Antonio
Moderador ENSEÑANTE/asesor en Foro poética clásica
Miembro del equipo
Moderadores
Moderador enseñante
Este romance nos cuenta
una historia muy indigna
de indeseables manadas
que comen de sus mentiras.
Al acecho los caninos
aguardando en sus guaridas
están con la lengua fuera
por la boca echan saliva.
Con calma esperan sus presas,
y escondiendo sus manías
dejaran pasen la senda
atacando a la salida.
Mientras están observando
van dejando alguna china,
deseando que tropiecen,
y otros se juegan la vida.
Malditos depredadores
encantadores de ardillas,
abusan de su ignorancia
y las ceban con semillas.
Pues saben que la memoria
es una causa perdida,
y usando el paso del tiempo
borran su historia sombría.
Por ello duermen felices
mientras transcurren los días
esperando que no acierten
y así ganar la partida.
¡Que pena me da esta tierra!
¡Que pena me da su herida!
¡Que rabia me dan los lobos
que muerden con saña e ira!

una historia muy indigna
de indeseables manadas
que comen de sus mentiras.
Al acecho los caninos
aguardando en sus guaridas
están con la lengua fuera
por la boca echan saliva.
Con calma esperan sus presas,
y escondiendo sus manías
dejaran pasen la senda
atacando a la salida.
Mientras están observando
van dejando alguna china,
deseando que tropiecen,
y otros se juegan la vida.
Malditos depredadores
encantadores de ardillas,
abusan de su ignorancia
y las ceban con semillas.
Pues saben que la memoria
es una causa perdida,
y usando el paso del tiempo
borran su historia sombría.
Por ello duermen felices
mientras transcurren los días
esperando que no acierten
y así ganar la partida.
¡Que pena me da esta tierra!
¡Que pena me da su herida!
¡Que rabia me dan los lobos
que muerden con saña e ira!
