LUVIAM
Poeta veterano en el portal
Él fue la placidez para mi pena,
la calma que enrasaba mis vaivenes;
yo fui la mar sensual sobre su arena,
la veleidad tenaz sobre sus sienes.
Fui yo quien vulneró la paz ajena;
perdónalo Señor, no lo condenes.
Sedienta fui a beber de su caudal,
pero impurifiqué su manantial.
Si fuiste de la vida el creador,
y de este corazón nos has dotado;
si habitas en la esencia del amor,
y el alma y sentimiento nos has dado,
tuya ha de ser la culpa, mi Señor,
si amar fuera una culpa o un pecado.
¡A ti Señor, a ti yo culparía,
de que lo siga amando todavía!
la calma que enrasaba mis vaivenes;
yo fui la mar sensual sobre su arena,
la veleidad tenaz sobre sus sienes.
Fui yo quien vulneró la paz ajena;
perdónalo Señor, no lo condenes.
Sedienta fui a beber de su caudal,
pero impurifiqué su manantial.
Si fuiste de la vida el creador,
y de este corazón nos has dotado;
si habitas en la esencia del amor,
y el alma y sentimiento nos has dado,
tuya ha de ser la culpa, mi Señor,
si amar fuera una culpa o un pecado.
¡A ti Señor, a ti yo culparía,
de que lo siga amando todavía!