Llagas del recuerdo

Luis Prieto

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Todavía recuerdo aquella rosa
entre los finos dedos de tu mano,
aquella grácil tarde de verano
con la brisa aromada y silenciosa.

Conservo tu sonrisa luminosa
asociada a las teclas de aquel piano
que lloraba en un muelle veneciano
una música suave y primorosa.

Déjame amar tu rojo corazón
y aparta este recuerdo que estremece,
esta ansiedad de cielo, noche y día.

Así, será el calor de tu pasión
a mi existencia, mano que la mece,
y no el recuerdo de una melodía.
 
Última edición:

Todavía recuerdo aquella rosa
entre los finos dedos de tu mano,
aquella grácil tarde de verano
con la brisa aromada y silenciosa.

Conservo tu sonrisa luminosa
asociada a las teclas de aquel piano
que lloraba en un muelle veneciano
una música suave y primorosa.

Déjame amar tu rojo corazón
y aparta este recuerdo que estremece,
esta ansiedad de cielo, noche y día,

así será el calor de tu pasión
en mis claros de luna lo que mece,
y no el recuerdo de una melodía.
Recuerdo de una pasión que se mece insistente en tu memoria y que tu corazón ama con toda la fuerza del deseo, ayyyyy mi querido Luís, de cuánta vehemencia y romanticismo rebosan tus versos. Encantada de leerte mi entrañable amigo e insigne Escudero. Deseo que la suerte te acompañe en este precioso soneto, miles de besos con todo mi cariño y toda mi admiración .....muááááckssssssss
 

Todavía recuerdo aquella rosa
entre los finos dedos de tu mano,
aquella grácil tarde de verano
con la brisa aromada y silenciosa.

Conservo tu sonrisa luminosa
asociada a las teclas de aquel piano
que lloraba en un muelle veneciano
una música suave y primorosa.

Déjame amar tu rojo corazón
y aparta este recuerdo que estremece,
esta ansiedad de cielo, noche y día,

así será el calor de tu pasión
en mis claros de luna lo que mece,
y no el recuerdo de una melodía.

Excelente tu romántico poema en marcado en pulcro soneto. amigo Luis, mucha suerte.

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Recuerdo de una pasión que se mece insistente en tu memoria y que tu corazón ama con toda la fuerza del deseo, ayyyyy mi querido Luís, de cuánta vehemencia y romanticismo rebosan tus versos. Encantada de leerte mi entrañable amigo e insigne Escudero. Deseo que la suerte te acompañe en este precioso soneto, miles de besos con todo mi cariño y toda mi admiración .....muááááckssssssss

Celebro mi querida Isabel que haya sido de tu agrado este improvisado soneto. Muchas gracias por acercarte y dejar tan bello deseo.
Miles de besos y abrazos rebosantes recíproco cariño y admiración.
Cuidate mucho mi anhelada dama, mi Dulcinea de Granada.
 
Hola Luis,
haces un uso muy inteligente de la elipsis en el primer cuarteto:

Todavía recuerdo aquella rosa
entre los finos dedos de tu mano,
(Todavía recuerdo) aquella grácil tarde de verano
con la brisa aromada y silenciosa.


En esta estrofa, destacaría la imagen poética 'brisa aromada y silenciosa'. Es una hipálage; la brisa adquiere las características organolépticas de la rosa y manifiesta el momento de 'tensión emocional' cargado de silencio.

En la segunda estrofa hay una mención a Venecia

Conservo tu sonrisa luminosa
asociada a las teclas de aquel piano
que lloraba en un muelle veneciano
una música suave y primorosa.


El venecianismo fue un tópico poético que se generalizó en la poesía de la década de los 70 en España. Destaco la originalidad de la comparación introducida por el adjetivo 'asociada', casi una metáfora. Metáfora verbal es 'lloraba. Muy bien traída la palabra 'muelle' a la descripción de Venecia, que debe ser el mayor club náutico del mundo y también un gran centro comercial.

Del primer terceto destaco el bello pleonasmo 'rojo corazón' y la enumeración final, que debería terminar con una pausa sintáctica mayor.

