Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.
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