Henchido como vela que a Neptuno
le ofrece de su vértice la driza,
así mi corazón, que ya es ceniza,
naufraga bajo un cielo gris y bruno.
El mar y este silencio todo es uno.
Callado, mi velero se desliza
con su dolor en proa, y la baliza
señala que no viajo a puerto alguno.
Sin rosa de los vientos que me oriente
mi balandro ha perdido la batalla,
y en su armazón vacío, ya no halla,
otro mar que lo empuje en su corriente.
Y este viejo marino donde vaya
sumergirá su lastre en otra playa.
PepeSori
SafeCreative
Octubre2020
le ofrece de su vértice la driza,
así mi corazón, que ya es ceniza,
naufraga bajo un cielo gris y bruno.
El mar y este silencio todo es uno.
Callado, mi velero se desliza
con su dolor en proa, y la baliza
señala que no viajo a puerto alguno.
Sin rosa de los vientos que me oriente
mi balandro ha perdido la batalla,
y en su armazón vacío, ya no halla,
otro mar que lo empuje en su corriente.
Y este viejo marino donde vaya
sumergirá su lastre en otra playa.
PepeSori
SafeCreative
Octubre2020
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