Roman Vieira
El cuervo rojo que te observa en silencio.
1
Nací de su mirada un día,
pues yo no era nadie ni nada.
¡Que suerte su mirada en la mía!
que suerte, ojala estuviese enamorada.
Hoy que el tiempo pasa en su camino
y adorna su sonrisa un fino rostro
me pregunto si usted sera de otro,
si he sido acaso un juego del destino.
Ay del amor que nunca sana, que espera,
que confundido va con otro y se entrega,
que torpemente engaña, que juega,
ay del amor, del amor y de la guerra.
Y que se yo si usted lo sepa,
que yo nací de su mirada un día,
que su sonrisa pudo ser también la mía,
aunque al final, nunca lo fuera.
Ay del amor, del amor y de la guerra,
y que se yo si usted lo sepa...
que yo nací de su mirada un día.
Nací de su mirada un día,
pues yo no era nadie ni nada.
¡Que suerte su mirada en la mía!
que suerte, ojala estuviese enamorada.
Hoy que el tiempo pasa en su camino
y adorna su sonrisa un fino rostro
me pregunto si usted sera de otro,
si he sido acaso un juego del destino.
Ay del amor que nunca sana, que espera,
que confundido va con otro y se entrega,
que torpemente engaña, que juega,
ay del amor, del amor y de la guerra.
Y que se yo si usted lo sepa,
que yo nací de su mirada un día,
que su sonrisa pudo ser también la mía,
aunque al final, nunca lo fuera.
Ay del amor, del amor y de la guerra,
y que se yo si usted lo sepa...
que yo nací de su mirada un día.