Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
"Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas."
Arthur Schopenhauer.
Arthur Schopenhauer.
Y cuando estemos muertos como todos los muertos que están muertos, seremos mucho menos que todos los vivos, incluidos los vivos que parecen muertos en vida, incluso a los vivos que quieren no estar vivos. Y es que los vivos, aunque no lo dicen directamente, quisieran estar muertos, y por eso hacen de la muerte un ministerio de culto a lo perfecto.
Los vivos anhelan siempre un mundo perfecto, donde cada ser vivo pueda permanecer al lado de otro sin pensar en dañarlo, donde el león conviva con la gacela, duerma con ella y no mueva una sola garra, ni sienta tentación en la mandíbula para saciar el gruñido de un estómago acosado por el hambre. Yacen los cuerpos de los muertos bajo o sobre la tierra sin que medie entre ellos la necesidad de la depredación hacia el otro con fines de dominio o sobrevivencia.
Los vivos anhelan una vida amorosa con la pareja perfecta, la fiel, la impoluta. La que no busca el llamado de la naturaleza que habla a través del instinto, ese sentimiento irracional que arrastra a la razón tras los códigos invisibles o visibles que cada ser vivo lleva en su envoltura carnal y le conmina al apareamiento. Anhela la relación perfecta y santa, bendecida por la eternidad, como la que existe entre dos cadáveres depositados en la misma tumba.
Este mundo que es nuestro, y que fue un paraíso cuando nuestros pasos no anduvieron por sus entornos amorosos ni nuestras miradas pudieron atestiguar el maravilloso suceso. Un mundo sin terremotos, sin tormentas, sin desiertos ni zonas congeladas, sin hambre en el estómago, sin la terrible decrepitud que trastoca los rostros y lleva el cansancio en los pasos; un mundo donde el tiempo es un perro sujeto que no ladra ni ataca a los transeúntes. Un mundo sin bacterias acechando el descuido del sistema inmunológico, para volver presa, alimento, a otro universo celular. Perdido el paraíso, se reconstruye más allá de la vida y sus complejidades naturales para vivirla; se manda al lugar donde no hay testimonio que lo refute y cuestione, donde nadie pueda declararlo a los vivos: otro paraíso fallido o inexistente.
La muerte: el paraíso, condicionado o no.
Y es tan mágico el umbral de la muerte, que transforma en perfecto, casi santo, de impoluto recuerdo y venerable memoria a todo muerto. El ser humano muere, y cuando muere para nosotros nace, nace allá donde hemos construido todos nuestros sueños perfectos y mundos perfectos, se cuida y protege el que, sus moradores (hayan sido lo que hayan sido), asuman, por el simple efecto de entrar en nuestras proyecciones mortales divinizadas, la actitud o representación de lo perfecto.
Y es que el muerto tiene en sí, las inmunidades deseadas por todos los vivos, sin exceptuar a uno solo: no es sujeto de impuestos, no es enviado a las guerras para saciar las ansias patrimonialistas de sus amos, no es visto como alimento ni por los mosquitos, no sufre de mal de amores ni de engaños ni de desengaños, la vejez no le acosa ni le persiguen los espejos.
Muerto y solo muerto se puede lograr el ideal, la utopía; la perfección humana que al fin se deslinda del primate erecto, vestido y calzado y perfumado; y sus nuevo engendros: "el primate plásticus", el "ciberprimate", el primatedigitalizado, el consumoprimate y etc etc etc.
Se teme a la muerte, ineludible para el mono pensante, que también no quiere pensarse mono y que se fuga por los lindes de lo mitológico para buscarse un origen privilegiado, ajeno a todo el entorno que, para su desfortuna le vuelve alimento de moscos y colonias enteras de bacterias y parásitos.
La muerte ahí está y llega sin avisar. El vivo le teme, pero se vale de su capacidad simuladora para trastocar lo que contempla su mirada en los muertos.
Halla caminos para vencerla y los vuelve rituales que, a falta de recursos racionales para su sustentación, sustituye la visión real por la fe, a la que, para hacerla infalible, vuelve divina.
El abuelo viene hacia mí con toda la amargura del que se ha vuelto un ser consciente de su naturaleza mortal.
Rompe todos los mitos y se queda desnudo. La desnudez incide en la palabra que habla después de ver el cadáver del muerto. Sabe que todos los cadáveres de los muertos gozan del privilegio de estar muertos, esto es, lejos de la angustia de estar vivos.
Habla e inspira, se hallan sus huellas en mentes poderosas como las de: Nietzsche, Heidegger, Sartre, Foucault y otros tantos filósofos actuales. Psicólogos como Freud y Jung. Todos beben de su cordura pesimista, que tiene precursores en pensamientos tan antiguos como los de la antigua escuela pesimista de Diógenes de Sinope, Hegesias y Aristóteles (la leyenda de Silenio). El abuelo Schopenhauer vierte toda la amargura sobre la consciencia humana para incitar a la ruptura con las doctrinas que dominan el pensamiento de su época.
El horror aparece a más de medio siglo de su muerte, la humanidad contempla la obra terrible de lo que ha construido como sociedad, como civilización: la primera, y luego la segunda guerra, llamadas mundiales porque involucra a los países europeos y su adiposidad capitalista de América del Norte, y "ellos" son "todo el mundo".
De Schopenhauer a Nietzche brota la semilla del existencialismo filosóficos, sin que se reduzca al todo de sus fuentes o de las circunstancias que le dieron origen; nada es así, todo tiene una amalgama de pensamientos y tradiciones. Puede percibirse en sus vertientes la influencia del pensamiento de las culturas antiguas: hinduismo, budismo y misticismo tan del gusto del abuelo, sin que su degustación degenerara en rígida práctica doctrinaria.
Hombre de pensamiento polémico, pero auténtico. El abuelo ha dejado todo su universo pensante producto de la visión de la realidad y de las ideas de su tiempo. Reconstruir la personalidad de este personaje con los criterios de nuestros tiempos es un ejercicio erróneo, como lo puede ser con cualquier otro sujeto. Hay que ir a su mundo y descubrir sus porqués.
Al Abuelo Schopenhauer hay que digerirlo en su tinta.
Para abundar sobre la vida y obra en labios de los "estudiosos", ya que esta disertación es a manera de asomarse al personaje y dista mucho de ser un texto especializado, dejamos este vídeo de Youtube con información superficial; hay otros mucho mejores y que van más a fondo en su obra. Hay incluso obras leídas, en el mismo sitio.
"La existencia no es más que un episodio de la nada":
Arthur Schopenhauer.
[video=youtube;HhTjtC5Fjzw]http://www.youtube.com/watch?v=HhTjtC5Fjzw[/video]
Última edición: