Amor, quimera de pasión y duelo,
te alzas como un suspiro que da vida,
más escondes la espina dolorida
que hiere al corazón con su desvelo.
Eres la llama ardiente que calcina,
dulce tormento, herida y cicatriz,
la sombra del abismo y la raíz
del sueño que al mortal nunca abandona.
¿Quién no cayó rendido ante tu encanto?
¿Quién no sintió los celos en su pecho
al ver que el aire besa con derecho
aquello que sus labios ven de espanto?
Tu reino, laberinto de pasiones,
esconde gloria, infierno y esperanza;
y mientras quien ama en ti se lanza,
olvida que le acechan mil prisiones.
Mas aun con la tortura de tus redes,
tu abrazo, aunque mortal, jamás se esquiva,
pues dentro de tu hoguera el alma aviva
Y da sentido al paso por las sedes.
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