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Lluvia de invierno

musador

esperando...
Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.
.

Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

1. Más alla'de que «roncos atabales» sea o no una metagoge, sin duda al escribir este verso recordé el hermoso poema de Nicolás Guillén llamado «El abuelo».
 
Última edición:
Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
con tañido de roncos atabales *
que en las chapas agotan su viveza.

Orla de perlas el luciente verde **
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.
Hermoso soneto, Hermanazo, cuyo paisaje invernal parece descrito por un ser triste, ávido de belleza y esencialmente nostálgico. Poderosa combinación esta que te ha permitido alcanzar interesantísimas y altas cotas de lirismo. La descripción, todo un derroche de inspiración; la métrica, perfecta; la gramática impecable. Únicamente te sugeriría que en el verso * anexaras una nota reconociendo la autoría de esa metagoge a Nicolás Guillén. Yo, particularmente, la leí hace años en su soneto «El abuelo». La aliteración en **, aunque no está pensada en la semántica del verso, me parece muy atractiva.
En fin... un acierto poético más de tu incansable y talentosa pluma.
Un abrazo infinito.
 
Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.
.

Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

1. Más alla'de que «roncos atabales» sea o no una metagoge, sin duda al escribir este verso recordé el hermoso poema de Nicolás Guillén llamado «El abuelo».


Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Una precisosidad , te felicito, me encantó. No conocía la palabra guedejas. Describes esos sauces con unas metáforas preciosas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.

Hermoso cuarteto, "LLuvia ...que riega la tristeza " "roncos atabales", (no conocía el significado). Aquí describes esas tardes lluviosas con mucho lirismo. Es verdaderamente bello.

Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Estos serventesios también son preciosos , pero se me hacen raros sin comas.
"el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno"
Qué bonitos versos para señalar la eternidad de la belleza de la naturaleza.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

No conocía estas aves. Bonita combinación entre el vuelo de estas aves y el volar del tiempo.

En definitiva, Jorge, uno de estos poemas, en los que uno cuando los lee, tiene que descubrirse y designar a su autor con la palabra POETA. Uno de los poemas más interesantes y hermosos de lo que llevo leído en el foro.
FELICITACIONES Y ABRAZO
 
Con unas metáforas realmente bellas y brillantes Jorge, has hecho una descripción de esa estación que ahora comienza por tus tierras y que te ha inspirado un soneto inglés de muchíma altura poética.
Algún término nuevo he aprendido también hoy leyéndote, como atabal o guedeja.
No concocía ese poema de Guillén que citas y que he ido a leer; es un soneto en alejandrinos realmente magnífico.
Tú también has estado aquí realmente magnífico.
Abrazo.

Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.
.

Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

1. Más alla'de que «roncos atabales» sea o no una metagoge, sin duda al escribir este verso recordé el hermoso poema de Nicolás Guillén llamado «El abuelo».
 
Gracias, Elhi, me ha gustado tu comentario. Ya he puesto la nota reconociendo mi deuda con Nicolás Guillén. De los efectos retóricos, uno que me gusta es el recorrido que hace en su caída la metonimia del color en el primer cuarteto: rubias-amarillas-doradas; no sé si este efecto tendrá un nombre, pero me parece interesante este recorrido paralelo al de la caída de las hojas del sauce que describe.
Otro efecto curioso, que me decidió a dejar así ese verso después de varios ensayos, es el de las gotas que «agotan su viveza» al golpear las chapas del techo, en este caso la referencia a las gotas del verbo «agotar» se suma a la semántica de la lluvia.
abrazo
J
 
Gracias, Luis Adolfo, por tu detallado comentario. Acerca de las comas, te diré que revisé varias veces todo el poema, es raro que yo no ponga ninguna, pero no encontré ningún lugar donde me parecieran necesarias.
Es interesante el uso de la palabra «muerde», que tiene cierto aspecto ripioso; sin embargo debo decir que a mí la belleza en ciertas circunstancias me resulta intensamente dolorosa, es una metáfora justa decir que siento su mordisco.
Los zorzales a los que hace referencia el pareado final, cuyo nombre científico es Turdus rufiventris, son aves muy abundantes en la isla del delta del Paraná donde suelo pasar mis fines de semana. En primavera, sobre todo a la madrugada, inundan el aire con su melodioso canto, pero en invierno su breve silbido apenas recuerda esos recitales.
abrazo
J
 
