Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
El alma que se volvió a perder
por los caminos interiores,
por esos recovecos que llevamos dentro
donde acechan los sueños, los miedos,
las esperanzas o los anhelos.
El alma se volvió a perder en ese mundo cerrado,
que abre con la llave del recuerdo
y da paso a otras estancias donde estar contigo,
en las que escapar del trascurrir cotidiano,
del tedio de ausencias que dejaron hueco en mis días.
Se abrió el alma a ensoñaciones de tiempos
y lugares diferentes, muerta al tiempo presente,
despierta a paisajes que ocupas,
que llenas con tu solo estar, con la risa franca,
con el perfume de tierra mojada que llevas en el cabello.
Tiempo para campos verdes y montañas lejanas
que contornean el paisaje,
que pintan de ambición amorosa el interior de las manos,
manos que te esperan para acogerte,
para llenarse de ti y saber
que si morí durante un instante, fue por estar a tu lado.
por los caminos interiores,
por esos recovecos que llevamos dentro
donde acechan los sueños, los miedos,
las esperanzas o los anhelos.
El alma se volvió a perder en ese mundo cerrado,
que abre con la llave del recuerdo
y da paso a otras estancias donde estar contigo,
en las que escapar del trascurrir cotidiano,
del tedio de ausencias que dejaron hueco en mis días.
Se abrió el alma a ensoñaciones de tiempos
y lugares diferentes, muerta al tiempo presente,
despierta a paisajes que ocupas,
que llenas con tu solo estar, con la risa franca,
con el perfume de tierra mojada que llevas en el cabello.
Tiempo para campos verdes y montañas lejanas
que contornean el paisaje,
que pintan de ambición amorosa el interior de las manos,
manos que te esperan para acogerte,
para llenarse de ti y saber
que si morí durante un instante, fue por estar a tu lado.