Dichoso tú, que llevas en las canas
de mozo viejo, cuna y sepultura,
el blanco eterno de la nieve pura,
y en tu frente las mieses soberanas.
Enciendes con los versos las mañanas
cuando en el sol, su lumbre es tu figura,
y esa llama que el cielo te procura
será la paz que en tu bondad desgranas.
De toda tu sapiencia te aprovechas
y llevas en la alforja de los años
el trigo en los favores que cosechas,
tu corazón ya no se llama a engaños
eliges amistades más estrechas...
...ni anhelas premios, ni procuras daños.
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