Camy
Camelia Miranda
Sé que llegarás diferente
a estas velas encendidas
y no porque hayas cambiado
tan sólo arribarás,
con el tiempo en tus bolsillos;
de nostalgias y aciertos,
con tu verbo que no duerme
y aquellos lienzos sedientos,
que aún no hacen camino.
Con ese mundo tan propio
que muy pocos ven,
pero de un modo precioso,
tangible y sonoro,
ornan tu espacio,
íntimo, soñado;
sencillo como las luces de tu árbol,
blanco y suave en el vaivén de tu ventana,
minucioso hasta la lisura del madero
y la osadía del alabastro.
Por tantos motivos recibe este instante merecido,
sin nublos, ni pretéritos.
En este día de piel,
de un latido cercano,
de una mirada directa;
desde tus ojos,
tus manos diestras
y el eco de tu sangre,
que cada día dibuja su lema,
imborrable,
perfecto,
tan tuyo.
Y con esta flama que bulle
al asomo de la mañana,
abanderando victorias agradecidas;
en una góndola de caricias,
que me tocan sin aviso,
volcando milagros en todas mis partes.
Me permito proclamarte,
porque eres el camino,
la antorcha que me inspira,
la verdadera expedición,
el abrazo que no suelta…
¡Y celebrar!
al hijo,
al padre,
al hermano,
al amigo,
al hombre
y especialmente…
al compañero.
a estas velas encendidas
y no porque hayas cambiado
tan sólo arribarás,
con el tiempo en tus bolsillos;
de nostalgias y aciertos,
con tu verbo que no duerme
y aquellos lienzos sedientos,
que aún no hacen camino.
Con ese mundo tan propio
que muy pocos ven,
pero de un modo precioso,
tangible y sonoro,
ornan tu espacio,
íntimo, soñado;
sencillo como las luces de tu árbol,
blanco y suave en el vaivén de tu ventana,
minucioso hasta la lisura del madero
y la osadía del alabastro.
Por tantos motivos recibe este instante merecido,
sin nublos, ni pretéritos.
En este día de piel,
de un latido cercano,
de una mirada directa;
desde tus ojos,
tus manos diestras
y el eco de tu sangre,
que cada día dibuja su lema,
imborrable,
perfecto,
tan tuyo.
Y con esta flama que bulle
al asomo de la mañana,
abanderando victorias agradecidas;
en una góndola de caricias,
que me tocan sin aviso,
volcando milagros en todas mis partes.
Me permito proclamarte,
porque eres el camino,
la antorcha que me inspira,
la verdadera expedición,
el abrazo que no suelta…
¡Y celebrar!
al hijo,
al padre,
al hermano,
al amigo,
al hombre
y especialmente…
al compañero.
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