Lamento campesino.

Manuel Bast

Poeta que considera el portal su segunda casa
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.
 
Última edición:
Ay mi estimado amigo que belleza de poema, te comento que tengo un gallo que me despierta todos los días quiera o no a las 5:30 am, no sé si me gusta eso o no, pero lo que aprecio es la manera en que él no cambia sino que está ahí sea lo que sea siempre fiel. Leyendo y aprendiendo; la naturaleza está cambiando en la mano del hombre, no cuidamos la naturaleza y luego nos quejamos. Bello, todo bellos estimado amigo, abrazos de colores en la distancia
 
Ay mi estimado amigo que belleza de poema, te comento que tengo un gallo que me despierta todos los días quiera o no a las 5:30 am, no sé si me gusta eso o no, pero lo que aprecio es la manera en que él no cambia sino que está ahí sea lo que sea siempre fiel. Leyendo y aprendiendo; la naturaleza está cambiando en la mano del hombre, no cuidamos la naturaleza y luego nos quejamos. Bello, todo bellos estimado amigo, abrazos de colores en la distancia
Guadalupe,
luego de tu lectura hice leves modificaciones en cuanto a la ubicación de algunos versos en el cuerpo del poema.
Agradecer tu amistad aun cuando suene algo reiterativo, sabes que no me canso de agradecerte.
Bonita anécdota la de tu gallo, sin dudas un despertador puntual y de pocas exigencias. Muy reflexiva en tu opinión estimada amiga.
Gracias siempre
MANUEL
 
Última edición:
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.


Me gusta Manuel, me gusta mucho este relato de la vida del labriego que trabaja de sol a sol y a veces para el patrón.

¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
¡¡Felicidades Manuel!!

Un cordial y amistoso abrazo.
Isabel
 
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.
Buen homenaje a esa vida tan dura y servil. Con unos verso muy bien hilvanados.
Un abrazo, Manuel.
 
Me gusta Manuel, me gusta mucho este relato de la vida del labriego que trabaja de sol a sol y a veces para el patrón.

¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
¡¡Felicidades Manuel!!

Un cordial y amistoso abrazo.
Isabel
Isabel, bastante tiempo tenía recibiendo el pinchazo de mi yo contestatario que me incita a volver a la senda de los escritos de contenido social, casi olvidados. Pretendo acá, muy sutilmente, hacer una crónica de la realidad de nuestros campos y nuestros campesinos, realidad que no es exclusiva de una región en particular, tiendo a creer que aún con sus particularidades es una escena que se vive en buena parte de nuestra tierra.
El peón vale de acuerdo a lo que produce su fuerza física, ya, cuando estas amainan desaparece su valor como medio de producción y solo queda el chinchorro y el recuerdo de los días pasados, de lo que pudo ser y lo que no fue, esperando con paciencia y resignación hacerse polvo de los caminos.
Gracias estimada amiga por tu gentileza.
Un abrazo fraterno
MANUEL
 
Última edición:
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.
Más que notable poema nos dejas, para disfrutarlo de principio a fin.
Un saludo.
 
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.
Por detrás de este poema -indudablemente de raíz social- está la resignación histórica del peón de campo. Esta resignación es producto de su vulnerabilidad, y parece ser que nadie se preocupa, ni desde la derecha ni la izquierda, por quienes no ponen el grito en el cielo. La Derecha mira para otro lado por vocación, la Izquierda por omisión parece que se olvidó de ese sector.
Es muy positivo que alces tu voz Manuel !
Hermoso poema. Un abrazo
 
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.

Una vida, un trabajo nunca jamás reconocido y valorado la del campesino. Nadie sabe lo que es trabajar en el campo desde que que asoma el alba hasta que se esconde el astro castigador, solo ellos pueden hablar.
Un magnífico reconocimiento al campesino en magníficos versos.
Mis felicitaciones Manuel, es un placer disfrutar de tu poesía.
Fraternal abrazo.
 
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.
Hola, Manuel. Un deleite pasar a leerte. Me encantó!
Abrazo fuerte.
 
