despertando
Poeta adicto al portal
Ya no te cuidaré más, Trefacio,
ya no te acariciaré…
Ya no te verán mis ojos
ni sonreirá mi corazón
al asomarme al balcón
de la Puente de piedra,
a contemplar las truchas
de tu cristalino río.
Ya no te pisarán las suelas de mis zapatos,
mas las huellas que dejaron mis pasos
Amor nunca las olvidará,
y las palabras que pronunciaron
mis labios
se quedarán por siempre en tu memoria.
Ya no escucharé el continuo susurro,
el trinar de las pajarillos
ni el replicar de tus campanas…
Ya no moriremos en silencio,
Trefacio mío,
ni nos agobiaremos
en soledad, en agonía
o en incomprensión.
Porque tú me enseñaste
a alzar mi voz al mundo,
a ser guerrera de mil batallas,
a no callarme ante la mentira
y las injusticias,
que quieren destruir
nuestro espíritu de Amor,
de luz y de unidad….
Ya no, ya no aguanto más
estos últimos y eternos días
que me quedan para despedirme de ti.
Ya no, ya no le tendré miedo
a vivir sin ti;
sin tu calor, sin tu fuerza,
sin tu belleza
y sin tus raíces,
que siempre serán las mías.
Ya me voy, pero contigo,
mi fiel amigo, Trefacio;
mi amado correspondido,
mi vida, mi dulce herida,
y el lugar donde más he vivido.
ya no te acariciaré…
Ya no te verán mis ojos
ni sonreirá mi corazón
al asomarme al balcón
de la Puente de piedra,
a contemplar las truchas
de tu cristalino río.
Ya no te pisarán las suelas de mis zapatos,
mas las huellas que dejaron mis pasos
Amor nunca las olvidará,
y las palabras que pronunciaron
mis labios
se quedarán por siempre en tu memoria.
Ya no escucharé el continuo susurro,
el trinar de las pajarillos
ni el replicar de tus campanas…
Ya no moriremos en silencio,
Trefacio mío,
ni nos agobiaremos
en soledad, en agonía
o en incomprensión.
Porque tú me enseñaste
a alzar mi voz al mundo,
a ser guerrera de mil batallas,
a no callarme ante la mentira
y las injusticias,
que quieren destruir
nuestro espíritu de Amor,
de luz y de unidad….
Ya no, ya no aguanto más
estos últimos y eternos días
que me quedan para despedirme de ti.
Ya no, ya no le tendré miedo
a vivir sin ti;
sin tu calor, sin tu fuerza,
sin tu belleza
y sin tus raíces,
que siempre serán las mías.
Ya me voy, pero contigo,
mi fiel amigo, Trefacio;
mi amado correspondido,
mi vida, mi dulce herida,
y el lugar donde más he vivido.