Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Así era mi madre…
Mi madre tenía el cabello rizado
de invierno y plata,
la tristeza le abrió surcos
en el rostro
y el tiempo los profundizó.
Decía los buenos espíritus
me visitan,
velan mi insomnio y les pido
me acompañen
para no llegar a la última vereda
sin alguien
con quien conversar.
Ella no hablaba de mi padre
siempre
prefirió conjurar a ciertos
vivos y muertos,
así no la harían enojar.
Mi padre nos dijo, nunca la amo,
solo le dio pobreza por eso
con su única riqueza, el amor,
nos abrigó.
Las borrascas del tiempo
no la pusieron de rodillas,
aunque le era difícil
llevar pan a la mesa o vestir
la desnudez
de mis hermanos o las mías,
nos advertía,
sus alas deben ser fuertes
si en el mundo quieren
alcanzar
un lugar, las lecturas de la vida
los harán entender
que sobrevivir al desorden
es posible,
si los guía la razón y el poder
que emana
de la bondad del corazón.
Pese a sus pocas letras,
la sabia
naturaleza de su ser interior
percibía
en nuestra puerta, los asomos
del mal.
Con la biblia en su memoria
mientras pudo,
oró pidiendo liberarnos
de peligros y pecados, tenía
el sueño
de vernos felices a la lumbre
pacífica
del buen hogar, lo que a ella,
le faltó.
Así era mi madre luchadora
tenaz,
desde sus fatigantes
primaveras
hasta el ocaso invernal.
Mi madre tenía el cabello rizado
de invierno y plata,
la tristeza le abrió surcos
en el rostro
y el tiempo los profundizó.
Decía los buenos espíritus
me visitan,
velan mi insomnio y les pido
me acompañen
para no llegar a la última vereda
sin alguien
con quien conversar.
Ella no hablaba de mi padre
siempre
prefirió conjurar a ciertos
vivos y muertos,
así no la harían enojar.
Mi padre nos dijo, nunca la amo,
solo le dio pobreza por eso
con su única riqueza, el amor,
nos abrigó.
Las borrascas del tiempo
no la pusieron de rodillas,
aunque le era difícil
llevar pan a la mesa o vestir
la desnudez
de mis hermanos o las mías,
nos advertía,
sus alas deben ser fuertes
si en el mundo quieren
alcanzar
un lugar, las lecturas de la vida
los harán entender
que sobrevivir al desorden
es posible,
si los guía la razón y el poder
que emana
de la bondad del corazón.
Pese a sus pocas letras,
la sabia
naturaleza de su ser interior
percibía
en nuestra puerta, los asomos
del mal.
Con la biblia en su memoria
mientras pudo,
oró pidiendo liberarnos
de peligros y pecados, tenía
el sueño
de vernos felices a la lumbre
pacífica
del buen hogar, lo que a ella,
le faltó.
Así era mi madre luchadora
tenaz,
desde sus fatigantes
primaveras
hasta el ocaso invernal.