Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Así, solo. En silencio.
Callado y mudo. Anhelante.
Esperando el viento
que me atraviese
como el aire a la retama
y deje susurros
que acunen a las aves.
Así, solo. En silencio.
Callado y mudo. Anhelante.
Como piedra
en el fondo del río
que espera la corriente,
que el agua la bañe
entre murmullos cantarines
y, atravesando el muro cristalino,
lleguen rayos de sol
que yo refleje.
Así, solo. En silencio.
Callado y mudo. Anhelante.
Como la laguna pequeña,
la de los juncos altos,
pendiente de la noche
en que las estrellas
espejeen en su superficie.
Así, solo. En silencio.
Callado y mudo. Anhelante.
Callado y mudo. Anhelante.
Esperando el viento
que me atraviese
como el aire a la retama
y deje susurros
que acunen a las aves.
Así, solo. En silencio.
Callado y mudo. Anhelante.
Como piedra
en el fondo del río
que espera la corriente,
que el agua la bañe
entre murmullos cantarines
y, atravesando el muro cristalino,
lleguen rayos de sol
que yo refleje.
Así, solo. En silencio.
Callado y mudo. Anhelante.
Como la laguna pequeña,
la de los juncos altos,
pendiente de la noche
en que las estrellas
espejeen en su superficie.
Así, solo. En silencio.
Callado y mudo. Anhelante.