Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aún conservo esa obsesión por los armarios
que me viene desde niño,
cuando oculto en el cuarto de mis padres
husmeaba en sus cajones
con cautela,
esperando revelar algún misterio
una especie de tumba faraónica
una verdad con rasgos de mentira
un secreto guardado entre algodones;
podría ser la fotografía antigua
con la dedicatoria de un amor prohibido
o un mechón de pelo de un antepasado
que corrió más suerte
que el resto de su dueño,
un diario quizás con páginas en blanco
que al llegar la madurez no halló respuesta.
La fantasía es, nube que exprime
la humedad y luego, pronto acaba
cuando el aire de los años la derrota;
no siempre es así, no siempre.
En esos cajones había también monedas
de la edad en que los reyes aún se coronaban
y sellos de aventuras derrotadas
antes, de empezar un largo viaje.
Un reloj sorprendido en la hora última
que miró mi abuelo en su esfera pulida
se asustó de pronto con el tacto de mis dedos
y dio el salto de un segundo
para pararse luego.
Nada es para siempre
sólo el silencio, no pierde la ilusión de su pasado.
En ese armario de mi infancia adulta
siglos de victorias y derrotas se acumulan
también los míos
también.
que me viene desde niño,
cuando oculto en el cuarto de mis padres
husmeaba en sus cajones
con cautela,
esperando revelar algún misterio
una especie de tumba faraónica
una verdad con rasgos de mentira
un secreto guardado entre algodones;
podría ser la fotografía antigua
con la dedicatoria de un amor prohibido
o un mechón de pelo de un antepasado
que corrió más suerte
que el resto de su dueño,
un diario quizás con páginas en blanco
que al llegar la madurez no halló respuesta.
La fantasía es, nube que exprime
la humedad y luego, pronto acaba
cuando el aire de los años la derrota;
no siempre es así, no siempre.
En esos cajones había también monedas
de la edad en que los reyes aún se coronaban
y sellos de aventuras derrotadas
antes, de empezar un largo viaje.
Un reloj sorprendido en la hora última
que miró mi abuelo en su esfera pulida
se asustó de pronto con el tacto de mis dedos
y dio el salto de un segundo
para pararse luego.
Nada es para siempre
sólo el silencio, no pierde la ilusión de su pasado.
En ese armario de mi infancia adulta
siglos de victorias y derrotas se acumulan
también los míos
también.