Por detrás de este poema -indudablemente de raíz social- está la resignación histórica del peón de campo. Esta resignación es producto de su vulnerabilidad, y parece ser que nadie se preocupa, ni desde la derecha ni la izquierda, por quienes no ponen el grito en el cielo. La Derecha mira para otro lado por vocación, la Izquierda por omisión parece que se olvidó de ese sector.
Es muy positivo que alces tu voz Manuel !
Hermoso poema. Un abrazo
Martín amigo,
agradezco cada una de tus palabras las cuales aprecio y comparto desde su raíz social, mucho estimado amigo, mucho es lo que falta por hacer.
Un gran abrazo
MANUEL
 
Una vida, un trabajo nunca jamás reconocido y valorado la del campesino. Nadie sabe lo que es trabajar en el campo desde que que asoma el alba hasta que se esconde el astro castigador, solo ellos pueden hablar.
Un magnífico reconocimiento al campesino en magníficos versos.
Mis felicitaciones Manuel, es un placer disfrutar de tu poesía.
Fraternal abrazo.
Luis estimado poeta, agradezco tu visita y el análisis que haces de del alma de estos versos. Es lo que quise reflejar, la ardua labor del campesino que en su aciago destino, la más de las veces le corresponde un triste final, entre la solead, el desprecio y sus recuerdos.
Un gran abrazo
MANUEL
 
El canto de los gallos corta el sueño,
está por iniciarse la jornada,
se impacienta el ternero y la vacada
dispone de sus ubres al ordeño.
Un viejo taciturno en su chinchorro
amaina su pesar con un café,
medita en el ayer que ya se fue
mientras la perra ateta a su cachorro;
el tiempo echó en el saco del olvido
los rastros de una vieja juventud
dejando por ganancia
vivir al menos este amanecer,
vivirlo a plenitud,
y antes de fenecer
agradecer a Dios por lo que ha sido.
La tarde se repunta en la distancia,
la perra ladra oteando el horizonte
y vuelve la peonada que en el monte
cumplió con su jornal;
¡un ciclo sin final!
Mañana el azadón
y el cuerpo sudoroso del peón
harán fertilizar la misma tierra
y saciará su sed el mismo riego;
¡es la misma semilla
y distinto el labriego!
Quizá vuelva a latir alguna perra
oteando un horizonte sin destino.
Del viejo taciturno
y de su gris chinchorro de mezclilla
se servirán los polvos del camino.
Inmenso tu poema querido Manuel, merece ponerlo a competir.
Yo sé muchas cosas porque he vivido en el campo y a veces el tiempo no ayuda, sobre todo ahora.-
Te mando un abrazo por ese gran lamento.
 
Inmenso tu poema querido Manuel, merece ponerlo a competir.
Yo sé muchas cosas porque he vivido en el campo y a veces el tiempo no ayuda, sobre todo ahora.-
Te mando un abrazo por ese gran lamento.
Gracias Mirta, eso quise recoger en esta entrega, la faena del campo, lo difícil que resulta la vida del campesino, mis abuelos lo fueron, de allí, de mis propias raíces, de mis recuerdos nace mi admiración por esta gente sencilla que pega la noche con el día en su transitar por esta vida.
Un gran abrazo
MANUEL
 
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POÉTICA CLÁSICA
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FELICIDADES
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Estimada poetisa, todo mi agradecimiento va para usted y para todos los compañeros y compañeras que conforman este hermoso espacio y que hacen de las letras la alcoba donde nacen y se hacen realidad los sueños.
Muchas gracias siempre
MANUEL
 
Mi felicitación, amigo Manuel, bien merecido el reconocimiento a tu magnífico poema.

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Estimado poeta, recibo este reconocimiento con mucha alegría, solo superada por el respeto y agradecimiento que profeso a todos y cada uno de quienes me han apoyado en este transitar, muy especialmente a usted a quien tengo en alta estima.
Muchas gracias
MANUEL
 

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