Mirando al olmo viejo de Machado
contemplaré la tierra campesina,
la Venta de Cidones, la cantina,
y gañanes que beben de buen grado.
Subyuga igual el olmo enamorado
que la noble tristeza de la encina,
o el pino que verdea en la colina
cuando el sol se retira ya cansado.
Por acequias de arroyos peregrinos
encienden su fanal de terciopelo
amapolas del campo y de la braña.
Y en Campos de Castilla y sus caminos
el poeta describe el desconsuelo
y el gran amor que siente por España.
Pepe Soriano Simón
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