José Galeote Matas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cobijo en la memoria
la lluvia sobre un párking solitario
con grises y románticos reflejos
evocando una historia
de amor, arcana ya en el calendario,
herida y maniatada por mil rejos
cercanos… y tan lejos.
Son recuerdos silentes
y, a la par, de radiantes sensaciones,
asaz ambivalentes,
de ajados y brillantes pabellones.
Quisiera retornar,
desterrar lo silente y el vacío,
retornar a aquel párking solitario,
beber de aquel largar
haciendo ese momento eterno y mío
troquelado en su ígneo campanario,
rendido y temerario.
Quisiera, mas no puedo,
el tiempo solo corre hacia adelante,
y derrotado quedo,
el pálido reflejo de un amante.
En el fulcro tercero
del recorrido me detengo, inerte;
los de antaño impulsáronme a la gloria,
mas se agostó el sendero
de mieses a resguardo de la muerte
y se anuncia el descenso de la noria,
veloz, sin moratoria.
He llegado al umbral,
lo que resta es oscura incertidumbre
en el tramo final,
tornados los anhelos en herrumbre.
¡Oh, lamento que elevo,
canción en versos tristes, descarnados!
¡Oh, eco que en mí llevo,
dilúyete en los sueños enterrados!.
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