selenschek manfred
Hijo de la Luna
La viña es un salón donde todos alzan sus manos
en un brindis,
y yo, solamente observo desde el salón
detrás de mis ojos,
alzo una copa roja desde mi cadalso
con mi cráneo en alto
y prófugos los versos sólo son jirones, todos callan.
Inquisidores todos dicen con grilletes en sus lenguas:
¡ abajo abajo ! y Dios dice,
¡ abajo abajo !
pero igual yo celebro con mi frente gacha
que trasiega las blasfemias al candil de mi alma.
Sartas son mis versos que se insertan en mis venas
y tu dices: ¡ arriba arriba !.
Le escribo al amor que escurre por las alcantarillas
cuando pienso en ti,
con el mismo ardor atroz que me desagua.