lesmo
Poeta veterano en el portal
... perro que no me deja ni se calla
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
[...]
Umbrío por la pena, casi bruno
Miguel Hernández.
Displicencias
No me busques compases de alegría
que muero lentamente solo y uno,
con gruñidos de un perro inoportuno
con un timbre de voz que conocía.
Y transito en el filo, noche y día,
de una espada afilada, donde aúno
el calor que sentía que ahora ayuno
con lo amable vetado, y a porfía.
Mis desvelos lo son desconocidos,
degradados a ser obligaciones,
que con vara amañada son medidos.
Lo peor son la vacuas emociones,
la enorme displicencia en los oídos
atronando por todos mis rincones.
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