Al ciprés de Samos

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"
Desde el vano que ocupa mi ventana
contemplo el horizonte en lo lejano
que al rostro añil del cielo da la mano
en unión casi mística y arcana.

En Samos ya resuena la campana
del claustro primitivo muy temprano
glorificando a Dios que, soberano,
en Laudes reinará cada mañana.

Vecina al monasterio está la ermita,
cipreses y un abeto la jalonan
envueltos por un dulce sol labriego.

El ansia de lo eterno resucita,
y un soneto, y mis ojos lo pregonan,
cual si yo fuera un tal Gerardo Diego.
 
Desde el vano que ocupa mi ventana
contemplo el horizonte en lo lejano
que al rostro añil del cielo da la mano
en unión casi mística y arcana.

En Samos ya resuena la campana
del claustro primitivo muy temprano
glorificando a Dios que, soberano,
en Laudes reinará cada mañana.

Vecina al monasterio está la ermita,
cipreses y un abeto la jalonan
envueltos por un dulce sol labriego.

El ansia de lo eterno resucita,
y un soneto, y mis ojos lo pregonan,
cual si yo fuera un tal Gerardo Diego.
Excelelente soneto Pepe, le dedicas a este ciprés, ya Salva me habló de el y de las secuollas.
Feliz estancia en el Monasterio.
Un abrazo, querido amigo.
 
Última edición:
Estimado Pepe, el soneto es apto. Un saludo. Luis
 

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