Gracias, Juan. Me he quedado pensando si no tenemos todos en algún lugar recóndito esos roncos atabales, más allá de que tengamos o no sangre negra como la angélica mujer sobre la que escribe Guillén. Hay circunstancias en que sentimos intensamente cierto espíritu prehistórico, recuerdo por ejemplo alguna vez que improvisé una «danza del fuego» ante una hoguera (había tomado algún vino, debo admitir). Quizás esto tenga que ver con esa maravilla, revolucionaria en su tiempo, que se llama «La consagración de la primavera», de Stravinsky. La sustancia de la poesía es el ritmo, y el ritmo es un fenómeno con una densa historia tan larga como la de la humanidad, o más...
abrazo
J
 
Sólo pueden salir estos sauces, estimado Musador,
de la pluma de quien los ha observado mucho tiempo, en toda época del año,
siendo éstos evidentemente al comienzo del invierno,
cuando amarillean para despojarse y renovarse totalmente en primavera;
lamiendo sus hojas las aguas del río, como bebiendo
y sumando su melancólica lluvia a la imagen total;
te felicito,
un saludo cordial,
Eduardo
 
Gracias, Eduardo, por tu pertinente comentario y esa metáfora de las hojas lenguas, bien adecuada para estos Narcisos que insisten en besarse...
La renovación de los sauces...: hay un día, a lo más una semana, a fines de agosto, donde entre sus ramas se ve el «aire verde», metáfora descriptiva de Haroldo Conti que recuerdo cada primavera. A la semana siguiente ya son hojas a la vista y se pierde ese efecto singular.

abrazo
J
 
Gracias, Juan. Me he quedado pensando si no tenemos todos en algún lugar recóndito esos roncos atabales, más allá de que tengamos o no sangre negra como la angélica mujer sobre la que escribe Guillén. Hay circunstancias en que sentimos intensamente cierto espíritu prehistórico, recuerdo por ejemplo alguna vez que improvisé una «danza del fuego» ante una hoguera (había tomado algún vino, debo admitir). Quizás esto tenga que ver con esa maravilla, revolucionaria en su tiempo, que se llama «La consagración de la primavera», de Stravinsky. La sustancia de la poesía es el ritmo, y el ritmo es un fenómeno con una densa historia tan larga como la de la humanidad, o más...
abrazo
J

Me hubiera gustado ver esa danza tuya, Jorge, danza que solo puede alcanzar su máximo estado de ritmo cuando se actúa con la desinhibición y libertad que produce la ebriedad, en eso tienes mucha razón. Yo recuerdo haber tenido también una experiencia similar en alguna playa, en altas horas nocturnas, con hoguera y, naturalmente, Luna llena; alguien tocaba unos bongos, por supuesto. Sí, también había ebriedad en mi danza. En esa época aun frecuentaba el alcohol que era ron en aquel caso.

Lo que dices al final de tu comentario me ha hecho recordar un ensayo magnífico de Octavio Paz donde se habla de la relación del ritmo y la danza con la poesía. Ese ensayo es una pequeña joya en mi opinión. Se llama "El arco y la lira". No sé si alguna vez te lo comenté y mandé; por si acaso no lo tienes te dejo el enlace:

https://estrategiadidactica.files.wordpress.com/2012/09/paz-octavio_-el-arco-y-la-lira.pdf

Abrazo.
 
Pues esa danza mía fue sin música, Juan, más allá del hálito de un cielo estrellado (aunque la Danza del Fuego, del Amor Brujo de Falla, la llevo ya en la sangre. ¡Qué grande Gades!). Fue una navidad que pasé a solas con mi madre, «suprimiendo la navidad» por la amargura que a ambos nos embargaba, con gusto a muerte. Gran amiga mi madre, debo decir.
El trabajo de Paz ya me lo pasaste otra vez, excelente ejemplo de lo que es el ritmo en la prosa de un poeta.
J.
 
Última edición:
Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.
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Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

1. Más alla'de que «roncos atabales» sea o no una metagoge, sin duda al escribir este verso recordé el hermoso poema de Nicolás Guillén llamado «El abuelo».


¿Qué puedo decirte Jorge, que no te hayan dicho ya Elhi, Luis Adolfo, Juan, Eduardo, etc.. ? Yo también creo que este es uno de tus mejores poemas, por el alto lirismo de cada uno de sus versos... los comentarios y tus respuestas, tampoco tienen desperdicio, al leer lo que comentas, observo, admirada, cuanta riqueza encierra tu poesia en los detalles que nunca capto del todo en una primera lectura, "mi duende", para las lecturas, se queda ahí danzando al ritmo de la musicalidad de tus versos y absorto en la belleza de las imágenes . Felicidades y gracias por compartir.
Un abrazo.



