Cuento mágico, o tal vez real…
Ella una hermosa mujer, por casualidad se había encontrado con un ex..novio, cada uno tenía ya formadas sus vidas, hijos y familia… El tiempo había dejado flotando en el mismo tiempo, recuerdos inolvidables de juventud, recreo, fantasía, luces, chocolates y besos ardientes, ambos recordaban con nostalgia muy especial y atrayente, esos aromas de lavanda y esencias de pasión perfumada entusiasta, a través del manto que siempre los cubría, sus ropas, que parecían muros de hormigón, aislándolos de la unión sublime… ¡Ud., se entusiasma mucho!, exclamaba ella, levitando en suspiros calientes y embriagadores que él tocaba por encima, sus muslos, las manos en sus nalgas y pechos exuberantes.
Un día por circunstancias especiales de la vida, ella quedó sola, su marido había tenido algunas dificultades y no estaba a su lado. Recurrió en su angustia a ese hombre enamorado, que la había acompañado y amado tiernamente en su adolescencia, lo abrazó llorando su pena, había fragilidad también en los sentimientos de él… No era feliz con esa mujer que decía acompañarlo, compañía que era traición en la plenitud de su efímera belleza, él la había sorprendido entregándose a los brazos de otro.
Las circunstancias y las carencias de amor y vida no fueron pecado ni maldad, las nubes acariciaron tiempo que se había agitado siempre y por siempre en el ahora del tiempo presente; sembrado en las semillas de siempre… Los besos, las caricias, las manos de ella, las manos de él y el fuego; la expectación de tirar las ropas de muro y convertir entre los dos una única y desnuda transparencia.
Ahí hubo renacimiento, regocijo, alegría, cúspides y calma, el tiempo mismo lo habían detenido, atravesando un obstáculo poderoso a las manillas crueles del reloj… Se desató entre ellos el encanto, los brillos de la fantasía, la lujuria de sus lenguas en el beso apasionado y el sabor pleno del enamoramiento, en encuentro desnudo y excitante de alma y cuerpo.
Amor quiero sentirte, introdúcelo nuevamente, siento tu penetración suave certera y maravillosa, decía ella y él respondía a todos sus mandatos, pídeme lo que quieras amor mío, ya no hay paredes entre nosotros… Siento tan rica tu impregnación, como nunca la había sentido, ¡no la saques más!... Saciémonos los dos moviéndonos, provócame orgasmos de paraíso… Cabalgata extenuante, pero exquisita, la pausa de caricias, para recuperarse y continuar, en galope estelar de escalera al placer.
Todavía está presente ese dulce y acogedor momento de horas que fueron minutos y tiempo que puede volver en perfecta circunstancia a repetirse… No hay barreras, no hay fronteras, ni ataduras, si los dos deciden, que la vida los haga temblar juntos en amalgamas de piel profunda caliente y de intenso gozo.
Ramiro Deladanza
Ella una hermosa mujer, por casualidad se había encontrado con un ex..novio, cada uno tenía ya formadas sus vidas, hijos y familia… El tiempo había dejado flotando en el mismo tiempo, recuerdos inolvidables de juventud, recreo, fantasía, luces, chocolates y besos ardientes, ambos recordaban con nostalgia muy especial y atrayente, esos aromas de lavanda y esencias de pasión perfumada entusiasta, a través del manto que siempre los cubría, sus ropas, que parecían muros de hormigón, aislándolos de la unión sublime… ¡Ud., se entusiasma mucho!, exclamaba ella, levitando en suspiros calientes y embriagadores que él tocaba por encima, sus muslos, las manos en sus nalgas y pechos exuberantes.
Un día por circunstancias especiales de la vida, ella quedó sola, su marido había tenido algunas dificultades y no estaba a su lado. Recurrió en su angustia a ese hombre enamorado, que la había acompañado y amado tiernamente en su adolescencia, lo abrazó llorando su pena, había fragilidad también en los sentimientos de él… No era feliz con esa mujer que decía acompañarlo, compañía que era traición en la plenitud de su efímera belleza, él la había sorprendido entregándose a los brazos de otro.
Las circunstancias y las carencias de amor y vida no fueron pecado ni maldad, las nubes acariciaron tiempo que se había agitado siempre y por siempre en el ahora del tiempo presente; sembrado en las semillas de siempre… Los besos, las caricias, las manos de ella, las manos de él y el fuego; la expectación de tirar las ropas de muro y convertir entre los dos una única y desnuda transparencia.
Ahí hubo renacimiento, regocijo, alegría, cúspides y calma, el tiempo mismo lo habían detenido, atravesando un obstáculo poderoso a las manillas crueles del reloj… Se desató entre ellos el encanto, los brillos de la fantasía, la lujuria de sus lenguas en el beso apasionado y el sabor pleno del enamoramiento, en encuentro desnudo y excitante de alma y cuerpo.
Amor quiero sentirte, introdúcelo nuevamente, siento tu penetración suave certera y maravillosa, decía ella y él respondía a todos sus mandatos, pídeme lo que quieras amor mío, ya no hay paredes entre nosotros… Siento tan rica tu impregnación, como nunca la había sentido, ¡no la saques más!... Saciémonos los dos moviéndonos, provócame orgasmos de paraíso… Cabalgata extenuante, pero exquisita, la pausa de caricias, para recuperarse y continuar, en galope estelar de escalera al placer.
Todavía está presente ese dulce y acogedor momento de horas que fueron minutos y tiempo que puede volver en perfecta circunstancia a repetirse… No hay barreras, no hay fronteras, ni ataduras, si los dos deciden, que la vida los haga temblar juntos en amalgamas de piel profunda caliente y de intenso gozo.
Ramiro Deladanza
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