Aún conservo esa obsesión por los armarios

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa
scale


Aún conservo esa obsesión por los armarios

que me viene desde niño,

cuando oculto en el cuarto de mis padres

husmeaba en sus cajones

con cautela,

esperando revelar algún misterio

una especie de tumba faraónica

una verdad con rasgos de mentira

un secreto guardado entre algodones;

podría ser la fotografía antigua

con la dedicatoria de un amor prohibido

o un mechón de pelo de un antepasado

que corrió más suerte

que el resto de su dueño,

un diario quizás con páginas en blanco

que al llegar la madurez no halló respuesta.

La fantasía es, nube que exprime

la humedad y luego, pronto acaba

cuando el aire de los años la derrota;

no siempre es así, no siempre.

En esos cajones había también monedas

de la edad en que los reyes aún se coronaban

y sellos de aventuras derrotadas

antes, de empezar un largo viaje.

Un reloj sorprendido en la hora última

que miró mi abuelo en su esfera pulida

se asustó de pronto con el tacto de mis dedos

y dio el salto de un segundo

para pararse luego.

Nada es para siempre

sólo el silencio, no pierde la ilusión de su pasado.



En ese armario de mi infancia adulta

siglos de victorias y derrotas se acumulan

también los míos

también.
 
Mi vida tu poema me recuerda el libro de C.S Lewis El León, La Bruja y El Armario. Yo también tengo una facinación por los armarios (roperos) aquí no se usan pero recuerdo el e mi abuela. Yo guardo todos mis secretos en un cajón. Y te voy a confesar algo, mi primer beso fue detras de un ropero. MARAVILLOSO poema nos regalas sobre las cosas que guardamos.

Besos con sed desde mis raíces a tu sauce,
 
scale


Aún conservo esa obsesión por los armarios

que me viene desde niño,

cuando oculto en el cuarto de mis padres

husmeaba en sus cajones

con cautela,

esperando revelar algún misterio

una especie de tumba faraónica

una verdad con rasgos de mentira

un secreto guardado entre algodones;

podría ser la fotografía antigua

con la dedicatoria de un amor prohibido

o un mechón de pelo de un antepasado

que corrió más suerte

que el resto de su dueño,

un diario quizás con páginas en blanco

que al llegar la madurez no halló respuesta.

La fantasía es, nube que exprime

la humedad y luego, pronto acaba

cuando el aire de los años la derrota;

no siempre es así, no siempre.

En esos cajones había también monedas

de la edad en que los reyes aún se coronaban

y sellos de aventuras derrotadas

antes, de empezar un largo viaje.

Un reloj sorprendido en la hora última

que miró mi abuelo en su esfera pulida

se asustó de pronto con el tacto de mis dedos

y dio el salto de un segundo

para pararse luego.

Nada es para siempre

sólo el silencio, no pierde la ilusión de su pasado.



En ese armario de mi infancia adulta

siglos de victorias y derrotas se acumulan

también los míos

también.
Qué belleza, hermano. Me hiciste viajar en un minuto a tiempos que ya parecen antropológicos, cuando en los armarios y baúles de la abuela encontraba tesoros: monedas, pañuelos, cartas, libros, vinilos, retratos... En fin, es reencontrarse con aquel niño y su intacta capacidad de asombro. Absolutamente conmovedor.
Te mando mi abrazo fraterno desde acá.
 
scale


Aún conservo esa obsesión por los armarios

que me viene desde niño,

cuando oculto en el cuarto de mis padres

husmeaba en sus cajones

con cautela,

esperando revelar algún misterio

una especie de tumba faraónica

una verdad con rasgos de mentira

un secreto guardado entre algodones;

podría ser la fotografía antigua

con la dedicatoria de un amor prohibido

o un mechón de pelo de un antepasado

que corrió más suerte

que el resto de su dueño,

un diario quizás con páginas en blanco

que al llegar la madurez no halló respuesta.

La fantasía es, nube que exprime

la humedad y luego, pronto acaba

cuando el aire de los años la derrota;

no siempre es así, no siempre.

En esos cajones había también monedas

de la edad en que los reyes aún se coronaban

y sellos de aventuras derrotadas

antes, de empezar un largo viaje.

Un reloj sorprendido en la hora última

que miró mi abuelo en su esfera pulida

se asustó de pronto con el tacto de mis dedos

y dio el salto de un segundo

para pararse luego.

Nada es para siempre

sólo el silencio, no pierde la ilusión de su pasado.



En ese armario de mi infancia adulta

siglos de victorias y derrotas se acumulan

también los míos

también.
Fascinarse en esos armarios que van aproximando elementos de enseñanza. lo
mismo sucede cuando uno esta frente a una antigua biblioteca. el caracter
de indagacion se sucede y apresura asi para que el sueño de aquella imaginacion
infantil se recree. Me ha gustado mucho. bellissimo.
saludos con afecto de luzyabsenta
 
scale


Aún conservo esa obsesión por los armarios

que me viene desde niño,

cuando oculto en el cuarto de mis padres

husmeaba en sus cajones

con cautela,

esperando revelar algún misterio

una especie de tumba faraónica

una verdad con rasgos de mentira

un secreto guardado entre algodones;

podría ser la fotografía antigua

con la dedicatoria de un amor prohibido

o un mechón de pelo de un antepasado

que corrió más suerte

que el resto de su dueño,

un diario quizás con páginas en blanco

que al llegar la madurez no halló respuesta.

La fantasía es, nube que exprime

la humedad y luego, pronto acaba

cuando el aire de los años la derrota;

no siempre es así, no siempre.

En esos cajones había también monedas

de la edad en que los reyes aún se coronaban

y sellos de aventuras derrotadas

antes, de empezar un largo viaje.

Un reloj sorprendido en la hora última

que miró mi abuelo en su esfera pulida

se asustó de pronto con el tacto de mis dedos

y dio el salto de un segundo

para pararse luego.

Nada es para siempre

sólo el silencio, no pierde la ilusión de su pasado.



En ese armario de mi infancia adulta

siglos de victorias y derrotas se acumulan

también los míos

también.
Los rincones de la vida, una casa en miniatura, un armario que explorar.
Con la edad ya vamos necesitando vestidores para acumular tantos recuerdos.
Pero sigue el niño que llevamos dentro coleccionando y admirando su colección.
Me encantó el poema... e incluso oí decir que hay armarios que te transportan a otras ciudades a otras épocas.
Sigo viéndolos como un cúmulo de sorpresas; incluso cuando se tiene que cambiar la ropa de verano por la de invierno... encuentras prendas que ni sabías que estaban allí.
Obsesiones aparte, muy bueno el poema a mi modesto juicio.
Un saludote compañero.
 

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