18.67.- Flor prohibida

MARIANNE

MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA



......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L

 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L


A veces somos poco para personas que para nosotros son mucho. Imponerle razones al corazón es un duro ejercicio para poetas. Tu soneto lo confirma. Es un hermoso poema. ¿Sabes? Las lápidas pesan. Mejor dejarlas atrás si es que se puede.

Te deseo todo bien, compañera.
 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L


“Flor Prohibida” es un bonito título para tu prueba. Me alegra ver coincidimos. Saludos cordiales.
 
Bello versar MARIANNE, abrazo y beso hasta allá.



......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L

 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L

Profunda melancolía se desprende del bello soneto , casi se palpa , Un abrazo
 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L


Todas tus poesias tienen una singular expreson y un cierre de sentencia que las hace atrayentes para la lectura. Mi saludo cordial Marianne.
 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L


Un triste poema como un triste papel: "flor prohibida". En la vida hay que valorarse. Te cuidas.
 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L

Siguen abriendose cascadas por cada recuerdo, belleza transformada en barro donde quedó asentada el alma, aunque cada verso resulte hermoso en los ojos de los "leedores", magnífico poema Marianne, saludos Daniel

Sugiero como título: "Bolero para una despedida"
 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L


Eres una flor que él no supo regar día a día.
Besos mi querida amiga
 
A veces somos poco para personas que para nosotros son mucho. Imponerle razones al corazón es un duro ejercicio para poetas. Tu soneto lo confirma. Es un hermoso poema. ¿Sabes? Las lápidas pesan. Mejor dejarlas atrás si es que se puede.

Te deseo todo bien, compañera.
Tienes toda la razón

Pero cuando más pesan, más son olvidadas, saludos
 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L

No cualquier flor prohibida y no prohibida para cualquiera. Saludos cordiales, Marianne.
 


......
Tengo una lápida donde se posa el jilguero,
su canto mañanero corrompe mi guerra,
como si supiera que su soledad me aterra,
cada vez que enuncio a ciegas un te quiero.

Quién soy para apagar su tímido caldero,
quién soy para usurpar está fría guerra
que abraza su corazón cuando se aberra,
quién soy yo para musitar su corto bolero;

Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida.


María Anné
A L

Me quedo con esos tercetos contundentes:

"Pues en mi ventana con su mirar aludía,
el sollozo con su dolorosa despedida,
alzando el vuelo bajo su cautelosa agonía;

Mientras que al agravio de mi poca vida,
le rumoraba con esa melancólica poesía,
que soy para él solo otra flor prohibida."

¡Ah, flor prohibida!
 

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