Raúl Carreras
Poeta recién llegado
Cuando noto su contacto,
nuestros cuerpos son un pacto,
ese tratado hedonista
de la piel tan detallista,
la delicia de su tacto.
Es su mundo colorista
el dibujo de un artista,
la belleza y el ornato
que a la vida da el boato,
y que seduce a la vista.
Testimonia su alegato,
que le viene un olor grato,
como a patios florecidos,
que le quita los sentidos,
que le cautiva el olfato.
Sus suspiros son los ruidos
que acarician los oídos,
un murmullo tan venusto,
tal susurro de un arbusto,
el edén de los sonidos.
La dulzura de lo justo,
o el amargor de lo injusto,
tan incierto y tan abstracto,
como besos en el acto
como el sentido del gusto.
nuestros cuerpos son un pacto,
ese tratado hedonista
de la piel tan detallista,
la delicia de su tacto.
Es su mundo colorista
el dibujo de un artista,
la belleza y el ornato
que a la vida da el boato,
y que seduce a la vista.
Testimonia su alegato,
que le viene un olor grato,
como a patios florecidos,
que le quita los sentidos,
que le cautiva el olfato.
Sus suspiros son los ruidos
que acarician los oídos,
un murmullo tan venusto,
tal susurro de un arbusto,
el edén de los sonidos.
La dulzura de lo justo,
o el amargor de lo injusto,
tan incierto y tan abstracto,
como besos en el acto
como el sentido del gusto.
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