Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Espoleaba el viento en el camino
y Eolo en sus andanzas disfrutaba
sin dejar de soplar y se afanaba
en hacer más voraz su amargo trino
El frío en derredor, harto ladino,
con su orgullo tocado se animaba
y en su eterna maldad no se achantaba
haciendo de la muerte su adivino.
Un joven derrotado casi anciano
emprende cabizbajo un arduo viaje,
una ínfima porción de ser humano
con un mísero hatillo por bagaje
hambre y dolor unidos de la mano
calamidades todas, vil ultraje.
y Eolo en sus andanzas disfrutaba
sin dejar de soplar y se afanaba
en hacer más voraz su amargo trino
El frío en derredor, harto ladino,
con su orgullo tocado se animaba
y en su eterna maldad no se achantaba
haciendo de la muerte su adivino.
Un joven derrotado casi anciano
emprende cabizbajo un arduo viaje,
una ínfima porción de ser humano
con un mísero hatillo por bagaje
hambre y dolor unidos de la mano
calamidades todas, vil ultraje.