelen,
otras se han vuelto cicatriz,
suave tul o ceniza
de un pasado que ignora.

Si pudieras ser
lenta caricia de un oasis yacente,
si en el halo de un recuerdo
se volviera gris la llama de la voluntad
y una mirada,
caleidoscópica, lúcida,
me mostrara tu deseo de salvarme
como si al fin
-por fin-
tú fueras yo.

Entonces, perdonaría tu silencio.
Puedo indentificarme en tus sensibles letras ..Bello poema ,muy sentido. Un abrazo
 
En primer lugar, si ella tiene voz de diosa, ¿ Por qué guarda silencio ?
Y en segundo lugar, ¿ Cómo suena el silencio ?
¿ Es bastante poderoso ?
Porque como reza el proverbio árabe:


<< Quien no entiende una mirada, tampoco entenderá una larga explicación. >>




Aquí tienes un ejemplo de canción, que suena.
Supongo que es más bella que el silencio.
Y si no, condénala.
Ya sabes: " Os excomulgo, como obispo que soy, hijo de mi diosa madre. "
Gracias por leer y comentar. Un saludo.
 
Eras tú, madre, mi piedad.

Vi tu lejanía, tu voz de diosa,
tu luz ausente.

A un niño hay que colmarlo de días
como si fuera
un ángel de albura.

Regálale un suéter hecho por ti,
una palabra o una mentira que lo calmen,
dale la orgullosa complacencia
de ser rama de tu vientre,
un sol que nacerá fértil.

Mira a tu alrededor,
el vacío se torna negro,
las preguntas lloraron
porque un alud de incomprensibles signos
violó la verdad de una pisada.

Yo te nombro en la melancolía de mis años
cuando un jardín quiere ser tu arbitrio,
tu sed y mi desdicha.

Hay marcas que duelen,
otras se han vuelto cicatriz,
suave tul o ceniza
de un pasado que ignora.

Si pudieras ser
lenta caricia de un oasis yacente,
si en el halo de un recuerdo
se volviera gris la llama de la voluntad
y una mirada,
caleidoscópica, lúcida,
me mostrara tu deseo de salvarme
como si al fin
-por fin-
tú fueras yo.

Entonces, perdonaría tu silencio.
Una madre entra para nunca más salir. Saludos cordiales, penabad.
 
Eras tú, madre, mi piedad.

Vi tu lejanía, tu voz de diosa,
tu luz ausente.

A un niño hay que colmarlo de días
como si fuera
un ángel de albura.

Regálale un suéter hecho por ti,
una palabra o una mentira que lo calmen,
dale la orgullosa complacencia
de ser rama de tu vientre,
un sol que nacerá fértil.

Mira a tu alrededor,
el vacío se torna negro,
las preguntas lloraron
porque un alud de incomprensibles signos
violó la verdad de una pisada.

Yo te nombro en la melancolía de mis años
cuando un jardín quiere ser tu arbitrio,
tu sed y mi desdicha.

Hay marcas que duelen,
otras se han vuelto cicatriz,
suave tul o ceniza
de un pasado que ignora.

Si pudieras ser
lenta caricia de un oasis yacente,
si en el halo de un recuerdo
se volviera gris la llama de la voluntad
y una mirada,
caleidoscópica, lúcida,
me mostrara tu deseo de salvarme
como si al fin
-por fin-
tú fueras yo.

Entonces, perdonaría tu silencio.
Ciertamente
Hay marcas que duelen
Saludes
 
Eras tú, madre, mi piedad.

Vi tu lejanía, tu voz de diosa,
tu luz ausente.

A un niño hay que colmarlo de días
como si fuera
un ángel de albura.

Regálale un suéter hecho por ti,
una palabra o una mentira que lo calmen,
dale la orgullosa complacencia
de ser rama de tu vientre,
un sol que nacerá fértil.

Mira a tu alrededor,
el vacío se torna negro,
las preguntas lloraron
porque un alud de incomprensibles signos
violó la verdad de una pisada.

Yo te nombro en la melancolía de mis años
cuando un jardín quiere ser tu arbitrio,
tu sed y mi desdicha.

Hay marcas que duelen,
otras se han vuelto cicatriz,
suave tul o ceniza
de un pasado que ignora.

Si pudieras ser
lenta caricia de un oasis yacente,
si en el halo de un recuerdo
se volviera gris la llama de la voluntad
y una mirada,
caleidoscópica, lúcida,
me mostrara tu deseo de salvarme
como si al fin
-por fin-
tú fueras yo.

Entonces, perdonaría tu silencio.
Primero nos tenemos que perdonar para poder hacerlo con los demás.
Pero una madre, es una madre
Grato leer esta entonación de lo profundo de tu alma penabad57
Un abrazo
Camelia
 

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