Siéntate a la orilla del horizonte,
déjate obnubilar por la oscura belleza del cielo;
tómame aquí, ahora, entre tus manos
y que tus labios sedientos,
en la cima de mis montañas,
serpenteen como el viento
bebiendo
sorbo a sorbo
rocío de estrellas.
Vamos. Decídete...
Acércate,
siente el aroma primaveral
que emana de mi fértil, desnuda y húmeda silueta.
Quiero ser la flor más bella del jardín de tus sueños...
Sé tú el floricultor
que siembra la semilla en el universo de mis deseos.
Ven...
Deseo besar las manos que en el vergel de mi alma
han hecho nacer flores
de múltiples colores
a partir de mis lágrimas.
Seamos libres...
Yo, rosa; tú clavel.
Dejemos fluir la líbido que abrasa nuestros cuerpos
y nos llena de placer...
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