Déjame amar tu rojo corazón
y aparta este recuerdo que estremece,
esta ansiedad de cielo, noche y día, (pausa sintáctica mayor)


El segundo terceto contiene una conclusión, pero quizás habría que reconsiderar los signos de puntuación

así (coma) será el calor de tu pasión
en mis claros de luna lo que mece,
y no el recuerdo de una melodía.


Por otra parte, mecer puede ser transitivo o pronominal (mecer la cuna, mecerse), pero ese uso intransitivo es arriesgado y confuso, justo en el momento del soneto en que hay que ser más resolutivo, más sorpresivo y más claro.

Ahí lo dejo, por si lo quieres considerar.
Un saludo
Luis
 
Hola Luis,
haces un uso muy inteligente de la elipsis en el primer cuarteto:

Todavía recuerdo aquella rosa
entre los finos dedos de tu mano,
(Todavía recuerdo) aquella grácil tarde de verano
con la brisa aromada y silenciosa.


En esta estrofa, destacaría la imagen poética 'brisa aromada y silenciosa'. Es una hipálage; la brisa adquiere las características organolépticas de la rosa y manifiesta el momento de 'tensión emocional' cargado de silencio.

En la segunda estrofa hay una mención a Venecia

Conservo tu sonrisa luminosa
asociada a las teclas de aquel piano
que lloraba en un muelle veneciano
una música suave y primorosa.


El venecianismo fue un tópico poético que se generalizó en la poesía de la década de los 70 en España. Destaco la originalidad de la comparación introducida por el adjetivo 'asociada', casi una metáfora. Metáfora verbal es 'lloraba. Muy bien traída la palabra 'muelle' a la descripción de Venecia, que debe ser el mayor club náutico del mundo y también un gran centro comercial.

Del primer terceto destaco el bello pleonasmo 'rojo corazón' y la enumeración final, que debería terminar con una pausa sintáctica mayor.

Déjame amar tu rojo corazón
y aparta este recuerdo que estremece,
esta ansiedad de cielo, noche y día, (pausa sintáctica mayor)


El segundo terceto contiene una conclusión, pero quizás habría que reconsiderar los signos de puntuación

así (coma) será el calor de tu pasión
en mis claros de luna lo que mece,
y no el recuerdo de una melodía.


Por otra parte, mecer puede ser transitivo o pronominal (mecer la cuna, mecerse), pero ese uso intransitivo es arriesgado y confuso, justo en el momento del soneto en que hay que ser más resolutivo, más sorpresivo y más claro.

Ahí lo dejo, por si lo quieres considerar.
Un saludo
Luis

Saludos Luis, no preciso de decir que acepto tu opinión de muy buena gana y que siguiendo tu consejo he llevado a cabo.

El segundo verso del último terceto lo he modificado con continuidad del primer verso para dar esa claridad que no se veía y podía llevar a equívoco. En este caso lo que mece (acuna) a la existencia es su plácida pasión.
Siempre agradecido por tus opiniones Luis.
Un abrazo
 
Muchas gracias por tu compromiso.
En el verso que propones encuentro el siguiente problema
plácida lo que a mi existencia mece, (1-8-10)
Al no ser ni un verso a maiore (6-10) ni a minore (4-8-10), el endecasílabo no es tradicional y no lo admitimos en este espacio.

Te propongo que cambies a un verso con los acentos como siguen:

a mi existencia, mano que la mece (4-6-10), que es de ritmo yámbico.

De momento, no apto. Un saludo. Luis

P. S. También quisiera comentarte, lo raro y a la vez artístico de comparar el efecto de la pasión en el poeta con el movimiento que el verbo 'mecer' implica. Porque se mecen las cunas, acompañando el movimiento con una nana, que no deja de ser una melodía. Entonces es algo así como decir, vale, méceme pero sin canciones, o: acúname, pero de un modo adulto, no necesito monsergas. Lo veo una especie de oxímoron, entre la ternura y el erotismo. Algo así como, quiero recordar la pasión que mece mi existencia (que no deja de ser un verbo relacionado con la semántica de dormir), pero no quiero recordar una melodía, que me hace daño. Muy de Proust.
 

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