Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Tú no viniste conmigo, Pedro.
Te quedaste en tus catorce
mirando un color traspasado de magnolia
y al laurel que soñaba reverdecer sus gorriones.
Te robé la infancia que nunca tuviste
y la vine a repartir entre recuerdos ladrones
ya todos debidamente amortajados de tizne.
¿Quién se llevó al último niño de tu cara, Pedro?
Qué deshabitada de mí está la mueca
que supo su soledad definitiva y no tuvo miedo.
Me buscaste en el mañana
como hoy te busco en el pasado,
y supiste que yo no existía
así como sé que no te encuentro.
Cállate, niño. Duérmete, Pedro.
No me preguntes si valió la pena
evitar que camináramos
por el alto aire de aquella peña
cuando no nos bastó imaginar
cómo flotaban en su canto los pájaros.
No ha tocado fondo la piedra que lanzamos
y yo no anduve sino en la tierra
y la habité descalzo
con todas sus espinas que te lastimaron.
No te busques más los ojos en mis manos, muchacho:
están a salvo en el mar que conocerás algún día.
Te quedaste en tus catorce
mirando un color traspasado de magnolia
y al laurel que soñaba reverdecer sus gorriones.
Te robé la infancia que nunca tuviste
y la vine a repartir entre recuerdos ladrones
ya todos debidamente amortajados de tizne.
¿Quién se llevó al último niño de tu cara, Pedro?
Qué deshabitada de mí está la mueca
que supo su soledad definitiva y no tuvo miedo.
Me buscaste en el mañana
como hoy te busco en el pasado,
y supiste que yo no existía
así como sé que no te encuentro.
Cállate, niño. Duérmete, Pedro.
No me preguntes si valió la pena
evitar que camináramos
por el alto aire de aquella peña
cuando no nos bastó imaginar
cómo flotaban en su canto los pájaros.
No ha tocado fondo la piedra que lanzamos
y yo no anduve sino en la tierra
y la habité descalzo
con todas sus espinas que te lastimaron.
No te busques más los ojos en mis manos, muchacho:
están a salvo en el mar que conocerás algún día.