 
Última edición:
Gracias, Isabel. Este poema fue fruto de un lluvioso fin de semana en la isla, un lugar donde los fenómenos naturales son omnipresentes: si llueve, te mojas, siempre hay que salir por algo. Además, nuestras ventanas dan al verde, de hecho esas hojas cayendo del sauce las vi por la ventana de mi dormitorio, a la madrugada antes de que lloviera. Creo que cuando la poesía es fruto de vitales experiencias estéticas esto se refleja en la intensidad de las imágenes, o al menos eso quisiera para la mía...
abrazo
J
 
Delicioso, delicado soneto inglés, Jorge. Sobre la estructura interna tan elaborada del mismo, las opiniones fueron vertidas. Solo me queda elevarte mi sincera admiración y decirte que disfruté realmente de su elevado lirismo y brillantez metafórica. Un abrazo cordial
 
Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.
.

Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

1. Más alla'de que «roncos atabales» sea o no una metagoge, sin duda al escribir este verso recordé el hermoso poema de Nicolás Guillén llamado «El abuelo».
Bellas imágenes nos dejan tus letras Jorge, donde esa lluvia de invierno
ha llevado la inspiración a tu pluma para disfrutar de una fluida lectura.
Ha sido un placer el poder pasearme por tu espacio.
Besos y un abrazo. Tere
 
Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.
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Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde

con crüel apetito de lo eterno.
Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

1. Más alla'de que «roncos atabales» sea o no una metagoge, sin duda al escribir este verso recordé el hermoso poema de Nicolás Guillén llamado «El abuelo».
Hermoso poema en tiempo de la lluvia del invierno, poeta Jorge.Que precioso lirismo. Merece ser leído por todos los poetas nuevos. Me encantó y lo subo. Saludos
Azalea.
 
Última edición por un moderador:
Porque hay poesia que merece ser rememorada, agradezco a Azalea que la haya subido; por la belleza de su lirismo,por cuanto dice y por los comentarios de compañeros entrañables, e inolvidables, que no tienen desperdicio.
Abrazo.
Isabel
 
Hermoso poema en tiempo de la lluvia del invierno, poeta Jorge.Que precioso lirismo. Merece ser leído por todos los poetas nuevos. Me encantó y lo subo. Saludos
Azalea.
Gracias, querida Azalea. En estos días está terminando el invierno por acá, ya los sauces relucen con sus hojas nuevas... La explosión de la primavera me hace sentir un poco vegetal.
abrazo
Jorge
 
Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.
.

Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

1. Más alla'de que «roncos atabales» sea o no una metagoge, sin duda al escribir este verso recordé el hermoso poema de Nicolás Guillén llamado «El abuelo».


Bonito soneto inglés.

El corazón espera otro milagro de la primavera.

Saludos
 
Seguro que ya lo había comentado con otro nick, pero como no me veo por ningún lado te escribo para decirte lo bueno que me parece este poema.
Gracias por publicarlo.
Un saludo
Luis
 
Me encantó tu poema, bellísimo soneto que nos evoca esas
tardes de invierno, con la lluvia convocando la nostalgia.
Yo me ocupo del mensaje que es hermoso y así te lo hago
saber. Gracias por estos momentos de melancólica belleza.
Besitos apretados en tus mejillas.
 
Un soneto magistral, estimado Jorge. ¡Cuatro sinalefas en todo él! Para mí es admirable. Saludos. Rosendo.
Gracias, estimado Rosendo. Es cierto que hay quien ve el número de sinalefas como un parámetro importante a la hora de medir la calidad; personalmente pienso que las sinalefas son, en su mayoría, fenómenos naturales de la lengua, y no les asigno por tanto mayor importancia. Trato de evitar las que veo duras, eso sí...

abrazo
Jorge
 
Rubias guedejas de los sauces penden
en gotas amarillas deshojadas
cuando con leve brisa se desprenden
para llover en lágrimas doradas.

Lluvia en las frías tardes invernales
que con las sombras riega la tristeza
del tañido de roncos atabales (1)
que en las chapas agotan su viveza.
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Orla de perlas el luciente verde
de ramas insensibles al invierno
el agua con belleza que nos muerde
con crüel apetito de lo eterno.

Los zorzales con tímidos silbidos
apenas nos evocan tiempos idos.

1. Más alla'de que «roncos atabales» sea o no una metagoge, sin duda al escribir este verso recordé el hermoso poema de Nicolás Guillén llamado «El abuelo».
Un gusto pasar.
Abrazo.
 
Me encantó la nostálgica belleza de los versos, como esos abuelos que miran el paisaje con otros ojos sin arrugas. Bellísimo poema, Jorge, saludos Daniel

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